Nicaragua: el pueblo contra el populista

La construcción del Gran Canal Interoceánico ha traído consigo la disconformidad de las clases populares y rurales, en las que Daniel Ortega basó su discurso populista y que serán las primeras afectadas por una obra que está valorada en 50.000 millones de dólares.

 

Fuente: Gobierno de Nicaragua

Fuente: Gobierno de Nicaragua

La posibilidad de construir competencia ahí donde hay monopolios representa una de las grandes ventajas del libre mercado.

En la actualidad, en cualquier país donde este florezca, sea regulado pero al mismo tiempo tenga la flexibilidad para impulsar nuevas empresas, la creatividad, el ingenio y la ambición personales pueden llevar a que la más básica idea se transforme en un negocio próspero y redituable.

América Latina ha contado con un monopolio regional hasta la fecha intocado: el paso entre océanos que desde principios del siglo XX es dominio exclusivo de Panamá, cuyo canal es capaz de producir 1.300 millones de dólares al año, ha sido escenario de guerras y conflictos internacionales y es, por excelencia, un símbolo nacional.

Romper el monopolio del canal panameño es complejo, pues la geografía juega un papel determinante. El único país que por sus características orográficas lo ha intentado es Nicaragua, en 72 ocasiones, cada una fracaso rotundo, cada una con el deseo de hacerse con una parte de la riqueza que produce el puente entre continentes.

El septuagésimo tercer esfuerzo por lograrlo se encuentra, hoy día, licitado y adjudicado a la empresa Nicaragua Development Investment, propiedad del empresario hongkonés Wang Jing; lleva el nombre de Gran Canal Interoceánico y es un esfuerzo con el que el presidente Daniel Ortega busca abrir un mercado que ayudaría de sobra a un país cuyo producto interno bruto per cápita es el más bajo de Latinoamérica (2.551 dólares en 2012, según el PNUD).

No obstante, el gobierno de Ortega enfrenta serias objeciones de campesinos y agricultores quienes, simpatizantes con su causa política en un principio, ahora cuestionan y ponen en riesgo el proyecto. Acusan que no han sido consultados y que seguramente sufrirán las muy impopulares medidas de expropiación de tierras, generación de mano de obra para extranjeros, y beneficios que tardarán tiempo en llegar a la población promedio.

Cuando se intenta entrar al libre mercado tras décadas de empuñar un discurso populista, la realidad saca a la luz las contradicciones de una retórica falaz y sofística, donde el simplismo del bien contra el mal debe atenuarse y hasta contradecirse, para explicar que aquellos grandes enemigos del pueblo como la inversión privada y los grandes capitales no son precisamente tan malévolos como se anunciaba en la campaña electoral.

Las clases populares y rurales que dieron su respaldo a Ortega son las que padecerán las afecciones más inmediatas. Son también las que comprometen la viabilidad del nuevo canal. Un pueblo que alza la voz contra el populista converso.

 

 

Carlos Castillo | @altanerias