En los próximos días, diez factores determinarán si los Juegos Olímpicos en Brasil serán un éxito o un fracaso.

Brasil gana la sede de las Olimpíadas 2016 | Foto: Ricardo Stuckert, Agência Brasil

En 2009, Brasil ganó la nominación para las Olimpíadas 2016 | Foto: Ricardo Stuckert, Agência Brasil

Cien días antes de la inauguración, Brasil casi se olvidó de los juegos olímpicos y paralímpicos. La profunda crisis del país, política y económica, fue la que desvió la atención. Esta ya no está únicamente restringida a la destitución de Dilma Rousseff, sino que también pone en duda la capacidad del Estado brasileño para la resolución de problemas. Entonces, el éxito de los Juegos Olímpicos dependerá principalmente de diez factores.

En los últimos años Brasil asumió diversos y relevantes eventos deportivos: la Copa de las Confederaciones en 2013, la Copa Mundial de Fútbol en 2014. En 2016 se celebrarán por primera vez los Juegos Olímpicos en el continente sudamericano. En 2009 Brasil recibió esta adjudicación por tratarse de un país boom, es decir, no afectado por la crisis económica y financiera y cuyo presidente de entonces, Luis Inácio Lula da Silva, exaltó a su país como un lugar de ámbito internacional. Con la organización de la mayor competición deportiva del planeta, Brasil buscó no solo el aumento de prestigio internacional sino también, a largo plazo, impactos positivos para el desarrollo urbanístico sustentable, la infraestructura, la economía y el turismo.

1. ¿Es adecuada la infraestructura de Río de Janeiro para los juegos olímpicos?

Los Juegos tomarán lugar en cuatro barrios de la metrópoli de más de siete millones de habitantes, y se distribuirán en 32 estadios, de los cuales 14 fueron construidos especialmente para la ocasión. Para gran sorpresa de los observadores nacionales e internacionales, la construcción de los escenarios (excepto el velódromo) ya ha terminado. Por el contrario, no ocurrió lo mismo con el proyecto del transporte público. Una línea nueva de metro debería transportar 300.000 pasajeros al día, desde los centros turísticos en Ipanema y Copacabana hasta la sede en Barra, lugar que hasta ahora no ha sido accesible con transporte público. Además, la línea de metro debería reducir el volumen de tráfico en la única carretera de enlace. El comité de organización teme que el proyecto no termine antes de la inauguración de las Olimpíadas, como fue previsto, y está trazando planes alternativos. El derrumbamiento de un carril para bicicletas recién construido, que costó la vida de dos personas, debilitó la confianza de la ciudadanía en la ampliación de la infraestructura.

Además, una parte desmoronada del Centro, al lado de la bahía de Guanabara, antes inaccesible al público, fue recreada en un lugar atractivo para la población. El Centro, hasta ahora desierto y por lo tanto inseguro fuera del horario laboral, debería ser revaluado por el proyecto de un museo de futuro, zonas verdes, carriles de bicicleta y tranvías. Por otra parte, la marina del barrio Gloria, sede de las competiciones de navegación, ha sido modernizada y remodelada para hacerla más accesible al público. Si se llegan a terminar todos los proyectos de construcción antes de la inauguración, las condiciones arquitectónicas para las Olimpíadas estarían dadas.

2. ¿Los proyectos de construcción para los Juegos Olímpicos fueron una oportunidad de corrupción?

Durante dos años Brasil fue testigo del descubrimiento de la red de corrupción más grande de la historia del país, centrada alrededor de la petrolera paraestatal Petrobras, luego de una operación de lavado llamada por la fiscalía Lava Jato. El gerente de la constructora Odebrecht, que realiza la ampliación la red del metro, ya fue condenado por corrupción. También, otras empresas de construcción fueron acusadas por corrupción en proyectos olímpicos y así se llegaron a interrumpir algunas obras. A esto se suman los Panamá papers, que involucran a más de cien empresas fantasmas relacionadas con las investigaciones de la operación Lava Jato, así como también a varios políticos, funcionarios de deportes y empresas de construcción brasileras. Es posible que las investigaciones encuentren conexiones entre los proyectos de construcción para los Juegos Olímpicos y las empresas fantasmas. ¿Hasta qué punto la justicia será capaz de manejar con independencia una investigación de los casos de corrupción? Algunos críticos ven en la investigación contra el expresidente Lula da Silva indicios de una instrumentalización política del proceso.

