Este 15 de mayo los dominicanos tendrán las decimocuartas elecciones ininterrumpidas desde la llegada de la democracia. Pero la solidez del sistema parece retroceder antes que avanzar.

Campaña electoral en República Dominicana.

Campaña electoral en República Dominicana. Foto: Lumy Brito

Con la vía legal despejada aun tras traumáticos procesos internos del partido gobernante y una reforma constitucional express, el presidente Danilo Medina se presenta a las elecciones del 15 de mayo en busca de un nuevo periodo. El gobierno no solo busca retener el Palacio Nacional —algo de lo que se jacta querer lograr con cerca del 70 % de los votos—, sino también el Congreso Nacional, donde actualmente cuenta con el 81 % de votos, entre Senado y Cámara de Diputados. Los 32 senadores son oficialistas, lo que representa una concentración de poder que encuentra pocos paralelos.

La oposición encuentra su mayor representante en la alianza compuesta por el Partido Revolucionario Moderno (PRM) y el Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), que junto con otros aliados minoritarios generalmente usa el nombre de Convergencia. Como carta presidencial tiene al economista Luis Abinader, quien fue compañero de fórmula del expresidente Hipólito Mejía en su intento de regresar al poder en 2012, elecciones que entonces estuvieron marcadas de manera negativa por lo que luego se reveló como el mayor déficit presupuestal en años electorales de la historia dominicana, que superó el 8%, mayormente destinado al populismo clientelar. Datos de la última encuesta Gallup publicada en abril apuntan a que el 63 % de los dominicanos creen que se usan fondos públicos para la campaña del presidente-candidato.

Más allá del uso de fondos, los organismos que rigen la actividad electoral están compuestos en su mayoría por reconocidos activistas peledeístas. Hasta ahora ha sido imposible que hasta el más legítimo de los reclamos o la más elemental defensa de la oposición prosperen en las cortes electorales, al punto de que ya es reconocida como una total pérdida de tiempo acudir a estas. Al momento de escribirse este artículo, la controversia está en que por primera vez habrá un conteo electrónico de votos y se está haciendo el pedimento de que este sea complementado por un conteo manual, al tratarse de un factor nuevo para el proceso. Todavía no hay fallo al respecto.

Por si esta desigualdad de condiciones fuese poco, está también el hecho de que en vez de presentarse manera unificada la oposición a competir contra quien tiene las reglas y el uso desmedido del poder a su favor, concurre en siete candidaturas distintas. Varias de estas provienen del PLD pero todo indica que están compitiendo por el mismo nicho electoral en lugar de restar a la candidatura de Medina, lo cual no es nada conveniente en una situación como la descrita. Si bien existe una variedad de pensamientos entre los opositores, un acuerdo mínimo de gobierno sobre la base de temas esenciales de Estado no parecía imposible.

Definitivamente, se trata de una competencia desigual. A estas, el profesor Juan Bosch, fundador del PLD y PRD, las llamaba mataderos electorales, y en gran medida es a eso que concurriremos los dominicanos el 15 de mayo. La ONG Participación Ciudadana reveló en el mes de marzo que por cada spot promocional de la Convergencia había diez del oficialismo, que gasta hasta RD$ 10.000.000 por día. Gran parte de ellos provienen claramente de instituciones públicas e inducen el voto hacia la reelección. No obstante, tras el desgaste de doce años consecutivos en el poder, el voto de conciencia puede estar presente y a eso apela la Convergencia en la recta final de la campaña. Una segunda vuelta se celebraría el último domingo de junio, en caso de que en la primera vuelta ningún candidato supere el 50 % más un voto. El balotaje es una de las metas electorales en esta ocasión, pero no menos importante es revertir el proceso totalitario en el Congreso, pues ningún sector debería concentrar tanto poder, sea cual sea este sector.

Jatzel Román | @Jatzel09