1915: pilar del México posible

La herencia de Gómez Morin inspiró tanto a su generación como a quienes, 75 años después de la fundación del Partido Acción Nacional, enarbolan aún las claves de su pensamiento: remediar el dolor evitable a través de la técnica al servicio de las causas de la política. El ensayo 1915 fue la piedra angular de un esfuerzo que todavía tiene semillas que sembrar y frutos por cosechar.

Manuel Gómez Morin, autor del ensayo 1915.

Manuel Gómez Morin, autor del ensayo 1915 / Fuente: WikimediaCommons

No terminaba aún la guerra civil que fue la Revolución mexicana cuando una generación, ajena a la gesta bélica y conocedora de la importancia de reconstruir un país derruido, se reunió en torno de una idea: la necesidad de dotar de instituciones a aquel México que intentaba emerger de los saldos sangrientos de la lucha armada.

A la postre serían conocidos, en memoria de la cultura helena, como los siete sabios de México: Alfonso Caso, Alberto Vásquez del Mercado, Teófilo Olea y Leyva, Jesús Moreno, Antonio Castro Leal, Vicente Lombardo Toledano y Manuel Gómez Morin, cada uno consciente de la importancia de superar divisiones y enconos, cada uno cierto de la oportunidad que se abría en el horizonte.

Instituirse como generación fue un primer paso. Contar con los conocimientos y especialidades, cada cual en su área, fue determinante. No había lugar para la improvisación porque la recién fundada nación, a partir de la Constitución de 1917, requería entrega y talento.

En los campos de la arqueología, del derecho, de la cultura, de la economía, de la administración pública, de la organización sindical, de la política, sus aportaciones no tardaron en hacerse notar. Descubrimiento de ruinas del México prehispánico, redacción de reglamentos y normas para las nuevas instituciones del Estado, obtención de espacios para la música, el arte, la literatura, gremios de trabajadores que reclamaban derechos y asumían obligaciones: todo era posible, todo una historia de la que ese grupo fue protagonista.

«Hace unos cuantos años, en la desazón de un régimen político que agonizaba, un pequeño grupo inició formalmente la rebelión espiritual contra las doctrinas que entonces y desde hacía tiempo eran verdad obligatoria en México», escribió Gómez Morin en el ensayo 1915, que da cuenta de aquel tiempo y aquellas hazañas.

El tono del texto es de exhorto, de llamado, de manifiesto que intenta reunir lo disperso y agruparlo bajo dos ideas angulares: la lucha contra el dolor humano, «el que los hombres causamos a otros hombres, el dolor que originan nuestra voluntad o nuestra ineficacia»; y la técnica como herramienta contra ese dolor, técnica «que no quiere decir ciencia, que la supone pero a la vez la supera realizándola subordinada a un criterio moral, a un ideal humano».

El texto, escrito en 1926, narra el ideal e invita a quienes comenzaron aquel esfuerzo a dar un siguiente paso que fue imposible concretar. Los caudillos que se apropiaron de la herencia revolucionaria ya comenzaban a fraguar en la práctica lo que tres años después sería una fuerza política que se adueñó de la victoria y la expropió para sus huestes fieles y sumisas.

Aquel llamado de libertad se vio poco a poco truncado y frustrado. La obra de Gómez Morin como iniciador del Banco Central de México y como restaurador del crédito para reactivar la producción agrícola fue cooptada y utilizada para satisfacer la ambición de quienes, como augurio del porvenir —uno que duraría más de 50 años—, repartirían prebendas en vez de impulsar capacidades, generarían clientelas y no ciudadanos libres, construirían un régimen del que todavía el México del siglo XXI no termina de librarse, y cuyos síntomas siguen siendo el lastre de la plena modernización del país.

El corolario de la obra de Gómez Morin como fundador de instituciones fue, en 1939 y junto a una nueva generación, la creación del Partido Acción Nacional, con el fin de ser fiel al anhelo esbozado en 1915: suprimir el dolor evitable, utilizar la técnica como medio de soluciones y propuestas, construir la ciudadanía capaz de ondear en alto la lucha por la democratización plena.

Cien años después de que aquellos hombres «que no estaban unidos por otro lazo que el de la inquietud» sentaran las bases de un México posible, la mayor herencia de Gómez Morin, el PAN, prosigue con aquella intención original, ha sido la cabeza de la transición y la alternancia democráticas, ha construido las instituciones para salvaguardar los principales derechos y obligaciones de un pueblo, y tiene en sus manos el futuro de una nación.

«Nuestra época nos abre una puerta de esperanza» es una de las últimas máximas de 1915. Y esa puerta, un siglo después, sigue abierta, a la espera de quienes busquen multiplicar la herencia, transformarla en acciones, convertirla en el pórtico de una nueva época.

Carlos Castillo | @altanerias