Brasil, “perpetuum immobile”

A poco de la inauguración de los Juegos Olímpicos la mitad de la población de Brasil los ve con ojos críticos y casi dos tercios creen que los Juegos les traerán más problemas que cosas positivas.

Juegos Olímpicos en Brasil 2016. Imagen www.pixabay.com

Juegos Olímpicos en Brasil 2016. Imagen www.pixabay.com

Esto apenas sorprende en un país sacudido por una crisis económica y política, a la que se suma la amenaza de la salud pública por el virus del zika. Al presidente interino Michel Temer (Partido del Movimiento Democrático Brasilero, PMDB) le falta el largo aliento para llevar a cabo las necesarias reformas políticas estructurales. Además, él no representa la renovación política que sería necesaria para la superación de la crisis de confianza.La elección en el 2009 de Brasil como sede de los Juegos Olímpicos de Verano y de los Paralímpicos en 2016 provocó una gran alegría en amplios sectores de la sociedad brasilera. Las Olimpíadas no solo prometían un paquete de inversiones y proyectos de infraestructura innovadores, sino también la atención internacional que este país emergente seguro de sí mismo reivindicaba.

Los preparativos para las Olimpíadas muestran problemas estructurales

El país anfitrión de las Olimpíadas de 2016 previsiblemente mostrará efectos positivos. Sin embargo, los preparativos de los Juegos mostraron problemas estructurales en el país: en medio de la detección de la red de corrupción Lava Jato en el entorno de la empresa semiestatal petrolera Petrobras, también surgieron denuncias por corrupción relacionadas con proyectos inmobiliarios. Además, el estado federado de Río de Janeiro declaró en junio el estado de emergencia financiera, instrumento que normalmente se utiliza en respuesta a catástrofes naturales o eventos similares para obtener ayuda de las finanzas del Gobierno central. Pero esta ayuda no irá a resolver ninguno de los problemas del estado federado, como la salud pública o la enseñanza.

Antes de esto, el estado había suspendido o reducido durante meses los pagos a los funcionarios públicos, así como las pensiones y rentas. También la policía y los bomberos de Río tuvieron y tienen que esperar por una parte de sus pagos. Y se tomaron medidas de ahorro respecto a combustibles de vehículos y helicópteros, lo que, si se considera la precaria situación en cuanto a la seguridad de la ciudad, es como jugar con fuego. Finalmente, dos semanas antes de la inauguración de las Olimpíadas fueron detenidos diez brasileros sospechosos de preparar un atentado terrorista.

La política brasilera paralizada entre la presidenta y el presidente

Cuando el 5 de agosto en la apertura de los Juegos Olímpicos los ojos de la opinión pública mundial se dirijan a Brasil, verán un país en crisis tanto política como económica, de la que el presidente interino Michel Temer no puede sacarlo. El exvicepresidente asumió el cargo en el pasado mes de mayo, en principio en forma provisoria, después que la presidenta Dilma Rousseff (Partido dos Trabalhadores, PT) fuera destituida del cargo en forma temporal. El motivo del procedimiento fueron los dislates en la composición del presupuesto estatal. Pero, ante todo, la presidenta había perdido el apoyo en el Parlamento y en la opinión pública debido a su deficiente gerenciamiento de la crisis, la explicación insuficiente de sus políticas y la falta de concreción de reformas. El voto de censura no está previsto en Brasil, por lo que se aplicó un proceso de destitución en contra de su finalidad constitucional. La votación sobre la destitución definitiva de Rousseff en el Senado está prevista para fines de agosto. Según una encuesta del diario Estadão, la mitad de los integrantes del Senado votarán a favor del procedimiento, una cuarta parte en contra, mientras que la otra cuarta parte no sabe o no contesta. Para efectivizar el procedimiento serían necesarios dos tercios.

Temer representa el establishment

Antes de que Michel Temer, de 75 años de edad, se convirtiera en 2011 en vicepresidente de Rousseff, se desempeñó durante veinte años como miembro del Parlamento, al que presidió en dos ocasiones. También fue abogado y fiscal general del estado de San Pablo. Desde 1981 es miembro del PMDB. Su predecesor, el MDB, fue fundado en 1966 como único partido de oposición permitido durante la dictadura militar, por lo que se convirtió en receptáculo de fuerzas opositoras. Con el fin de la dictadura, el PMDB se estableció como partido pragmático, sin base programática. Actualmente es el partido con más miembros en todo el país.

Desde que el candidato del PMDB fracasó estrepitosamente en las elecciones presidenciales de 1994, el partido no ha presentado más candidatos propios. En cambio apostó a una estrategia de hacedor de reyes. Gracias a su fuerte presencia en el Parlamento, su apoyo es prácticamente indispensable para cualquier Gobierno. Desde esta forma, el PMDB fue desde 2001 hasta abril de este año (bajo la dirección de Temer) parte de todas las coaliciones de Gobierno. Debido al esfuerzo de Temer, formó parte de la coalición de Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva (PT) en su segundo mandato, lo que constituyó la piedra fundamental de su vicepresidencia bajo la sucesora y protegida de Lula, Rousseff. Con Temer, el PMDB asume por tercera vez la presidencia, ya que el vice ejerce dicho cargo en caso de muerte, renuncia o destitución (hasta ahora provisoria) del o de la presidente.

