El 25 de mayo se realizaron las elecciones al Parlamento Europeo. Alrededor de 400 millones de votantes de 28 países miembros decidieron el destino de Europa para los próximos años. Un destino que se encuentra en un complicado dilema social y económico, donde parece ser que los extremos ideológicos se tocan.

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Nueva composición del Parlamento Europeo | Infografía: El País de Madrid

La crisis erosiona al Partido Popular Europeo. Si bien ha ganado 212 diputados y se mantiene como primera fuerza en el Europarlamento, ha perdido 53 escaños con relación a las elecciones del año 2009.

Esta elección está marcando la debacle del bipartidismo. Las grandes crisis económicas “provocan que la democracia se vuelva contra la democracia”, apuntaba un diplomático.
Se han abierto las puertas de un posible infierno. La gran recesión ha dado amplio crecimiento a las tendencias extremas, tanto de derecha como de izquierda. Comenzó a permear el discurso populista en los ciudadanos euroescépticos. La peligrosa abstención del 57% es también un síntoma de la poca credibilidad que despiertan los grandes partidos, afectados hoy por falta de líderes, mezquinas rencillas domésticas incapaces en dar solución a los graves problemas que afectan a no pocos países de la Unión Europea.

Las decisiones fundamentales para solucionar la crisis —que han afectado a millones de europeos— fueron tomadas por la troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional). Es percibida como la raíz de todos los males y ha sido cuestionada por la misma Comisión de Empleo y Asuntos Sociales del Parlamento Europeo, que la culpa de haber agravado la situación de pobreza y el paro en los países intervenidos: Grecia, Irlanda, Portugal, Chipre y la presión ejercida sobre España.

 

No caben dudas de que el ascenso de los partidarios de posiciones extremas complicará la gobernabilidad del proyecto europeo. Al parecer, Alemania, único país con liderazgo en la Unión, intentará una vez más impulsar el bien común y poner la nota de cordura y paz, como lo supo hacer después de las dos grandes guerras del siglo XX. Ojalá pueda lograrlo, ya no solo por el bienestar de los 400 millones de europeos, sino también como faro de las democracias del mundo.

Jorge Dell’Oro | @dellOroJorge