El dinosaurio tambalea

A pesar de que el conteo de las elecciones de 12 parlamentos locales y 967 municipios no ha finalizado, después del resultado de las importantes elecciones de gobernador queda claro que el partido de gobierno PRI ha sido castigado electoralmente en forma inédita y solamente mantiene 15 de los 32 estados federales. En cuatro de estos perdió un dominio de noventa años ininterrumpidos. A dos años de las próximas elecciones presidenciales y parlamentarias, el PRI debe cambiar a estado de crisis. La oposición, ante todo el PAN, percibe aires de triunfo.

 

El comité ejecutivo nacional del Partido Acción Nacional de México (PAN) | Foto: Carlos Castillo

El Comité Ejecutivo Nacional del Partido Acción Nacional de México (PAN) | Foto: Carlos Castillo López

Debacle para el PRI

Ni los más pesimistas en el partido de gobierno habían contado con una debacle de estas dimensiones. Se partía de nueve estados seguros y la secretaria general del PRI hablaba en la noche electoral incluso de once. Pero en vez de esto el PRI se tuvo que conformar con solo cinco de los doce, mientras el PAN, el partido de oposición más importante, ganó los otros siete.

Para el PRI es un hecho dramático, así como es una ganancia para la democracia el hecho de que entre los siete estados perdidos haya cuatro (Veracruz, Tamaulipas, Durango y Quintana Roo) en los que el PRI gobernó ininterrumpidamente durante noventa años.

La participación electoral fue muy buena para el contexto mexicano y estuvo en todos los estados por encima del 50%.

Las razones para la derrota histórica del PRI son múltiples. Ya en los primeros años del gobierno de Enrique Peña Nieto, cuando dentro un contexto internacional muy favorable era signado como un gobierno reformista, en México predominaba una visión claramente más crítica, a pesar de que la oposición también apoyaba esas reformas.

Casi en forma paralela al final fáctico del Pacto para México surgió un cambio de percepción internacional con la tragedia de Ayotzinapa, la desaparición de 43 estudiantes sin dejar huellas. La actitud del gobierno dubitativa y de dar largas al asunto, así como el intento de sacar el tema de la agenda con base en resultados erróneos de una investigación, calentaron los ánimos en el país. El gobierno no pudo liberarse de esta hipoteca hasta el día de hoy.

Otras razones se sumaron. Una corrupción indómita —cálculos no contestados parten del hecho de que un 10 % del PBI se pierde por la corrupción—, una situación de inseguridad creciente, un crecimiento económico que no llega a la gran parte de la población —México sigue ostentando como miembro del G20 y de la OPEP, con una tasa de pobreza de aproximadamente 50 %—, acompañadas de notorios recortes presupuestales debidos ante todo a la caída del precio del petróleo constituyen una mezcla problemática.

Que el presidente Peña Nieto exteriorizara una total incomprensión sobre el mal humor social —es decir, el descontento, la disconformidad y el desencanto con la política— seguramente no resultó una recomendación de votar al PRI. No se puede descartar que, además, la iniciativa de legalizar el matrimonio entre personas del mismo sexo —en un país predominantemente católico— haya jugado un cierto papel, en particular fuera de la capital; incluso el propio PRI estaba dividido en relación con este asunto.El PAN ahora gobierna en 11 de los 32 estados federales, número que nunca había alcanzado antes. Al PRI le quedaron solamente 15 estados; en otros cuatro gobierna el PRD, en uno el Partido Verde y en uno un independiente.

Estos resultados colocan al PRI frente a una disyuntiva decisiva tanto de contenidos como estratégica en relación a los dos años que le quedan en el gobierno. Es más bien dudoso que le convenga —como se anuncia— impugnar los resultados electorales en siete estados.

El complicado sistema electoral y las masivas impugnaciones debidas a resultados muy ajustados seguramente provocarán considerables tardanzas en la presentación de los resultados de los parlamentos y ante todo en muchos de los municipios. Los resultados disponibles muestran que el PRI sufrió también a nivel municipal derrotas en parte masivas y que no va a poder mantener su posición dominante en una serie de Congresos locales.

El PAN necesita una interpretación correcta de la victoria

El resultado fulminante del PAN no era esperado por nadie después de la debacle electoral del año pasado. En las elecciones intermedias de 2015, cuando se renovó el Congreso federal, había obtenido su peor resultado en 25 años, lo que condujo al recambio de la dirección del partido. El futuro del partido depende esencialmente del análisis correcto de esta coyuntura. Creer que el PAN fue votado por ser un sobresaliente partido de oposición induciría a errores estratégicos. El resultado es ante todo un voto de castigo al PRI. Las elecciones se han perdido más que ganado.

También en 2015 hubo derrotas del PRI que no pudieron ser aprovechadas por el PAN, por no ser percibido como alternativa de poder. Esto cambió en forma significativa en 2016. Incluso en estados en los que el PAN no triunfó, ahora es considerado como competencia política seria. Si el PAN no sucumbe al vértigo por la comprensible y fundada euforia, y en vez de eso comprende que está en sus manos posicionarse como alternativa al sistema del PRI con buenos gobiernos en casi un tercio de los estados y en una base comunal mayor, la carrera del 2018 puede tener un final abierto. El voto de los electores es un adelanto de confianza al PAN, que este deberá ganarse si quiere mantenerlo y hacerlo fructífero en las elecciones de 2018.