3. ¿Será Dilma Rousseff suspendida de su cargo?

El domingo 17 de abril, poco antes de la medianoche, terminó una reunión en la Cámara de Diputados brasileña en la que los coros de voces, carteles polémicos y papel picado evitaron un intercambio democrático de argumentos. Por 367 contra 137 votos, la Cámara decidió el procedimiento para la dimisión, conocido como impeachment, de la presidenta Dilma Rousseff (Partido de los Trabajadores), que pasó a consideración del Senado. Ahora el proceso depende de la segunda Cámara del Parlamento brasileño. Ya se formó un comité para considerar el juicio político. Se pronunciará a mediados de mayo una recomendación para que la Cámara trate los procedimientos. Luego, se decidirá por mayoría simple en el pleno. El acuerdo se considera seguro. A partir de este momento se suspendería el mandato de Rousseff y el vicepresidente Michel Temer (PMDB) se haría cargo de los asuntos del Estado. Así, los senadores tendrán 180 días para considerar las alegaciones contra Rousseff. Para remover a la presidenta definitivamente de su cargo se necesita una votación en el pleno por mayoría de dos tercios. Las últimas encuestas muestran que este voto no resultará favorable a la presidenta.

4. ¿Quién abriría los Juegos Olímpicos en lugar de Rousseff?

Michel Temer (PMDB) será presidente interino del país cuando el Senado se expida sobre el juicio político. Si hay una destitución, él asumirá la presidencia hasta 2018. Esto, sin embargo, no es un nuevo comienzo político. Temer, de 75 años de edad, encarna la clase política en Brasil como ningún otro. Su partido, el PMDB, participó —con una sola excepción— en todos los gobiernos desde la redemocratización de Brasil en 1985 y hasta marzo último era parte de la coalición gobernante de Dilma Rousseff. Por tercera vez desde la redemocratización, el presidente podría provenir del PMDB, y por tercera vez sería una asunción a partir de la vicepresidencia. También se ha iniciado un proceso de destitución contra Temer. Es probable que permanezca en el cargo porque es un gran táctico y goza de una amplia aprobación en el Parlamento. En un discurso se presentó como presidente de la unidad nacional, presuntamente en forma no intencional. Pero difícilmente podría representar el renacimiento político que el país necesita y que la población exige en manifestaciones masivas. A esto se agrega la sospecha de que su partido está involucrado en el lavado de dinero a través de los Panamá papers.

Además, el Tribunal Supremo de Elecciones investiga la anulación de las elecciones presidenciales en 2014 debido a la sospecha de financiación ilegítima de las campañas. Si se diera la anulación, Rousseff y Temer tendrían que renunciar a sus cargos y se llevarían a cabo elecciones presidenciales directas en un plazo de 90 días. De lo contrario, el sucesor o sucesora oficial serían elegido por el Parlamento dentro de los 30 días. Durante este período, el cargo de presidente interino quedaría en manos de Eduardo Cunha (PMDB), actualmente presidente de la Cámara de Diputados. Sin embargo, tres causas abiertas por corrupción pesan sobre él ante la Suprema Corte Federal. En caso de perder su cargo, asumiría como presidente interino el senador Renan Calheiros (PMDB). También contra él existe un procedimiento legal por corrupción. El último posible sucesor es Ricardo Lewandowski, presidente del Tribunal Supremo Federal. Lo más probable es que el sucesor de Rousseff pertenezca al PMDB, que tiene mayoría en el Parlamento. Por lo tanto ese partido tendría una función clave en el futuro gobierno. Está claro entonces que la política brasileña se enfrenta a graves problemas. Un posible juicio político contra Rousseff y los sucesores potenciales puede resolver pocos de estos problemas.

