La agenda oculta de la política

En estos últimos tiempos, la ocultación de la verdad y la descalificación sistemática se han ido apoderando progresivamente del discurso político y han convertido así a las promesas en un acto de irresponsabilidad política. Hoy una gran parte de la sociedad interpreta que, ante la mentira y el incumplimiento de promesas, la salida son los outsiders de la política. Esta percepción se está generalizando e influye en la valoración negativa sobre los políticos. No todos mienten pero el sayo les ha caído a todos.

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El cristianismo le dio especial relevancia al pecado de la mentira. San Agustín decía que la mentira no era permitida bajo ningún caso porque debilitaba la calidad del alma. Hoy, lamentablemente, en muchos casos la mentira es usada como parte del discurso político. Prometer y no cumplir es algo que viene debilitando a la política y por ello hoy los ciudadanos exigen más transparencia a los gobernantes y a las clases dirigentes.

Lamentablemente, mientras haya políticos que manejan el doble estándar, o sea, la mentira permanente, la política irá desprestigiándose cada día más. Lo que es un crimen para un sector no lo es para los que están en la vereda contraria. En nombre de intereses ideológicos, y no pocas veces en búsqueda de la paz, los que cometen actos condenables son aplaudidos o descalificados según una extraña solidaridad que aprueba o reprueba, no en nombre de principios sino de subjetivismos e intereses.

Si el gobierno con el que no se simpatiza cierra un medio de comunicación o impone censura, se lo condena; si lo hace uno que es afín, se lo aplaude. Si aquel tortura, es un criminal; si este lo hace, se silencia o —lo que es peor— se lo justifica. En nuestra América Latina de estos procederes los ejemplos abundan.

La verdadera raíz de estos graves conflictos es la mentira. Es bueno recordar lo que Solzhenitsyn, en el discurso que envió a Estocolmo para la ceremonia de entrega del Premio Nobel, decía: «No olvidemos que la violencia no viene sola, que es incapaz de vivir sola, porque está íntimamente asociada por el más estrecho de los lazos naturales con la mentira. La violencia encuentra no solo refugio en la mentira y la mentira no solo sostén en la violencia. El hombre que escogió la violencia como medio debe, inexorablemente, elegir la mentira como regla».

Estas formas de no verdad están en la base de la violencia y abonan el terreno para que esta prospere. De allí la responsabilidad, en buena parte compartida, de los dirigentes y de algunos medios que brindan información parcial o deformada, manipulando la realidad, especialmente cuando esos medios han sido cooptados por gobiernos o responden a intereses económicos o políticos.

La chavezputinización de la comunicación marca un estilo de gobierno que se fue abriendo paso en las democracias débiles de Latinoamérica. Jonathan Swift, en El arte de la mentira, decía: «El mentir bien a los ciudadanos no es cosa que se improvise; es un arte con todas sus reglas». En la construcción de este tipo de estructura discursiva hay un denominador común: quien emite este doble discurso, lo hace en forma consciente y con intención de engañar.

El doble pensante sabe en qué sentido ha de modificar sus percepciones y recuerdos y, por esto mismo, sabe que está cambiando la realidad. Pero, al mismo tiempo, se autosatisface por medio del ejercicio del doble pensar, en el sentido de que la realidad no queda vulnerada. En cuanto a los efectos sociales y políticos, la imposición del doble pensar genera una detención del tiempo, de la historia (una eterna repetición de lo mismo con la perpetuación del partido en el poder). Si se desea conservar el poder, afirma sabiamente Orwell «es imprescindible que (se) desquicie el sentido de la realidad».

En cuanto a los políticos con verdadera vocación de procurar el bien común, es justo reconocer y alabar su pasión, su labor y dedicación al interés público, pero es hora ya de que influyan para renovar los compromisos con la sociedad, hacer votos de lealtad, de compromiso, de sinceridad con los ciudadanos y parar la falacia y la agenda oculta. De no ser así, su credibilidad también está amenazada.

Jorge Dell’Oro | @dellOroJorge