Mercosur: 25 años y muchas preguntas sin respuesta

El edificio era uno de los más prestigiosos y glamorosos de su tiempo. La inauguración del Parque Hotel en Montevideo sin embargo se atrasó, porque buena parte del inventario, que viajó por barco desde Europa, no llegó a tiempo para la Nochebuena de 1909.

Sede del Mercosur, Montevideo | Foto: Igna, vía Wikipedia Commons

Sede del Mercosur, en Montevideo | Foto: Igna, vía Wikipedia Commons

Más de cien años más tarde, la institución que ocupa el edificio hoy no conoce la atracción y atención suprarregional de que gozaba el hotel en los viejos tiempos. Se llama Mercado Común del Sur e intenta celebrar sus 25 años sin la pompa de aquel Parque Hotel. La razón de ello se relaciona con el albergue lujoso a través de los tiempos: al igual que en 1909, no todo está instalado y en su lugar tenemos al Mercosur de 2016.

Se fundó el 26 de marzo 1991 en Asunción, concretando una idea de más de cien años de edad y tomando como ejemplo a la Unión Europea. Los objetivos postulaban un bloque regional de integración y libre circulación de bienes y servicios en América Latina. Esta casa de las Américas, que integra a Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay y Venezuela como miembros plenos y a Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Perú como miembros asociados, está celebrando su cuarto de siglo de existencia sin bombos ni platillos, debido a un cierto estancamiento en varios de sus objetivos iniciales —unión arancelaria, creación de un mercado libre, prosperidad para todos—, que hasta hoy no se cumplieron.

Por un lado, se vivieron altibajos en la integración política del organismo supranacional y hubo varios momentos críticos en este tiempo: Venezuela y Bolivia con sus sistemas autoritarios hicieron cuestionar fuertemente el protocolo de Ushuaia sobre el compromiso democrático, un pilar de la organización; Uruguay presionó al Mercosur y puso en duda su pertenencia de no solucionarse su conflicto con Argentina sobre el intercambio comercial entre ambos países; Paraguay tuvo que ser suspendido a causa del golpe de Estado contra el presidente Fernando Lugo hasta abril de 2013. En todos los países con gobiernos de izquierda desde el 2007 lo económico pasó a segundo plano y la priorización de lo político-ideológico frenó la apertura del Mercosur a los mercados mundiales.

En suma, las rivalidades regionales y la priorización de los intereses nacionales —muchas veces expresadas en el escenario de las cumbres anuales— obstaculizan hasta hoy una mayor integración. Por otro lado, el proyecto de una mayor integración fue obstaculizado por dos corrientes de sistemas económicos y velocidades diferentes. Países como Chile, Perú y Uruguay avanzaron en modelos económicos abiertos integrados a los mercados financieros internacionales. Del otro lado, Argentina, Brasil y Venezuela optaron durante años por intervenciones estatales y el control del comercio y el flujo de capitales. Las grandes economías como Brasil o Argentina mantenían a la vez mayor comercio con Asia que con sus contrapartes en la alianza latinoamericana. Los países chicos, por el contrario, dependen en gran parte del comercio con sus vecinos del Mercosur. En el pasado los miembros muchas veces parecían estar más ocupados en asuntos exteriores que en construir su casa del Mercosur.

Los pronósticos del futuro de esta casa latinoamericana tienen que partir de los avances de los coinquilinos en el pasado. Entre las señales alentadoras hay que contar: la creación del Fondo para la Convergencia Estructural (FOCEM), operativo desde el 2006 para reducir asimetrías del bloque; la creación del Parlamento del Mercosur; la fundación del Banco del Sur, en 2007; y más recientemente, el plan de acción concertado contra el virus zika.

Con esta base institucional, los proyectos populistas en caída y nuevos líderes con visión internacional como Mauricio Macri en ascenso, existen buenas condiciones marco para el desarrollo del bloque. Económicamente la región sufrirá con las caídas de Venezuela y Brasil, pero la nueva dinámica de búsqueda de un próximo acuerdo con la Unión Europea después de 16 años de negociaciones es vista como muy promisoria. A la vez, se avizora un pronto encuentro con la Alianza del Pacífico para crecer juntos. Si se suma a estas condiciones políticas y comerciales el hecho que el Mercosur abarca a casi 300 millones de habitantes y un producto interior bruto de casi tres billones de dólares, queda en las manos de los líderes políticos reavivar el proyecto que celebra sus 25 años.

Esperamos que cuando los cancilleres se encuentren en Montevideo el próximo 25 de abril en los pintorescos salones del antiguo Parque Hotel no dejen pasar la oportunidad de darle nuevo brillo a la casa latinoamericana del Mercosur.

David Braehler

Trainee de la Fundación Konrad Adenauer, oficina Montevideo