Treinta años después de la democratización, Brasil muestra debilidad en elementos importantes de la cultura política democrática, por ejemplo, la educación política de la población, partidos programáticos estables y el sentido de responsabilidad de los representantes elegidos por la población.
Ante todo, falta comprensión de la necesidad de compromiso y de diálogo. En lugar de ello, la sociedad brasileña está extremadamente polarizada. No queda claro cómo la política brasileña puede ganar capacidad de resolución de problemas. Independientemente de los resultados de los procesos en marcha, aumenta la exigencia de la población de nuevas elecciones presidenciales y parlamentarias, aun sin existir bases jurídicas para esto. Cambios constitucionales o medidas aún más drásticas ya no son impensables en el clima político extremo en Brasil. Las predicciones sobre quién será el jefe de Estado el 5 de agosto, o en qué medida el gobierno será capaz de actuar, no están claras.

5. ¿Pueden las Olimpíadas reactivar la economía?

En lugar del boom económico, en el que se basó la solicitud de Brasil para sede de los Juegos Olímpicos, el país actualmente se encuentra en la crisis económica más grave desde los años treinta. La tasa de desempleo sube, la inflación sigue en niveles altos y la economía se achica —una experiencia traumática para un país que se acostumbró a tasas significativas de crecimiento durante años—. En el estado federal de Río de Janeiro disminuyó en 2015 un tercio del valor agregado por petróleo y gas. Este sector ahora está amenazado por una baja del precio del petróleo y por los vacilantes proyectos hacia el cambio de matriz energética. El resto de la renta económica proviene en su mayor parte del sector servicios, que sufre especialmente por la crisis económica. A causa de los escasos ingresos tributarios (y de su mala gestión, como afirman los críticos del gobierno) el gobierno de Río de Janeiro desde finales de 2015 no paga los sueldos a funcionarios y jubilados. Como resultado se producen huelgas y recortes en centros de enseñanza, policía y salud pública. Queda en duda hasta qué punto los servicios públicos como seguridad y asistencia sanitaria estarán disponibles durante los Juegos Olímpicos. Críticos del gobierno cuestionan en este contexto los gastos realizados para el evento, que se elevaron a casi 40.000 millones de reales.

La ciudad y el gobierno esperan que las Olimpíadas reactiven la economía: las ventas de entradas y de publicidad, tanto como el turismo, deberían generar ganancias inmediatas. En el largo plazo, los proyectos urbanos y de infraestructura, en su mayoría financiados en cooperación con el sector privado, deberían fortalecer la economía. Con Barcelona como ejemplo clásico de desarrollo sustentable, así debería aprovechar Río la organización de los Juegos Olímpicos para su fortalecimiento como lugar turístico y económico.

6. ¿Qué efectos tendrán las Olimpíadas en el medioambiente de Río?

Parece un éxito dudoso que el alcalde de Río, Eduardo Paes (PMDB), anuncie que, en el marco de las Olimpíadas, el porcentaje de aguas residuales urbanas vertidas sin purificación al mar ha bajado de 80 % a 40 %. Además, las empresas de aguas están enfrentadas a reproches de corrupción y manipulación de los indicadores de purificación. Sin embargo, la Asociación Internacional de Navegación se muestra optimista de que una barrera flotante en la bahía de Guanabara mantenga alejados los residuos del lugar de la competencia. Otro aspecto controvertido es el campo de golf, ubicado en una reserva natural. Por un lado, la contaminación del medioambiente en Río de Janeiro es una amenaza a la salud de los deportistas; por otro lado, el aumento en la conciencia del problema debido a las Olimpíadas resultó en una toma de medidas importantes.

7. ¿Cómo ve la población a los Juegos Olímpicos?

