Si una cosa debe aprender el Partido Popular Cristiano (PPC), partido de centro y socialcristiano, a raíz de las últimas elecciones generales del 10 de abril, es que le urge una reestructuración.

Mesa receptora de votos en Lima, el domingo 10 de abril de 2016 | Foto: Manfred Steffen

Mesa receptora de votos en Lima, el domingo 10 de abril de 2016 | Foto: Manfred Steffen

El cambio no solo debe recaer en su dirigencia nacional sino en la forma de su accionar político. De continuar por la senda actual, solo quedaría esperar su desaparición frente a los partidos caudillistas y populistas. Baste recordar que al inicio del proceso para las últimas elecciones generales se presentaron diecinueve partidos y, luego de algunas exclusiones y retiros voluntarios, sobrevivieron solo diez.

Un poco más atrás en el tiempo, los resultados del 2013 (elecciones complementarias para Lima metropolitana) y del 2014 (elecciones regionales y municipales) tampoco fueron favorables para el PPC; por el contrario, resultaron catastróficos desde todo punto de vista.

Para estas elecciones generales, el PPC formalizó una alianza o coalición política con el APRA y Vamos Perú, y generó inicialmente una gran expectativa, debido a que se aliaban dos partidos con vasta trayectoria —PPC y APRA— y excelentes cuadros políticos, que podrían hacer lo que otros no: sumar esfuerzos por el bienestar del Perú. Pero la alianza no caló en la ciudadanía. Los resultados de esta aventura política muestran que solo la acompañó el 6 % de los aproximadamente 22 millones de votantes, y obtuvo cinco congresistas, todos del APRA.

Recordemos que el sistema político peruano es unicameral. El Congreso está compuesto por 130 miembros de las 26 regiones del país, y en él prima el denominado voto preferencial, que es perjudicial para el fortalecimiento de nuestro alicaído sistema de partidos, dado que es común y hasta normal que los candidatos se desentiendan del propio partido para hacer su campaña.

Nuestra ley electoral establece que una coalición política se desintegra a los treinta días de culminado el proceso electoral, salvo que haya una decisión de continuarla. En este caso, ello no ha sucedido, puesto que tanto el PPC como el APRA han declarado que necesitan primero reestructurarse por cuerdas separadas. Esto confirma la poca seriedad de la coalición, que desde el inicio se había planteado como una alianza no electoral sino de gobierno.

Creo firmemente en el sistema de partidos en Perú, creo en la formación política y doctrinaria, creo en mi país; pero todo ello no tendría sentido si los cambios, en algunos casos drásticos, no vienen de los partidos políticos y, en nuestro caso, del Partido Popular Cristiano, que a lo largo de sus casi 50 años de existencia no ha logrado consolidarse y llegar al gobierno. Quiero un país en donde mis hijos y nietos no solo crean, sino amen y sientan orgullo. ¡Viva el Perú!

Javier Roncal | @Javierroncal