La izquierda mexicana

La izquierda mexicana comprende dos bandos fuertemente enfrentados: el más bien socialdemócrata PRD y el populista de izquierda e incluso antisistema MORENA, liderado por el excandidato a la presidencia por el PRD, Andrés Manuel López Obrador. A ambos se les mostraron claramente sus límites. El PRD —que había construido una coalición con el PAN en las elecciones a gobernador— no logró el triunfo en Oaxaca con sus candidatos de coalición. Tampoco MORENA, del que se esperaba un triunfo en Veracruz, alcanzó puntajes decisivos.

El PRD tendrá que preguntarse seriamente con qué estrategia realizará su campaña en 2018, e incluso si presentar un candidato propio a la presidencia tiene sentido. MORENA tendrá que tomar nota de que su curso político actual tiene límites y que muchos votantes prefieren como alternativa de poder a un partido que esgrime argumentaciones serias como es el caso del PAN.

A esto se suma el hecho de que, contrariamente a lo sucedido el año anterior, las candidaturas independientes no jugaron un rol relevante.

Los candidatos a la presidencia

Los analistas políticos habían establecido el máximo alcanzable para los presidentes del PRI y del PAN Manlio Fabio Beltrones y Ricardo Anaya. Ocho triunfos del PRI y cuatro del PAN serían para cualquiera de los dos un excelente punto de partida para convertirse en el candidato a la presidencia de su partido.

Tomando esto literalmente, Anaya sería candidato y Beltrones parte de la historia. Pero la política —y la mexicana más que ninguna— no es unidimensional. El enfrentamiento dentro del partido y la selección del candidato están abiertos tanto en el PRI como en el PAN.

En el PRI se preparan varios candidatos, entre los cuales está la ministra de Relaciones Exteriores Claudia Ruiz Massieu. El presidente Beltrones es considerado uno de los más experimentados, mientras que al ministro del Interior Chong y al ministro de Finanzas Videgaray se les atribuyen intenciones. Después de la derrota electoral, el PRI tendrá que entrar en modo de crisis. El partido llegó a la realidad. De todas formas, no se puede dejar de reconocer que el PRI tiene una asombrosa resistencia y capacidad de resurgimiento y que en situaciones de crisis exhibe una formidable disciplina partidaria.

También para el PAN la situación se presenta muy compleja. Dos candidatos se presentaron oficialmente, uno analiza aún sus posibilidades y otro está en conversaciones. Margarita Zavala, esposa del expresidente Calderón, presentó su candidatura. Sin embargo, su situación se complicó, ya que un resultado más negativo del partido en las elecciones habría mejorado sus chances. Una derrota del PAN casi seguramente le hubiera permitido presentarse como candidata independiente, lo que por otro lado disminuiría las chances del PAN. Habrá que esperar para saber si este potencial de amenaza alcanza para imponer su nominación.

También presentó su candidatura el gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle. Proviene del PRI y es uno de los gobernadores más controvertidos de México. Tiene dentro del PAN adversarios declarados. Como pudo mantener Puebla en manos del partido, superó el primer escollo. Sin embargo, otros seis triunfos del PAN neutralizan su triunfo en Puebla y desplazan las preferencias hacia el presidente del partido, Ricardo Anaya.

Queda abierta la cuestión de si entre los gobernadores del PAN alguno más se siente llamado a participar. Para Javier Corral, ganador sorpresivo en Chihuahua, las elecciones son demasiado tempranas. Miguel Márquez, de Guanajuato, perteneciente al ala socialcristiana del partido, podría entrar en cuestión. Hasta ahora no había utilizado la buena gestión exenta de escándalos en su estado federal, pero ahora anunció que analizará sus chances. Sin embargo, cuenta como seguro que Márquez evitará una confrontación dentro del partido y apostará más bien a una solución de consenso para salvar los errores del 2012. En aquella ocasión, el PAN llegó peleado irreconciliablemente a las elecciones y pagó con un tercer puesto la falta de unidad en la lucha electoral. La postulación del jefe del partido Araya haría muy difícil la de otros candidatos. En este caso, sería decisivo garantizar la unidad y llegar sin fracturas a las elecciones. Que esto se logre es dudoso, porque es probable que Moreno Valle no se deje encuadrar. Seguramente serán decisivos los escenarios de coalición, que recién decantarán en los próximos meses.

El PRD tendrá que reflexionar si quiere ir con un candidato propio a la elección. Que llegue incluso a una candidatura común con el PAN está en el terreno de la especulación. MORENA sin lugar a dudas irá a las elecciones con López Obrador.

Perspectivas

Las consecuencias de estos resultados electorales inesperados, que significaron un terremoto tanto para el PRI como para el paisaje político en México, no son previsibles todavía. La polarización de la política se agudizará. Parece no quedar lugar y tampoco fuerza política alguna para una profundización de la agenda de reformas que el país necesita con urgencia.

Los dos años que restan hasta la elección de mediados de 2018 estarán signados por enfrentamientos dentro y entre los partidos. Los tres partidos o campos —es decir el PRI, el PAN y la izquierda— tendrán que posicionarse lo antes posible, tanto respecto a los contenidos como a las candidaturas.

El resultado de la única gran elección de 2017, la del gobernador del estado de México, el más poblado del país, que hasta el momento se presumía como ganada por el PRI, ha tomado nueva relevancia.

El PRI está sujeto a considerables heridas en sus bastiones históricos. Esta elección constituirá por lo tanto un test del estado de ánimo de la población con vistas a la elección presidencial de 2018.

Prof. Dr. Stefan Jost
Representante en México de la Fundación Konrad Adenauer

Traducción:
Manfred Steffen, coordinador de programas de la Fundación Konrad Adenauer, oficina Montevideo