Lo que vendrá

La salida de las dictaduras militares latinoamericanas en la década de los ochenta requería de tolerancia entre políticos que no pensaban de la misma manera. Nadie podía predecir cuánto duraría la gobernabilidad pero todos de alguna manera pusieron el hombro para consolidar la democracia. Se vivió una primavera democrática unida a una euforia de la sociedad, que llevó a los políticos y al periodismo a una legitimación ciudadana que hoy parece inimaginable.

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Foto: familiasparaelcielo.com

Muchas veces había ciertos rasgos de improvisación, pero la tolerancia hacía superar los problemas, pues todavía se podían escuchar ruidos de sables que acechaban. Había fe en un futuro mejor, nadie quería volver a dar un salto al vacío. Era necesario sacar el carro del pantano y en ello el periodismo tuvo un rol importante, pues apuntaló a las instituciones que en esa época eran frágiles, nutrió sus reportajes y notas con información que enriquecía el debate en la sociedad.

Lentamente, la política fue entrando en un discurso sin contenido; el periodismo fue siendo cada día más light, acompañando o propiciando la videopolítica como un espectáculo, particularmente impulsada por la televisión. Hoy la política es parte del espectáculo y los ciudadanos son pasivos consumidores de pobres contenidos, donde siempre opinan los mismos y cualquiera puede ser experto en todo.
La corrupción comenzó a ser sinónimo de política, y viceversa, pudriendo las bases de las instituciones hasta establecerse casi como la forma de hacer política. Los principales referentes de los partidos se acuchillan para defender su trozo de poder y la vulgaridad de pensamiento se ve agigantada por la forma ramplona de armar el relato.
Una parte de la prensa estimula esta manera de hacer política, donde el adversario pasó a ser un enemigo y debe ser destruido a cualquier precio. Los medios que antes proponían una información objetiva, hoy resultan parte de la pelea política.

 

Pero las cosas han comenzado a cambiar. La sociedad decepcionada, crítica e informada, tiene en sus manos herramientas para monitorear y fiscalizar las actividades políticas y periodísticas.
Los movimientos ciudadanos de presión son una nueva categoría social —al igual que se crearon en su momento los partidos políticos o los sindicatos— y significan un reencuentro de la política con la palabra, en los lemas, en las redes sociales y en los debates que en estas se dan.

La naturaleza de las audiencias en el siglo XX fue desarrollando información para que el público consuma las noticias programadas. Ese modelo comienza a desaparecer con el espacio digital. La digitalización exige el uso de la totalidad de los soportes técnicos; todo debe ser usado porque es una demanda de la sociedad.
El agotamiento de la retransmisión por los medios tradicionales marca el fin de la manera en que se creaban las audiencias e irá construyendo nuevas formas de realizar la comunicación social y política. Cada día hay menos pretextos para limitar una voz con otras voces y parece ser que eso es lo que vendrá.

Jorge Dell’Oro | @dellOroJorge