Enrique Shaw, el empresario cristiano

«La caridad implica también hacernos amables» era una de sus máximas. «Humanidad, comprensión, amabilidad, buen modo, no lastimar ni humillar, tratar bien a los demás, con benignidad, cordialidad, mansedumbre, serenidad, confianza, dulzura, simpatía, sonrisa, paciencia, entusiasmo, amistad, compasión, generosidad, comprensión, perdón y misericordia son expresiones del amor, que es desear y hacer el bien al otro, con benevolencia». A lo largo de su vida breve, prematuramente truncada con apenas 41 años, imprimió ese estilo a su vida familiar, pero también a su actividad empresarial, como fundador de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE) en 1952, y a sus inquietudes políticas, como impulsor de la creación del Partido Demócrata Cristiano (PDC) argentino en 1955. Se llamaba Enrique Shaw.

Fuente: WikiCommons Autor: Acdeano

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Autor: Acdeano

Nacido en París el 26 de febrero de 1921, huérfano de madre a los cuatro años, esposo devoto y padre de familia numerosa, la existencia de Enrique Shaw representa un portentoso despliegue de la creatividad cristiana al servicio de una cultura fraterna de la empresa y del trabajo. Marino vocacional, casado con Cecilia Bunge en 1945, en 1946 se hizo cargo de la dirección de la Cristalería Rigolleau de acuerdo con una concepción cristiana de las relaciones de trabajo. O, en sus propias palabras:«hay que remediar las injusticias, trabajar con eficacia, energía, iniciativa… Es necesaria una distribución más justa de las riquezas. Hoy es cosa sabida que nada anda bien en una sociedad donde muchos están mal. Hay que saber distinguir y desechar lo superfluo».

Para eso, resultaba imprescindible «humanizar la fábrica». Evitar «la mecanización del trabajo». Respetar la dignidad humana, fomentar la amistad y la buena voluntad. Sostenía que «para juzgar a un hombre, hay que amarlo». Por eso, el empresario cristiano debía «encarnar a Cristo en la empresa». Y la única forma de hacerlo posible era fomentar la cooperación y la participación de los trabajadores, potenciar el desarrollo de su personalidad y ejercer la caridad, entendiendo que una empresa produce bienes, «y lo que mejor se acuerde a la dignidad del hombre. Pero que no vaya contra el bien común. Que sea bien distribuido el fruto». Recordar siempre que «Jesús respeta a los hombres: no los conquista por la violencia, los atrae; no los aplasta, los eleva».

Seguía la divisa de Paul Claudel, «la vida solo tiene valor si sabemos darla». Enrique Shaw la entregó el 27 de agosto de 1962 en Buenos Aires. Siervo de Dios desde 2001, se encuentra abierta la causa de su canonización.

 

Enrique San Miguel