Cinco meses han pasado desde que Mauricio Macri asumió como presidente de la Argentina, y si algo podemos resumir de este nuevo período es que han cumplido con la promesa desplegada en la campaña: sin lugar a dudas, el país ha cambiado. Ahora, todo cambio no significa que sea para bien. Hubo aciertos y desaciertos varios, algunos por desconocimiento y otros por falta de experiencia o pericia.

Foto: Juan Saintotte

Foto: Juan Saintotte

A pocos meses de las elecciones, advertimos con preocupación que nuestra sociedad no ha logrado superar la lógica binaria, y el desencuentro entre argentinos amenaza con hacernos perder oportunidades. Nadie pretende que se resuelvan en tan poco tiempo los problemas heredados de la gestión anterior pero lo cierto es que las medidas tomadas por el gobierno de Macri hasta el momento no ha logrado frenar la corrida inflacionaria ni morigerar la ola de despidos a la que afecta a nuestro país.

¡Cambio!, ¡cambio!, gritaban poco tiempo atrás en la calle Florida los muchachos del mercado informal de dólares. En estos momentos son cada vez menos los que siguen en ese negocio. Y ello porque el presidente ha logrado quitar el cepo con el que convivíamos. El mundo ha vuelto a poner sus ojos en la Argentina y nuestra dirigencia política, tanto el oficialismo como la oposición, tiene la responsabilidad de generar los consensos necesarios para reconstruir los puentes.

Quizás el episodio más elocuente de este cambio de eje —que amerita un análisis puntual— sea la reciente visita del presidente Barack Obama a la Argentina. La última vez que un presidente de Estados Unidos mantuvo un encuentro mano a mano con su homónimo argentino fue en octubre de 1997, cuando el demócrata Bill Clinton fue recibido por Carlos Menem.

En esta oportunidad, fui invitado por la Embajada de los Estados Unidos para asistir al evento que reunió al presidente norteamericano con un nutrido grupo de jóvenes argentinos referentes de la política, la cultura y el emprendedurismo, y que tuvo lugar en las instalaciones de la Usina del Arte, en el barrio porteño de La Boca.

El encuentro se realizó bajo el formato de Town Hall Meeting, que permite al expositor tener un contacto espontáneo, con la posibilidad de que el público le realice preguntas en forma directa. Fue una gran oportunidad para compartir una jornada de debate junto a uno de los líderes más importantes del mundo.
Como referente joven del Frente Renovador, asistí especialmente interesado en la problemática que aqueja a los jóvenes en las distintas regiones del mundo, ya que son los principales afectados por el desempleo, la inseguridad y las inequidades de desarrollo.

La visita de Barack Obama significó un giro en materia de relaciones exteriores para nuestro país, y que haya ocurrido apenas tres meses después de la asunción de Mauricio Macri en la presidencia se traduce en un fuerte respaldo de los Estados Unidos a su naciente gestión. Obama tenía motivos de sobra para visitar la Argentina: en primer lugar, Macri es un presidente que inaugura un cambio político en la región, en claro contraste con la retórica bolivariana de la última década. No faltaron gestos del gobierno argentino: los cuestionamientos de Macri a la violación de libertades en Venezuela y la eliminación del polémico acuerdo con Irán fueron música para los oídos de Washington.

Pero la situación excede la coyuntura local porque toda la región atraviesa una metamorfosis: una alianza opositora ganó el Parlamento en Venezuela, y el desenlace de esa puja de poderes es incierto; Evo Morales perdió el referéndum por la reelección en Bolivia, y el oficialista partido MAS deberá sobreponerse a la ausencia de su líder en los próximos comicios; Brasil enfrenta una crisis de gravedad por las investigaciones judiciales de corrupción que comprometen a funcionarios del partido gobernante, y lleva a la propia Dilma Rousseff al juicio político.

En Argentina, si bien la sociedad se pronunció por una orientación diferente al populismo que gobernó los últimos doce años, el balotaje mostró un país dividido: el presidente Macri ganó con una ajustada diferencia de 2,68 % de los votos.

La diferencia con los otros países de la región —donde la polarización y la lógica binaria aparecen a la orden del día— es que en Argentina existen fuerzas políticas intermedias que garantizan una transición ordenada. El Frente Renovador ha manifestado su compromiso con el ejercicio de una oposición responsable, capaz de garantizar gobernabilidad y aportar ideas superadoras allí donde el consenso parezca imposible.

Sin ir más lejos, recordemos el efecto que causó la presencia de Sergio Massa junto a Macri en la reunión anual del Foro Económico Mundial de Davos. En aquella oportunidad, el vicepresidente de los Estados Unidos, Joe Biden, fue el encargado de destacar el hecho: «Quiero que la prensa norteamericana observe algo: el nuevo presidente (Macri) trajo a un miembro de la oposición con él», dijo en referencia a la presencia de Massa, y agregó: «Eso es algo que tenemos que hacer en nuestro país».

Nuestra condición de país en un proceso de transición ordenada le dio a Obama un escenario propicio para hablarle a toda la región: «Creo que Argentina es un buen ejemplo del giro que ha tenido lugar en términos de la relaciones de los Estados Unidos con otros gobiernos y otros países en general».

La Argentina necesita el respaldo de los Estados Unidos para reinsertarse en el mundo financiero luego del default; pero los Estados Unidos también necesitan a la Argentina para consolidar un nuevo tiempo político en la región. Nuestro país puede aprovechar la oportunidad si sabe jugar con inteligencia, reconociendo el papel rector de los Estados Unidos en el mundo pero sin dejar de lado la defensa del interés nacional.

Macri tiene un gran desafío por delante: recomponer el diálogo con Washington, evitando recaer en las relaciones carnales del menemismo. Deberá mantener el equilibrio entre la búsqueda de inversiones extranjeras sin descuidar el delicado escenario regional.

Tenemos que ser capaces de relacionarnos con los países del mundo desde una perspectiva racional y constructiva, en que el diálogo sea el vehículo para transitar un mundo complejo, cada vez más integrado pero que aún arrastra profundas desigualdades sociales.

En el encuentro con jóvenes del que fui parte, Obama nos propuso a las nuevas generaciones que no aceptáramos el mundo como es, sino que asumiéramos el desafío de cambiarlo. A su manera, lo sintetizó en una frase en referencia a Cuba: «Obviamente tenemos diferencias con el gobierno cubano. Pero como le dije al presidente Raúl Castro: no podemos quedarnos estancados en el pasado».

El mensaje de Obama trasciende nuestras fronteras y resuena en todo el Cono Sur. Está profundamente ligado al nuevo acuerdo alcanzado con Cuba: significa el fin de la guerra fría y de sus ramificaciones en el continente, y demuestra que la voluntad política y el diálogo pueden poner fin a conflictos que parecían eternos.

En otras palabras: es una fuerte apuesta por dejar atrás los desencuentros estériles. Alcanzar consensos depende de todos pero especialmente de aquellos que tienen responsabilidades de gobierno.

Juan Saintotte | @juansaintotte
Coordinador nacional de los Jóvenes del Frente Renovador, Argentina