¿Montevideo o Medellín?

Cuando me preguntan qué es lo mejor o lo peor en comparación de una ciudad con la otra, mi respuesta es que ninguna es mejor o peor: simplemente las condiciones son diferentes.

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Fotofrafía: Panorama de la “Plaza Independencia” en Montevideo, Uruguay. WikiCommons, Martin St-Amant .

Soy una ingeniera de diseño de producto de la ciudad de Medellín apasionada por las ciudades. Veo las ciudades como personas, cada una con las complejidades de cada ser, con las afinidades y desacuerdos que se generan entre unas y otras. Las ciudades para mí son fuente de inspiración que se transforman continuamente para inspirar a otros. Cuando hablo de una ciudad inspiradora, es esta donde la gente ve en un problema la oportunidad para mejorar, donde no hay razón para ocultar la pobreza porque en ella también hay belleza y ganas de cambio, y donde cada costumbre es sinónimo de identidad.

El gran problema de la mayoría de las ciudades es que las personas no sienten que lo público es de ellas sino del Estado, es ahí cuando se evidencian problemas de basuras en las calles, vandalismo, entre otros. Sin embargo, el problema no es solo de los residentes sino del Gobierno, a la hora de tener en cuenta a la ciudadanía cuando se decide hacer una intervención. En Medellín se ha venido trabajando desde hace varios años para hacer sentir a sus ciudadanos parte fundamental de la ciudad. Ello se deriva de una campaña que se hizo en 1995 para el metro, cuando se logró que la gente se sintiera orgullosa de su sistema de transporte y en consecuencia lo cuidara. Actualmente la cultura metro es ejemplo a seguir.

Bien se sabe de la violencia en la ciudad donde nací, y nuestro personaje más famoso es Pablo Escobar. Sin embargo, hoy con orgullo puedo decirles que Medellín es reconocida como la ciudad más innovadora del mundo por el concurso del Wall Street Journal de 2013 y que los temas correspondientes al narcotráfico están pasando de moda.

Sé que muchos se preguntarán: ¿cómo puede ganar una ciudad ubicada en Sudamérica, en un país en vías de desarrollo, contra la gran manzana Nueva York o Tel Aviv? No se preocupen, en Medellín también nos lo preguntamos.

Debido a la historia violenta, Medellín se convirtió en una ciudad resiliente, que transformó esa tristeza proveniente de la guerra en un impulso para salir adelante y ver en los problemas una oportunidad para sacarla de ese estadio. Este cambio se viene dando desde la administración del alcalde Sergio Fajardo (2004-2007), cuando se empezó a hablar de transformación social. Este término claramente ha evolucionado con el tiempo y hoy en la ciudad la innovación y la transformación se basan en cuatro lineamientos: la continuidad de las políticas y de la transparencia; la descentralización del territorio y el estudio de este fenómeno; las oportunidades que se brindan a la ciudadanía, acercándolos a la cultura; el urbanismo para integrar e incluir a todos, sin que importe su estrato socioeconómico.

Quiero poner algunos ejemplos de las transformaciones que hicieron y hacen a la pequeña esquina del norte de Sudamérica acreedora de este premio. Todos conocemos los teleféricos que usualmente nos recuerdan las vacaciones o un lindo fin de semana. Medellín fue la primera ciudad del mundo que los empezó a utilizar como solución de transporte masivo; cada día alrededor de 120.000 personas de los estratos socioeconómicos más bajos se movilizan por esa vía. Son los residentes de las laderas, que tienen un acceso difícil para el transporte vehicular. Asimismo, el uso de escaleras eléctricas como medio de transporte actualmente les ahorran a esas personas 30 minutos que antes tardaban subiendo a sus casas.

El transporte ha sido un gran detonador para estas zonas, y derivó en otros movimientos e inversiones. Recientemente tenemos el Grafitour de la comuna 13, alrededor de las escaleras eléctricas, donde todos los artistas callejeros —más conocidos como grafiteros—, hacen del «vandalismo» un gran lienzo para la ciudad; aparte del arte, los lugares que antes eran los más marginados, a una hora del centro, hoy cuentan con las mejores bibliotecas y colegios públicos de la ciudad, muchos de estos icónicos, imperdibles cuando se visita Medellín.

