En Uruguay ya no alcanza con prohibir el ingreso de grandes banderas en los estadios deportivos. No basta con desalojar una o dos tribunas. El fútbol dejó de ser un espectáculo público al que concurría toda la familia para pasar a ser un conjunto de actos de violencia que representan un riesgo para la integridad física de los asistentes y de los miembros de la seguridad pública.

Lo que se vivió el domingo 27 de noviembre en el Estadio Centenario de Montevideo quedará para siempre en la retina de todos los uruguayos, ante el clásico a jugarse entre Nacional-Peñarol. Dentro del estadio se sucedían destrozos de las butacas, robo en puestos de venta de comida y bebida, y llegaron incluso a tirar desde la tribuna, a los policías apostados afuera, una garrafa para gas robada de esos puestos de venta. Tres policías y un perro y sufrieron lesiones. La garrafa no explotó y si eso hubiera sucedido, el saldo de heridos hubiera resultado mayor. Los desórdenes también se produjeron en los alrededores del estadio y llegaron incluso a la principal avenida, 18 de Julio.

Ante ese escenario, y sin haber comenzado a jugar, el partido fue suspendido. En oportunidades anteriores, durante las inspecciones policiales, se encontraron armas, drogas y elementos de pirotecnia fuerte. También ante otro partido clásico realizado durante 2014, fue robada la recaudación de la cantina que funciona dentro del estadio. Ese mismo año, una jueza prohibió concurrir al escenario deportivo por un año a dos personas causantes de disturbios en una tribuna. Pero estos actos no han sucedido solamente en nuestro país, sino también en Argentina, Colombia y países europeos, con cientos de heridos y decenas de muertos.

Y quienes los provocan no son hinchas o fans del club deportivo que están «jugados» por la camiseta. Los propios hinchas no los reconocen como tales. Se trata de otro fenómeno, llamado delincuencia. Detrás de esto hay un peligroso problema social que ocurre dentro y fuera de los estadios, que ha ido creciendo, donde no hay respeto alguno a la autoridad. Tampoco nos olvidemos del negocio millonario que es el fútbol. Ni de los vínculos conexos entre delincuentes y drogas. Un fiscal que fue anteriormente juez de crimen organizado, expresó que detrás de todos estos disturbios puede estar una organización.

En estos hechos cabe la responsabilidad al Estado pero también a los clubes deportivos y sus dirigentes, a la organización que nuclea a los clubes de fútbol, a los políticos, a la seguridad privada. Este es el momento para tomar medidas. Se debe asegurar el Estado de derecho mediante la ley y el orden (justicia y policía) para evitar los disturbios.

El fútbol inglés, ante la violencia en el deporte, después de varios episodios en que murieron personas, el último de ellos con 96 hinchas del club Liverpool en el estadio Hillsborough, sufrió el plan del gobierno para erradicar definitivamente de sus estadios a los hooligans. Entre las medidas de seguridad que se tomaron estaban: jugar los partidos sin público, instalar cámaras de seguridad, subir el precio de las entradas, usar tarjetas de identidad para revisar antecedentes previo al ingreso al recinto deportivo, sancionar a responsables de disturbios con la prohibición de ingresar a los estadios de por vida, multas económicas para los clubes. La Dama de Hierro Margaret Thatcher hizo cumplir al fútbol inglés estas medidas, aplicando todo el rigor del gobierno. Es un buen ejemplo a tomar para evitar partidos de alto riesgo, antes de que los hechos de violencia tengan mayores consecuencias.

Rosario Rodríguez | @mdelR33
Uruguaya. Magíster en Ciencia Política, asesora en temas de seguridad y defensa.

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