Ciudades que respeten a sus habitantes

A la gestión de las ciudades del siglo XXI no les alcanza con cumplir con eficiencia el modelo de las tres B: basura, baches y bombitas, que eran los tres servicios básicos que las ciudades reclamaban. Hoy se impone un nuevo paradigma más ambicioso de la gestión, basado en la sustentabilidad.

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Foto: webonomia.com

Decía San Isidoro de Sevilla: “No son las piedras sino los hombres los que hacen las ciudades”. Hoy en cambio, muchos gobernantes piensan más en las piedras. Hay una tendencia de los políticos a perpetuarse en obras monumentales, las que muchas veces no contribuyen a mejorar la calidad de vida de los habitantes.

Solo por usar un ejemplo, podemos decir que las ciudades sustentables desalientan el uso del automóvil, particularmente en cascos históricos o centros de alta densidad peatonal, pero hay alcaldes que creen que ayudan al ciudadano construyendo más estacionamientos en esas zonas. No solo no lo ayudan, sino que estimulan los malos hábitos, generando polución ambiental (contaminación y ruido) y más accidentes, además de entorpecer el flujo peatonal y generar atascos de tránsito en horas pico.

 

La estrategia para la sustentabilidad de una ciudad requiere de una serie de análisis previos pero, muchas veces, las urgencias políticas no permiten al gobernante armar un plan de largo alcance. Esto termina, lamentablemente, con la ejecución de obras o servicios que no tienen la coherencia necesaria para ir generando la sustentabilidad deseada.

Es imprescindible dejar claro el significado de dos conceptos que con frecuencia se usan indistintamente: sostenibilidad y sustentabilidad. El primero tiene un carácter eminentemente eurocéntrico y de países del primer mundo, ya que su preocupación “ambientalista” se orienta, principalmente, a partir de la aplicación de mecanismos jurídicos y normativos, al sostenimiento y defensa de un orden político y económico. En el caso de la sustentabilidad, esta no pretende sostener, ya que apunta a sustentar en el sentido de alentar, alimentar, cuidar, cultivar una serie de acciones no depredadoras ni exclusivas y excluyentes de explotación y usufructo de los recursos naturales. Es lo contrario a un esquema cerrado como el sostenible. Sustentar propicia valores del humanismo cristiano, como son nuevas alternativas de relación entre la sociedad, el Estado, el mercado y la naturaleza basadas en la búsqueda de un equilibrio ambiental ligado a la generación y distribución de riqueza en el marco sustentable de justicia social. Es sin duda uno de los principales desafíos que enfrenta Latinoamérica.

Jorge Dell’Oro | @dellOroJorge