Ambiente de resaca en la economía latinoamericana

Comentarios sobre el informe del Banco Mundial del 27.7.2016

La economía latinoamericana bajo la lupa | Imagen: Correo del Orinoco

La economía latinoamericana bajo la lupa | Imagen: Correo del Orinoco

Quien se despierta con resaca después de una noche de copas se pregunta dos cosas: primero, ¿cómo llegué a esto?, y segundo, ¿cómo vuelvo a la normalidad? Feliz de quien tenga un buen amigo que en ese momento le dé una mano. El Banco Mundial se considera un buen acompañante de la economía latinoamericana. Su economista jefe Augusto de la Torre muestra en un trabajo recientemente publicado una investigación sobre los orígenes del freno al crecimiento en el continente y las aspirinas macroeconómicas que deben ofrecerse a los ciudadanos y ciudadanas.

Para la situación económica de Latinoamérica esta resaca tiene dos caras: por un lado, los países del norte —México, América Central y el Caribe—, que muestran un moderado crecimiento de aproximadamente 2,5 %. Por el otro lado, Sudamérica, que está afectada por un crecimiento negativo de 2 %. La razón de estos valores negativos se encuentra ante todo en las fuertes recesiones de este año en Brasil (-3,5 %) y Venezuela (-8,3%).

Este doloroso despertar contrasta fuertemente con el boom de los años 2003 a 2011, cuando los precios de mercancías y materias primas aumentaron sin cesar y trajeron ganancias a estos países. Pero cambiaron las condiciones marco. Mientras que China le era relativamente indiferente a la mayoría de los países latinoamericanos en el 2000, hoy los cambios económicos en ese país producen efectos más significativos en la región que los de los Estados Unidos.
La variabilidad extrema de los precios de las materias primas podría ser utilizada como una excusa por los economistas latinoamericanos para explicar esta situación de fragilidad. Pero, sorpresivamente, las variaciones en los precios y el retroceso en el crecimiento de China han afectado más a los países latinoamericanos que a países africanos que dependen exclusivamente de la exportación de materias primas.

Persisten errores del pasado —afirma el economista jefe—: de la misma forma que en los turbulentos años noventa, las economías latinoamericanas se basaron en la demanda local y no fomentaron suficientemente el ahorro. Los gastos provinieron ante todo del fenómeno inesperado del aumento de ingresos por tasas de cambio favorables. Aunque el poder de compra de la economía real se mantuvo, los países podían comprar más con su dinero, podían aumentar las importaciones con el mismo volumen de exportaciones y podían comprar más bienes transables con la misma cantidad de bienes no transables. El fenómeno de los ingresos inesperados, llamado Windfall en el lenguaje técnico, que no corresponde con un aumento de real del crecimiento, se le subió a la cabeza a algunos países latinoamericanos.

«A diferencia de Noruega, donde este aumento de ingresos se reserva para grandes proyectos como el sistema de previsión social (rentas), en Venezuela se gasta todo y más», comparó De la Torre. Y dirigiéndose a su audiencia, formula una disyuntiva: «Debemos decidir si queremos ser Noruega o Venezuela». Deben implementarse sólidas medidas de ahorro en las coyunturas favorables, que neutralicen racionalmente parte de estos ingresos inesperados.

En este punto, la región nuevamente se divide en dos campos: países como Bolivia, Ecuador y Perú, con sistemas de cambios fijos, parecen haber ahorrado más que Brasil, Chile y Colombia, que con sus sistemas flexibles generaron ganancias inesperadas. Por otro lado, los países más orientados al comercio exterior y con economías abiertas, como Chile y Perú, ocuparon estos ingresos en importaciones, mientras que Argentina y Brasil lo hicieron en el mercado interno. Finalmente, los países en los que los ingresos fueron capturados por los Gobiernos ahorraron más que aquellos países que distribuyeron las ganancias. El informe muestra también que países con un aparato estatal grande propenden al aumento del gasto y menos al ahorro.

Con la mirada en el futuro, De la Torre señala que los efectos de este ciclo de gasto excesivo no serán fáciles de superar. El recalentamiento del sistema económico por el aumento de la demanda y la falta de ahorro durante el boom disminuyen la capacidad de recuperación de los Estados. La pérdida real de capacidad de compra tendrá que ser absorbida por el ciudadano de a pie y los Estados tendrán que hacer uso de una batería suficiente de argumentos para convencer de ahorrar en el lugar adecuado y evitar que la cuenta recaiga sobre quienes no son responsables. La política de la aspirina será necesaria para combatir esta resaca y no afectar negativamente la estabilidad macroeconómica.

Este panorama indica que un nuevo dilema impregnará el estado de ánimo en los países latinoamericanos: sería necesario implementar programas de crecimiento expansivo tal como recomienda el informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) recientemente publicado, pero los recursos para ello ya están comprometidos en medidas para contrarrestar problemas de liquidez y la caída del mercado interno. No importa cómo se mire, el dilema se muestra irresuelto en cualquiera de las cuatro dimensiones económicas: monetaria, fiscal, externa y social. Muchos Estados no pueden hacer lo que querrían y se perciben como controlados desde afuera.

El despertar en la nueva normalidad, como la define De la Torre, debería corresponderse con reformas estructurales y un crecimiento sostenido, tal como propone el reporte de julio de la CEPAL, como parte de la agenda hacia el 2030. Deberían producirse ahorros a través de una política tributaria más eficiente, la regulación financiera y la extensión del seguro social. La productividad debería ser mejorada a través de la apertura económica, la orientación hacia la exportación y una reasignación de los factores de producción. Finalmente debería asegurarse el acceso a la financiación externa a través de instituciones adecuadas, concluyó el economista jefe.

David Brähler
Trainee de la Fundación Konrad Adenauer, oficina Montevideo

Manfred Steffen
Coordinador de programas de la Fundación Konrad Adenauer, oficina Montevideo