Aunque quedan menos de cuatro meses para la inauguración, los habitantes de Río de Janeiro casi se olvidaron de los Juegos Olímpicos, porque la crisis política se sobrepone a todos los temas en las noticias y en la discusión pública. A pesar de esto, los Juegos, como símbolo de los valores deportivos, podrían dar nuevos impulsos a una sociedad brasileña extremadamente polarizada. En respuesta a las manifestaciones en contra de la construcción de megaestadios para los cuales no habría uso después de los Juegos, el alcalde de Río afirma que los gimnasios deberían ser reformados para funcionar como escuelas y que la villa olímpica serviría para vivienda. Sin embargo, los habitantes de una favela situada justamente en este lugar han sido trasladados, lo que ocasionó más protestas.

8. ¿Los Juegos Olímpicos serán una amenaza a la salud pública por el virus zika?

La Organización Mundial de la Salud declaró el estado de emergencia de la salud en febrero de 2016. El virus zika es peligroso porque a veces se asocia al síndrome de Guillain-Barré y puede causar parálisis, infecciones en mujeres embarazadas y anormalidades en sus bebés (microcefalia), además de efectos a largo plazo en su mayor parte desconocidos. El virus zika se contagia por contacto sexual o, en la mayoría de los casos, por picaduras de mosquitos. El gobierno brasileño ha declarado la guerra al mosquito: campañas en los medios pretenden educar a la población y fomentar la prevención. Las fuerzas armadas rociaron los barrios e instalaciones deportivas con insecticidas. Sin embargo, el mosquito pone sus huevos en pequeñas cantidades de agua estancada, por lo que considerando el clima húmedo tropical de Río, la lucha parece poco prometedora. Sin embargo, la Organización Mundial de la Salud no desaconseja viajar a Brasil, con la excepción de mujeres embarazadas. Si bien Brasil confía en una temporada seca durante los Juegos Olímpicos, estos podrían llegar a ser un trampolín para la difusión mundial del virus.

9. ¿Río de Janeiro es seguro?

Con 25 asesinatos por cada 100. 000 habitantes en 2012, Brasil está entre los países con las tasas más altas de homicidios, 32 veces los valores de Alemania. Una nota positiva es que en Río de Janeiro la tasa de homicidios ha disminuido en un 70 %. Una de las razones para los altos niveles de delincuencia son las enormes desigualdades socioeconómicas. Uno de cada cinco habitantes de Río vive en una favela. Otra razón es la infiltración de las fuerzas policiales y militares en el crimen organizado. Las denominadas unidades policiales de pacificación pueden obtener logros con su presencia en las favelas a través de proyectos sociales y laborales y de los procedimientos contra el crimen organizado. Sin embargo, la mayor parte de esos logros serán destruidos cuando las unidades policiales salgan de esos barrios. En parte, se trata simplemente de una mudanza de la criminalidad hacia otras zonas. Para hacer la ciudad más segura y atractiva para los turistas, debe aumentar significativamente la presencia de militares y policías durante y antes de los Juegos. Se supone que la situación de seguridad se puede estabilizar de esta manera durante los Juegos; sin embargo, permanece, como en cualquier evento importante, un riesgo residual de ataques terroristas. Para debilitar la base de la criminalidad de bajo calibre se deben diseñar políticas integrales, que aseguren bases sustentables y reduzcan las desigualdades existentes.

10. ¿Traerán los Juegos Olímpicos una gran cantidad de público a Brasil?

Si la organización de los Juegos traerá finalmente los beneficios económicos y de prestigio deseados a Brasil, dependerá de la cantidad de visitantes internacionales. Se esperan más de 500.000 visitantes de todo el mundo, 45.000 voluntarios y 28.000 periodistas. A pesar de que estos números ya han sido corregidos drásticamente a la baja, Brasil seguramente contará con la atención internacional. Hasta la fecha, solo la mitad de los 7,5 millones de billetes fueron vendidos, pero esto no es inusual. Queda por ver si Brasil tendrá en medio de una crisis nacional poco antes de la apertura de los Juegos Olímpicos, la concentración y la energía necesaria para llevar adelante un desarrollo exitoso.

Dr. Jan Woischnik
Representante de la Fundación Konrad Adenauer en Brasil

Alexandra Steinmeyer
Representante adjunta de la Fundación Konrad Adenauer en Brasil