Ciudades, urbanismo y seguridad

La seguridad ciudadana ha pasado a ser una de las mayores preocupaciones de las sociedades en Latinoamérica y también tema de campañas políticas, en las que se promete acabar con la inseguridad pero lamentablemente pocas veces se logra.

Fuente: Fuente: Wikimedia Commons El Pantera 2012

Fuente: Fuente: Wikimedia Commons El Pantera 2012

Las propuestas de los políticos van desde penas más duras, más personal policial a más cámaras de observación, pero pocas veces se analiza uno de los temas centrales, como lo es el diseño urbano. La urbanista americana Jane Jacobs afirmaba que una calle es segura cuando la usa la gente. Los barrios y las calles tienen variados usos, gente diversa los transita constantemente (niños que van a la escuela, la gente que va de compras, jubilados que se pasean, etc.).

Una tendencia de diseño urbano propia de los Estados Unidos y puesta en práctica en muchas ciudades de Latinoamérica muestra lugares de trabajo que quedan desiertos por la noche y barrios dormitorios con zonas muy específicas para hacer compras. Como consecuencia, los barrios acabaron desconectados entre sí.

Un espacio urbano seguro es una conjunción de factores sociales, económicos, físicos y de diseño. Pero no es posible aplicar soluciones iguales en todas partes. Cada lugar tiene sus particularidades y hay que salir a la calle para estudiarlas. Por ejemplo, un parque con una alta presencia de madres con sus hijos suele indicar que es un lugar seguro. Por el contrario, zonas abandonadas, con suciedad y poca iluminación, son automáticamente eludidas por los transeúntes, pues generan sensación de inseguridad.

En sus análisis sobre la importancia de lo urbano Jacobs decía: «Las calles y sus aceras son los principales lugares públicos de una ciudad, sus órganos más vitales. ¿Qué es lo primero que nos viene a la mente al pensar en una ciudad? Sus calles». Por tanto, cuando las calles de una ciudad ofrecen interés, la ciudad entera ofrece interés; cuando presentan un aspecto inseguro, toda la ciudad parece insegura.

Debemos tener en cuenta que la seguridad pública de las ciudades —la seguridad en las calles y en las aceras— no tiene por qué ser garantizada de manera principal por la policía, por muy necesaria que esta sea en otros aspectos. Esa paz y seguridad serán preservadas principalmente por una densa y casi inconsciente red de controles, reflejos y buena disposición en el ánimo de las personas y alimentada constantemente por ellas mismas. Ninguna cantidad de policías será suficiente para llevar una mínima parte de civilización allí donde se ha quebrado la estructura de base que la hace posible en sus formas más elementales y normales de convivencia.

Jorge Dell’Oro | @dellOroJorge