En defensa del Telesur que nunca fue

Los partidos del Estado hacen daño a las democracias latinoamericanas. Son grupos que cuando llegan al gobierno particularizan la función estatal. Los populismos autoritarios también hunden buenas ideas, principios y valores. Pero no habría que dejar que Telesur se hunda.

Telesur, la señal de televisión latinoamericana | Elaborado sobre imagen de Pixaay (CC0)

Telesur, la señal de televisión latinoamericana | Elaborado sobre imagen de Pixabay (CC0)

Los partidos del Estado son grupos que cuando llegan al gobierno particularizan la función estatal. Esta es una de las dimensiones más dañinas de la oleada de populismos autoritarios que vivimos en la región.

Estos gobiernos saturan de sí mismos ámbitos estatales, políticos, sociales y culturales que deben tener más autonomía. Y uno de los ámbitos que suelen afectar más es el de los medios de comunicación.

Casi en forma inevitable, estos gobiernos arrancan guerras mediáticas, donde el poder del Estado se utiliza para restringir el espacio de los críticos. La señal Telesur cayó en la lógica guerrera, a pesar de haberse prometido varias veces lo opuesto. Se embarcó en la guerra pues fue creada para ella.

Los populismos autoritarios también hunden buenas ideas, principios y valores. Pero no habría que dejar que Telesur se hunda. América Latina necesita intercambiar más productos audiovisuales y también producir más en común. Esa producción audiovisual colectiva debe ser plural y con altos estándares periodísticos, dos cosas que Telesur nació para no hacer. Su accionista principal, el gobierno venezolano, no apoya ninguna de esas dos cosas en su país, por lo que era difícil que lo hiciese a nivel continental.

América Latina no es una idea populista autoritaria, sino una dimensión vital de nuestro desarrollo hacia el futuro. Para algunos, la mayor integración latinoamericana es solo un culto políticamente correcto a una idea vacía. Pero valores como la paz, el desarrollo, la coordinación de políticas exteriores y la definición de cierta identidad internacional, son políticas necesarias para cada uno de nuestros países.

Los países miembros de Telesur deberían aprovechar lo hecho para construir ese lugar de encuentro audiovisual. Esa voluntad colectiva sigue tibia. Uruguay, por ejemplo, tardó en ingresar a Telesur y nunca pareció realmente convencido del proyecto audiovisual chavista, y Argentina fue siempre un actor secundario.

No es el momento de terminar con todo lo hecho. Tener un canal y encontrar formas de compartir contenidos de los distintos países, y también producciones conjuntas, puede ser un gran aporte a la televisión latinoamericana. Además, como se sabe, si esas producciones son buenas, pueden contribuir con el desarrollo de la televisión en cada uno de los países.

La experiencia audiovisual europea es compleja pero rica. Una vez que existen canales públicos sólidos en cada país, es innumerable la cantidad de formas de cooperación europea que se pueden hacer. Son caminos largos, pero que abren nuevas posibilidades. Las audiencias no están ansiosas por consumir esos productos, pero sabemos que es en gran medida la oferta la que dirige en los medios. Con mucha prueba y error de lo que funciona se puede ir llegando a estilos, programas, voces, que vayan construyendo una valiosa personalidad editorial, que transmita valores comunes.

Fernando J. Ruiz | @fejaruiz
Profesor de Periodismo y Democracia en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral, Buenos Aires. Su último libro es Guerras mediáticas. Las grandes batallas periodísticas desde la Revolución de mayo hasta la actualidad (Sudamericana, Buenos Aires, 2014).