El uso de la imagen como documento político

Un monumento escultórico del expresidente argentino Juan Domingo Perón fue inaugurado el 8 de octubre de 2015 —en plena campaña electoral— por el alcalde de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires Mauricio Macri, quien era a la vez candidato a presidente opositor a la línea del relato peronista.

La estatua de Perón está a pocas cuadras de la Casa Rosada | Foto: Prensa Cambiemos.

La estatua de Perón está a pocas cuadras de la Casa Rosada | Foto: Prensa Cambiemos.

Abundan los ejemplos de esculturas devenidas en monumentos públicos que tienen un valor histórico pero también político. Difícil se hace separar el espacio de ambas razones de ser de una obra de arte que se emplaza en la ciudad.

Por obsoleto que pueda considerarse este procedimiento de legitimación en que caen los gobernantes, es un hecho que la práctica de erigir monumentos públicos adquiere en cada etapa los tintes propios de la gestión de gobierno que los encarga.

Toda imagen es un vehículo para la expresión de lo que una determinada sociedad visual conoce como realidad. Pero, ¿qué pasa cuando esa realidad es la yuxtaposición de símbolos de poder de un pasado que son mixturados con significados intencionales de la política del presente?

Por ello, resulta indispensable que antes de levantar un monumento público se reflexione sobre quién es el que cuenta la historia del personaje protagonista de la escultura de esa manera particular y a quién se la está contando, y qué intenciones tiene para hacerlo.

De la mano de Alois Riegl nos preguntamos si existe un valor puramente artístico que se mantenga independiente de la posición que esa escultura-persona ocupa en la historia de un país. ¿O se trata de un valor subjetivo, inventado por el gobierno de turno, que lo contempla, que lo recrea y lo cambia a su gusto, con lo cual perdería el concepto de monumento como obra de valor rememorativo?

El monumento así planteado tiene un valor relativo, de uso y función que es necesario situar en el relato político. Peter Burke señala que las imágenes no son ajenas a las circunstancias que les dieron origen, por lo que hay que analizar el contexto social, político y cultural, además de tener en cuenta en su valoración contemplativa el escenario dispuesto para su erección como monumento público.

La estatua de Juan D. Perón llamada Todos unidos triunfaremos se encuentra ubicada en la plaza frente al edificio de la Aduana, entre las calles Paseo Colón y Belgrano. El lugar fue elegido por su cercanía con la Casa Rosada (casa de gobierno) y por estar a pasos de la Confederación General de Trabajadores.

La obra es de bronce, mide 5 metros de alto y pesa 2,5 toneladas. Costó 3 millones de pesos y fue realizada por el escultor cordobés Carlos Benavídez, que ganó el concurso pertinente. Tiene tres escalones que representan las tres presidencias de Juan Domingo Perón, en los períodos 1946-1952, 1952-1958, y 1973-1977.

Al inaugurarla, Mauricio Macri compartió el escenario con el líder sindical más importante que tiene la Argentina, Hugo Moyano, de extracción peronista, y con expresidentes de la Nación.

Puede ocurrir que el valor histórico haya sido un disparador para esta efigie de Perón, pero de cualquier manera la elección de su figura no está exenta de un valor subjetivo para el candidato Macri.

En su discurso de inauguración, Macri afirmó: «Perón marcó varias guías para mí» y luego recordó frases del General, como «Mejor que decir es hacer, mejor que prometer es realizar» y «Un gobernante que no genera trabajo no es un gobernante» (Diario Perfil, 8.10.2015). Igualmente, se puede inferir la finalidad ulterior de hacerse eco de los valores peronistas y de las calificaciones positivas que genera la figura de Perón entre un electorado adverso a Macri en los comicios electorales que unos días después se llevaron a cabo en el país.

Desde la contemplación televisiva de la escena de la inauguración del monumento se tenía la sensación de ver un espectáculo caduco y carente del sentido histórico que la persona de Perón merecía. El uso de esta obra de arte se inserta en un programa de acciones tendientes a mimetizarse con la recepción de esta imagen por la sociedad. Se pone más atención en ver las repercusiones de las imágenes sobre la sociedad y se deja de lado el preguntarse cómo influyó la sociedad en la imagen que ha salido de su seno.

Correspondería hablar, en este caso, de un valor de contemporaneidad (Riegl) del monumento público condicionado a la satisfacción de necesidades del candidato a presidente, que necesitaba imbricarse con ese pasado rememorativo que pretendió rescatar en la elección de una escultura dedicada a Perón.

Si la sociedad puede hacer esa operación mental, el candidato del PRO habrá instalado un locus de la memoria que irá más allá del marco temporal del líder peronista, en virtud de las transformaciones y metamorfosis que sufre la escultura al plasmarse en el presente. Su éxito dependerá de que Macri pueda absorber los cambios y mutaciones de los valores que encarna Perón conforme a la sociedad de nuestro tiempo.

Leontina Etchelecu
Facultad de Historia, Geografía y Turismo, Universidad del Salvador, Buenos Aires