Los mandatarios de todo el continente americano vuelvieron a reunirse en un foro internacional por primera vez desde 1956. El evento no solamente da cuenta de los nuevos tiempos que corren en Cuba y los Estados Unidos, sino también de una profunda transformación en América Latina.

VII Cumbre de las Américas. Foto: Oreste Del Río - Cancillería de Panamá

VII Cumbre de las Américas. Foto: Oreste Del Río – Cancillería de Panamá

Luego de más de medio siglo de misivas indirectas, los gobernantes de Cuba y los Estados Unidos vuelven a reunirse cara a cara. Ambos son conscientes de que quedarán retratados en una foto para la historia. Llevan mucho tiempo evaluando esta decisión audaz. Las razones para romper con 59 años de inercia son muchas y los costos también.

Raúl Castro sabe que la transición política en Cuba es inminente. A sus 83 años parece haber elegido ponerse al frente de este proceso de transformación, respaldándose internamente en las estructuras del partido. También sabe que la situación económica en la isla es delicada. Sin embargo, nada de esto es nuevo y Cuba ha demostrado siempre una gran capacidad de adaptación. Ha sobrevivido a medio siglo de embargo comercial, a la caída de la Unión Soviética y posiblemente también pueda seguir adelante sin el apoyo que recibía hasta hace poco tiempo de Venezuela. Sin embargo, la crisis de su actual aliado estratégico puede haber contribuido a que el gobierno evalúe con otros ojos la posibilidad de cooperar con nuevos socios.

Barak Obama se encuentra en los dos últimos años de su mandato y está empezando a tomar decisiones pensando en su legado como presidente. Con pocos días de diferencia, ha apoyado iniciativas para levantar el embargo que pesa sobre Cuba y sobre Irán. Estas dos decisiones se pueden enmarcar en lo que el periodista Thomas Friedman denominó recientemente la Doctrina Obama, centrada en un acercamiento más pragmático a países a los que durante muchos años se intentó aislar.[1]

Obama es consciente de los cambios que se viven en el mundo árabe y de las limitaciones del enfoque con el que se abordaron los conflictos en Medio Oriente desde la era Bush. Del mismo modo, sabe que Latinoamérica se ha transformado sustancialmente desde aquella primera Cumbre de las Américas de 1994, en la que George W. Bush proponía liberalizar mercados y crear una gran zona de libre comercio. Por un lado, se han consolidado varios bloques subregionales con modelos de desarrollo e integración diferenciados. Por otro lado, Latinoamérica ha comenzado a hablar con una sola voz en ciertas cuestiones, como la oposición al intervencionismo externo, la necesidad de un nuevo enfoque para abordar temas como el narcotráfico o las migraciones, o la defensa activa de la institucionalidad democrática. La normalización de las relaciones con Cuba es otro de los temas en los que los líderes de la región han hecho sentir su voz de manera unánime. Por ello, la Cumbre de Panamá y el acercamiento entre Castro y Obama es también un triunfo para todo el continente, que vuelve a reunirse en foros internacionales luego de más de medio siglo.

 

Ana Jacoby | @WAXJacoby

 


[1] http://www.nytimes.com/2015/04/06/opinion/thomas-friedman-the-obama-doctrine-and-iran-interview.html?_r=0.