El nuevo gobierno, ungido con el voto popular, asumió el 10 de diciembre de 2015 y encontró un territorio verdaderamente minado por la vieja política. La anterior gestión de Cristina Kirchner todavía no puede digerir la derrota tras el balotaje. La expresidenta generó un conflicto con el lugar del traspaso del poder, de manera tal que no fuera ella quien le pusiese la banda presidencial a Mauricio Macri.

Mauricio Macri asume el gobierno argentino.

Mauricio Macri asume el gobierno argentino.

Lo que debió ser una transición normal se transformó en una pesadilla para las nuevas autoridades: miles de nuevos contratos de empleados públicos nombrados en últimos días de la era kirchnerista; el Banco Central sin reservas; enorme déficit en las provincias (solo en una, la de Buenos Aires, de 3750 millones de dólares), municipios quebrados sin posibilidad de pagar sueldos, cero información de parte de los funcionarios salientes, además de resistencia a dejar sus sillones.

Esta característica de agresividad en las formas del gobierno anterior era en parte previsible, pero nunca en la magnitud de lo que se fue encontrando. Algunas cosas pueden haber sido acentuadas con el objeto de complicarle el camino a la actual administración. De todas maneras, el equipo de Macri ha dado importantes pasos en separar la paja del trigo e imprimió una dinámica de trabajo que le ha permitido, en poco tiempo, corregir cosas que eran insostenibles. Por ejemplo, liberó el sistema cambiario y la posibilidad de que cualquier ciudadano pueda comprar la moneda que desee, eliminando el mercado negro. Liberó y rebajó retenciones a las exportaciones de granos y otros productos y subió el tope de impuesto a las ganancias beneficiando a más de 300.000 trabajadores.

En el plano internacional, en la primera reunión del Mercosur a la que el nuevo presidente debió asistir pidió por la liberación de los presos políticos en Venezuela. Esto lo posiciona con un liderazgo distinto en la región, donde muchos de sus pares miran para otro lado ante la violación de los derechos humanos en aquel país.

Dio señales de diálogo a la oposición y se reunió con los que fueron candidatos a presidente. Podríamos decir que, ejercitando la frase de Benjamín Franklin: «quien tiene paciencia, obtendrá lo que desea», va tratando de enderezar el rumbo de una herencia compleja.

Sin dudas, a esta altura el único opositor que tiene cierta capacidad de perturbar es el kirchnerismo, pero se sabe que ese sector no puede por sí solo alterar el estado de las cosas. Las estrategias políticas tienen muy en cuenta a quién se elige como adversario. No cabe duda de que Cristina Fernández de Kirchner eligió como opositor preferido a Macri durante buena parte de sus dos mandatos, en la creencia de que esa opción partiría el escenario entre centroizquierda y centroderecha, y le permitiría moverse con más tranquilidad en el vector progresista. La sorpresa es que Macri demostró pararse más arriba y hasta en algunas medidas «los corrió por izquierda».

La pulseada tiene apenas unos días y el nuevo gobierno muchos serios problemas por solucionar. Los argentinos en su mayoría quieren comenzar a tener un país previsible. Estará en la buena gestión de un gobierno que se inicia y en una oposición seria y constructiva la posibilidad de lograrlo. Entre todos habrá que desactivar el campo minado que han dejado los que creyeron que el poder es eterno.

Jorge Dell’Oro | @dellOroJorge