Es claro que el gobierno debe hacer un esfuerzo para lograr que los ciudadanos sientan pertenencia por su ciudad; sin embargo, el empoderamiento total de las ciudades depende de cada uno de los ciudadanos. Montevideo, como muchas otras, está empezando una revolución ciudadana para exigir y apoyar los procesos que lleva el gobierno. Los indicadores de cultura ciudadana y de violencia hacen de Montevideo una ciudad con estándares europeos en comparación con otras ciudades de nuestra región. Por ello se puede afirmar que lleva trazado un camino de muchos más años para llegar al empoderamiento total de sus ciudadanos.

El ideal es que cuando a alguien en la calle se le pregunte: ¿quién cuida a Montevideo?, esa persona con toda la seguridad pueda afirmar que él o ella lo hacen. En los días que he pasado en esta linda ciudad he preguntado a varios ciudadanos: ¿quién cuida a Montevideo afuera de su casa o en su barrio? En la mayoría de los casos las personas responden que la Intendencia y afirman que aún le falta mucho. Esta mentalidad que tenemos acerca de lo público, de que el responsable de cada cosa es el Estado, tiene que cambiar. Si bien la palabra público hace referencia a algo que es del Estado, sin embargo, ¿quién paga los impuestos para mantener estos bienes?

¿Por qué dentro de nuestras casas no tiramos basura y en la calle sí? Así como cuidamos nuestra casa y todas las cosas que tenemos en ella porque nos han costado, ¿por qué no cuidamos la calle, si también pagamos impuestos para que la construyeran, la mantuvieran, etc.? La única diferencia es que el espacio público es un bien que pagamos entre muchos ciudadanos y nuestra casa es un bien individual. Pero eso no es razón para dejárselo todo al Estado; no hay recursos suficientes para atender cada cosa, porque así como cuidamos de nuestra casa, tenemos que cuidar de nuestra calle, nuestra ciudad, nuestro país. Hechos simples como limpiar la vereda afuera de mi casa hacen la diferencia.

Me podría imaginar a un montevideano poniendo cara de que esto que digo no es cierto, pero déjenme decirles que están en una ciudad privilegiada, que tiene lo que muchos ciudadanos de otras ciudades de Latinoamérica anhelamos: una buena cultura ciudadana, espacios verdes increíbles dentro de la ciudad, pocas y cortas congestiones vehiculares, buen transporte público, rambla, seguridad, amabilidad de la gente. Tienen calidad de vida… el único problema es que no se lo creen y cuando uno no ve lo bueno que tiene y siempre resalta lo malo, no tiene actitud ni disposición para mejorar. Obviamente hay problemas como en todos lados pero, como dije antes, ¿por qué no tomamos esos problemas como combustible para innovar? Esta ciudad tiene todos los factores para volverse una ciudad del futuro, en términos de sustentabilidad, convivencia, educación y tecnología.

Medellín y Montevideo no se parecen, tiene cosas en común empezando por la M al principio de su nombre, la amabilidad de la gente, el acercamiento en su índice de pobreza (15,7 % y 16,1 %, respectivamente), ese gran don de pocas de hacerte sentir como en casa, entre otras: el combustible perfecto para empezar a actuar.

Mi propuesta es que cada vez más ciudadanos pensemos de una manera crítica acerca de nuestro barrio y nuestra ciudad, que salgamos de la zona de confort y nos atrevamos a hacer un cambio, por pequeño que sea. Una ciudad más humana se construye tomando acciones tan simples como ir caminado o en bici al trabajo o la universidad, recoger una basura o ceder el puesto en el bus. Acciones creativas como pintar una calle, hacer un grafiti en una zona abandonada o tomarse una calle son formas amables de protestar y conseguir que más gente se sume a nuestra causa. Sin embargo, protestar sin argumentos no basta y argumentos sin pruebas no es suficiente. Los seres humanos nos acostumbramos a nuestras comodidades y nos acoplamos a la situación. Por eso los invito a sumarse al movimiento de seres humanos alrededor del mundo que promueven menos crítica y más acción.

Laura Bernal Del Río | @laura_bdr