México: cambian las coordenadas

El panorama político mexicano ha dado un vuelco espectacular con el resultado de las elecciones regionales realizadas el pasado domingo 5 de junio. Los efectos ya se están viendo por todos lados pero cambian radicalmente las coordenadas bajo las cuales se realizará la elección presidencial, exactamente dentro de dos años.

Elecciones en México | Foto: ProtoplasmaKid, vía Wikicommons

Elecciones en México | Foto: ProtoplasmaKid, vía Wikicommons

El centro de la atención fueron las doce gubernaturas en disputa, de 32 que tiene el país (haciendo equivalente el gobierno de la Ciudad de México). El PAN ganó siete de ellas, algunas en coalición con el PRD, y el PRI solo cinco. Nunca antes en la historia el PRI había retrocedido tanto a nivel local. Con este resultado pierde el gobierno de la mayoría de las 32 gubernaturas, pues ahora solo encabezará 15, el PAN 11, el PRD 4, el PVEM 1 (aliado del PRI) y habrá un gobernador sin partido.

El ganador incuestionable es el PAN. Con este resultado cambia radicalmente el eje de la competencia presidencial. Ahora los ojos de analistas y ciudadanos estarán centrados en quién será la candidata o candidato de este partido, que, a la luz de estos acontecimientos y salvo que pasara alguna catástrofe política en los siguientes meses, será el favorito en dicha competencia. Y claramente instala en el imaginario colectivo la posibilidad de una nueva alternancia y de su regreso a Los Pinos, la residencia presidencial. El PAN ahora cuenta con tres prospectos, encabezados por la ex primera dama Margarita Zavala, favorita en las encuestas, pero revitalizados el dirigente nacional Ricardo Anaya y el gobernador de Puebla Rafael Moreno Valle. Sus posibilidades de éxito dependen mucho de poder resolver esta competencia en condiciones de unidad.

El mayor descalabro es sin duda para el PRI, y ya le costó el liderazgo nacional al célebre veterano dirigente nacional, Manlio Fabio Beltrones, a quien se le consideraba el mejor operador político de ese partido. Al momento de escribir estas líneas aún no definen sustituto. Además, han sumergido en una profunda crisis al gobierno de la república y es previsible que haya cambios en el equipo del presidente, al más alto nivel, así como en la definición de las políticas de gobierno, algunas de estas señaladas como causa de la derrota. Desde luego, aún tienen oportunidad de ser competitivos para la crucial elección de gobernador el próximo año en el estado de México, el más poblado del país, y para la presidencial de 2018.

Previo a las elecciones se anticipaba que el naciente partido de López Obrador, llamado Movimiento de Renovación Nacional, MORENA, sería el de mayor crecimiento. Se llegó a pensar en algún momento que aplastaría en las elecciones del Distrito Federal (sin gobernador, solo elección del cuerpo constituyente local) y se alzaría con la gubernatura de Veracruz. Estas entidades son las número 2 y 3 del país por su cantidad de electores. Y en general, se preveía que obtuviera un crecimiento importante, muy por encima del PRD. Nada de eso ocurrió. Así, para las elecciones de 2018 no cuenta con el respaldo de ningún gobernador. Con todo, sigue y seguirá apareciendo como la alternativa al PRI y PAN, y algunos encuentran ya semejanzas con el escenario de la célebre elección presidencial de 2006.

El PRD, sin embargo, tampoco salió bien parado y también le ha costado el puesto a su dirigente nacional Agustín Basave. Difícilmente puede presumir algún triunfo, aun cuando fue parte de la alianza ganadora en tres estados, y esta señala una ruta que para ellos puede ser la mejor en los siguientes años. Sin embargo, la crisis de liderazgos y de unidad sigue siendo muy intensa.

De las causas del resultado se han dado varias interpretaciones. La más común es la que señala que los ciudadanos dieron un severo voto de castigo al gobierno federal y a los estatales, cansados de varios problemas, en particular, la corrupción. Esto es así, señaladamente, en tres de los estados en los que perdió el PRI: Chihuahua, Veracruz y Quintana Roo, en los que han sido públicos y muy documentados los excesos de los respectivos gobernadores. También hay quejas de lo mismo en muchos ámbitos del nivel federal, junto con una insatisfacción con la economía, particularmente por la devaluación del peso. Pero, como ya se ha dicho varias veces, es muy difícil atribuir a una sola variable los resultados.

En el lado favorable estuvo el PAN. Este partido tuvo el cuidado en la selección de sus candidatos, al postular a los que parecían más competitivos, prácticamente sin fracturas internas. El ganador en Durango, por ejemplo, hace seis años había competido y estuvo a solo dos puntos. Algo parecido ocurrió con el de Veracruz. El de Aguascalientes también había competido, y aunque en aquella ocasión no estuvo cerca, había sido víctima de una persecución que le quitó semanas de campaña, que luego la gente evaluó como injusta, así que hoy hubo una suerte de reivindicación. Y así por el estilo.

Finalmente, las causas en el interior del propio PRI. Mucho se especula de la confrontación entre el secretario de gobernación Miguel Ángel Osorio Chongo con el líder priista Beltrones pero con sus respectivas expresiones estatales, en la que algunos grupos priistas francamente sabotearon a su propio partido, en una suerte de canibalismo político, situación por lo demás nada extraña en ellos.

En síntesis, el panorama político de México ha cambiado radicalmente. Pasaremos por dos años sumamente intensos en todos los sentidos, rumbo a una competencia sumamente dura por la próxima presidencia de la república, que habrá que seguir día a día, muy de cerca.

Arturo García Portillo | @AGPortillo