Birdman y la paranoia del héroe

La premiada película Birdman invita a reflexionar sobre el rol del héroe.

Michael Keaton lucha por separarse de Birdman. Imagen: cinemuckblog.wordpress.com.

Michael Keaton lucha por separarse de Birdman. Imagen: cinemuckblog.wordpress.com.

Birdman, la cinta ganadora de varios premios Óscar dirigida por el mexicano Alejandro G. Iñárritu (en los créditos González esconde su primer apellido) lo ha desnudado de nuevo: el héroe, aquella figura de ficción de nuestro tiempo, es una especie de outsider político, normalmente un anarquista de derecha que intenta imponer orden en su mundo exterior e interior. Como Batman, a quien cita indirectamente el personaje caracterizado por Michael Keaton, además pretende convertirse en un aristócrata fuera de la ley. ¿Es hoy el héroe un modelo en la cotidianeidad?

Proveniente del latín heros, durante siglos se nos hizo creer que el héroe es un varón ilustre por sus hazañas o virtudes (al menos aún así lo registra la Real Academia Española), partiendo de la idea de que protagoniza un poema o relato de carácter épico. Las cosas cambiarían para el portador de un espíritu elevado en tiempos de la epopeya, cuando el mundo del cómic en la primera parte del siglo XX introdujera el superlativo superhéroe para narrar gráficamente un submundo de hombres y mujeres que han sido bendecidos —o maldecidos— por la tenencia de superpoderes.

Así quedaría reservada para la antigua mitología el héroe como síntesis de un dios o una diosa y un ser humano, y adquiriría una reputación intermedia, dando paso a alguien que combate el mal (por supuesto, también existen supervillanos que defienden la oscuridad, sus adversarios). Pero antes de que el cómic lo retomara, el mundo político proveniente de las revoluciones de la modernidad ya se había llenado de héroes, muertos en gloria o en desgracia: Bolívar, Napoleón, Abraham Lincoln, Winston Churchill o Charles de Gaulle. Todos convertidos en modelos a seguir, retratados hasta la saciedad, portados en monedas y billetes, víctimas de la interpretación o la malinterpretación.

Por eso Birdman sigue siendo una buena película: ofrece una mirada al drama de las personalidades múltiples, al menos bipolares, que pueblan desde la mitología a la política pasando por el arte. El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde, la novela de Robert Louis Stevenson, publicada por primera vez en inglés en 1886, es el modelo a seguir. De allí que aceptemos que el personaje de Keaton es un nostálgico imperfecto antes que un héroe y que podamos asumir —más allá de la orientación ideológica— que desde el Che Guevara hasta Mandela, pasando por Malcolm X o Gandhi, se trataba nada menos que de personas de carne y hueso.

Quizás el mayor daño al concepto de heroicidad sea la simplificación: la relativa estabilidad de uno de sus íconos, Superman, y la convergencia propagandista en militares, policías y bomberos que promueven los Estados Unidos, sobre todo tras los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001. Se olvida que el verdadero héroe es el ciudadano de a pie, el que lucha contra sus propios demonios y sin embargo entrega algo a los demás, día a día, tan distante del superhéroe jubilado motivado más por la venganza que por la justicia. G. Iñárritu intentó en la entrega de los Óscar señalar —y señalarse— a los inmigrantes como los nuevos héroes, pero desde la altitud de su ego el actor y su amigo Sean Penn se encargó de que eso no pasara de ser un chiste más de la farándula.

José Alejandro Cepeda | @sinclair_simon_