Con más de tres décadas de experiencia, el presidente interino Temer es un representante del establishment político. Domina mejor que Rousseff el «teclado» político de Brasil, en cuyo Parlamento extremadamente fragmentado las mayorías deben ser acordadas una y otra vez. Por tanto, no representa la renovación política, que es lo que gran parte de la población añora. La política del país sigue definida por los protagonistas de los tiempos de la redemocratización en 1985 y los escándalos de corrupción debilitan la confianza en la política.

Al Gobierno de transición la falta el largo aliento

Con la formación de su gabinete Temer provocó gran asombro tanto en Brasil como a nivel internacional, ya que no incluyó a ninguna mujer. En vez de ello presentó —en un país joven y diverso étnica y culturalmente— a un gabinete integrado por hombres blancos ancianos. Esto reveló que el principal objetivo del presidente interino no era conseguir el respaldo en la población sino en el Senado, que podría convertirlo en el jefe de Estado definitivo. Finalmente, en un mes se produjeron las renuncias de tres ministros: al ministro de Turismo Henrique Alves se le reprochó corrupción; el ministro de Planificación Romero Jucá y justamente el ministro de Transparencia Fabiano Silveira habían intentado supuestamente obstaculizar las investigaciones del escándalo Lava Jato, lo que fue descubierto gracias a escuchas telefónicas filtradas. Otros ministros están bajo sospecha de corrupción. La actitud de Temer respecto a aclarar el escándalo de corrupción es controvertida, y hay quien teme que no contribuya con la investigación. También las elecciones comunales en el otoño de este año favorecen la paralización política. Además, la Corte Electoral investiga irregularidades durante la campaña de la que Rousseff y Temer salieron triunfadores, podría invalidar el resultado de estas elecciones y llamar a nuevas elecciones. En medio de todas estas incertidumbres, al Gobierno de Temer le falta el largo aliento para realizar cambios.

Signos de recuperación económica

La economía brasilera se desarrolló más positivamente. Según el Fondo Monetario Internacional el país ya superó el punto más bajo: en 2016 la economía brasilera se reducirá menos que en el año anterior y para 2017 se prevé un leve crecimiento. El índice de la bolsa Bovespa aumentó 30 % este año (el DAX de la Bolsa de Fráncfort perdió un 2 % en el mismo período), lo que por un lado es atribuible a un punto de partida extremadamente negativo, pero por otro lado la moneda brasilera (real) y las bolsas prácticamente no fueron afectadas por shocks externos como el del referéndum en Gran Bretaña para salir de la Comunidad Europea (Brexit).

La política económica fue y es un punto central del Gobierno de transición de Temer. Con Henrique Meirelles eligió a un ministro de Finanzas que había sido director del Banco Central durante los años del boom y que goza de la confianza de los mercados internacionales. La fuerte orientación hacia el mercado interno —en un mundo en que solamente cinco países tienen un mercado interno que supera a las exportaciones— es enfrentada por el gobierno de Temer con una reducción de los altos impuestos a las importaciones, así como con tratados de libre comercio y de inversión.

También las privatizaciones y la disciplina en el gasto público (de lo que todavía no se ve mucho) tienen como objetivo al fortalecimiento de la confianza de los inversores. Pero se requieren reformas más profundas: después del fin del boom de los commodities, Brasil debe fortalecer su industria y sus ventajas locativas mediante la reducción de la burocracia y el combate a la corrupción, para no reducirse a ser mero proveedor de materias primas a China. Por carecer de un Estado de bienestar, la población siente la crisis económica a través de la desocupación y de la inflación. Temer necesita éxitos visibles, y estos deben mostrarse pronto.

Conclusión: Olimpia llega y se va. Los problemas del Brasil permanecen sin solución

Brasil se halla en una situación de inmovilidad política desde que en 2014 la profunda crisis económica desencadenó la crisis política. Si bien se vislumbra una luz en el horizonte económico, los imponderables políticos podrían destruirla. Por lo tanto, los problemas del Brasil se mantendrán sin solución después de las Olimpiadas, o incluso posiblemente se agravarán, como en el caso de la seguridad pública.

El presidente interino Michel Temer hasta ahora no está en condiciones de finalizar el estado de perpetuum immobile político. Aunque una destitución definitiva lo convierta definitivamente en jefe de Estado, no dispone del largo aliento para realizar las valientes reformas estructurales que Brasil necesita en forma imperiosa.

Grandes sectores de la política brasilera se autodesacreditaron debido a revelaciones de nuevos casos de corrupción, y Temer no es una excepción: contra él ya corren procedimientos por corrupción y dislates en la financiación de la campaña electoral. Si fuera declarado culpable de esto último, le estaría vedada la candidatura de cualquier cargo político durante ocho años. El país necesita por fin un Gobierno capaz de obrar y dispuesto a llevar a cabo las reformas, ya que problemas estructurales sobran. Lo esperable es empero que la inmovilidad política continúe hasta las elecciones presidenciales del año 2018.

Dr. Jan Woischnik
Representante de la Fundación Konrad Adenauer en Brasil

Alexandra Steinmeyer
Representante adjunta de la Fundación Konrad Adenauer en Brasil

Traducción de Manfred Steffen, coordinador de programas de la Fundación Konrad Adenauer, oficina Montevideo