Corrupción: un flagelo que se extiende

Hoy la infanta Elena y su marido, Sarkozy, el vicepresidente de Argentina, Berlusconi, el extesorero del Partido Popular español están siendo procesados por hechos que tienen que ver con la corrupción.

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Ilustración de Peridis © El País de Madrid

La política está cada día más salpicada por actos que van desde el tráfico de influencias hasta el soborno. Benedicto XVI decía: “Cuando el relativismo moral se absolutiza en nombre de la tolerancia, los derechos básicos se relativizan y se abre la puerta al totalitarismo”.

Mientras el mundo evoluciona en aspectos tecnológicos, las sociedades involucionan a una peligrosa permeabilidad a las prácticas corruptas.

Preocupado por esta tendencia el papa Francisco volvió a condenar la corrupción y alertó que la política está “desacreditada” por el fenómeno de los sobornos. En un reciente reportaje en el periódico Il Messaggero, dijo: “El problema de hoy es que la política está desacreditada, devastada por la corrupción, el fenómeno de los sobornos. La corrupción es por desgracia un fenómeno mundial. Hay incluso jefes de Estado que se encuentran presos por eso”.

El Papa advirtió que “el corrupto no tiene amigos, solo cómplices” y, pese a reivindicar la función política, sostuvo que “si no hay servicio en la base, no se puede entender la identidad de la política”. “No digo que sean todos corruptos, pero creo que es difícil permanecer honestos en política. A veces es como si algunas personas estuvieran fagocitadas por un fenómeno endémico, a diferentes niveles, transversal”, subrayó.

 

No eludió los hechos que también se han dado en el seno de la Iglesia cuando declaró: “Hay corruptos en la política, corruptos en los negocios y corruptos eclesiásticos. Están por todas partes. La verdad es que la corrupción es un pecado fácil de cometer para quienes tienen autoridad sobre los demás”.

Política y moral siempre han tenido una compleja relación; en más de un caso han sido incompatibles. Desde Maquiavelo a Weber, pasando por el propio Marx, la moral en ciertos políticos parecería ser algo descartable, subordinado a intereses superiores, cuando no una peligrosa reivindicación de personajes sobrios y virginales que pretenden organizar a la sociedad como si fuera un monasterio de carmelitas descalzas.

Podemos profesar cualquier ideología pero los mejores ideales no han decepcionado por sus contenidos o intenciones, sino porque son traicionados en nombre de la lógica del poder o la pasión por enriquecerse. Las sociedades tolerantes de dirigentes corruptos son cómplices y es muy probable que no tengan un destino promisorio. Como afirmaba el biólogo Alexis Carrel: “El sentido moral es de gran importancia. Cuando desaparece de una nación, toda la estructura social va hacia el derrumbe”.

Jorge Dell’Oro | @dellOroJorge