PAN: un buen camino para 2018

La ruta de la unidad interna y la organización eficaz, junto con buenos candidatos, fue la clave de los triunfos de Acción Nacional. Frente a la sucesión presidencial de 2018, repetir lo bien hecho en los comicios de este año será clave para un resultado positivo.

México: mapa de gobiernos estatales luego del proceso electoral de 2016 | Imagen: PAN, Secretaría de Elecciones

México: Gobiernos estatales luego del proceso electoral de 2016 | Imagen: PAN, Secretaría de Elecciones

Pasaron siete años para que el Partido Acción Nacional retomara una ruta de victoria electoral: desde 2009, la derrota en las elecciones intermedias —que renuevan el Congreso federal— dio inicio a un retroceso en las preferencias que apenas en este 2016 pudo ser contenido y revertirse en las urnas.

El saldo final fue una notoria victoria en la que se logró el triunfo en siete de los trece estados que se disputaron el pasado 5 de junio, lo que deja al PAN como la segunda fuerza política de México, la que más crece en cuanto a población gobernada y la que mejor se proyecta hacia la renovación de la presidencia de la República en 2018.

Más allá de los números, es importante señalar algunos factores que convergieron en esta elección, y que son no solo el trasfondo de esa victoria sino, sobre todo, una de las principales claves para que esa ventaja se mantenga y se incremente durante el próximo año y medio.

En primer lugar, el hartazgo ciudadano. Tanto el presidente Enrique Peña Nieto como los Gobiernos estatales derrotados este año son percibidos como corruptos e ineficaces, y, en algunos casos, francamente coludidos con el crimen organizado y con sospechas claras de enormes desvíos de recursos públicos; los casos de Tamaulipas, Veracruz, Chihuahua y Quintana Roo son claros al respecto.

Esto se tradujo en un repudio que el PAN supo capitalizar a su favor, a través de campañas que destacaron por la organización del partido, por su claridad de mensaje, por su propuesta como alternativa y, sobre todo, por la unidad interna que antecedió en la designación de candidatos.

Las luchas intrapartidistas, en este último punto, fueron en ocasiones anteriores desgastantes y factor claro de división, lo que arrojaba entre el electorado una imagen de incapacidad para el acuerdo, de batallas no superadas y de incivilidad política. En este 2016, en cambio, el PAN pudo dirimir sin desgaste a sus representantes.

A este segundo factor de unidad se suma un tercero: la organización propia del partido. Los principales liderazgos, las dirigencias nacional y locales, los candidatos y la militancia, es decir, toda la estructura del PAN entendió desde muy temprano la importancia de actuar como una sola fuerza electoral. De ese modo, tanto el mensaje como la operación de tierra y la presencia entre la ciudadanía fueron claros, contundentes y capaces de sumar votos que ninguna encuesta previó e incluso sorprendió a propios y extraños.

Con estos atributos el PAN aparece como el gran ganador de este año, y se perfila de nuevo como una alternativa eficaz para recuperar la presidencia de la República.

Los retos que tendrá por delante serán, antes, un ejercicio de gobierno, ahí donde se obtuvo la victoria, que demuestre su eficacia en la aplicación de la ley y la recuperación del orden público, cosa no sencilla por los enormes fraudes a las finanzas públicas locales y el deterioro del Estado de derecho en no pocas entidades.

Otro pendiente que reforzaría la buena percepción del panismo a nivel nacional serán los comicios de 2017 en Coahuila, donde los casos de corrupción y mal manejo de recursos públicos es flagrante y cínica, y en el estado de México, del que fue gobernador Enrique Peña Nieto.

Además, y quizá lo más importante, Acción Nacional deberá definir al que será su representante en la contienda presidencial. De acuerdo con encuestas publicadas en fechas recientes, son tres los nombres que aparecen tanto en sondeos como entre los corrillos partidistas: el gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle, quien justo este año refrendó el triunfo panista en su estado; el presidente del Partido, Ricardo Anaya Cortés, quien es un perfil joven, de capacidad probada para el acuerdo y la acción política; y Margarita Zavala, un liderazgo con amplia aceptación y popularidad tanto al interior del partido como entre la ciudadanía.

La principal lección de la derrota de 2012 fue clara: una campaña interna desgastante y destructiva allana y anticipa la derrota, que en esa ocasión dejó al PAN en tercer lugar. La principal lección de este 2016 es también evidente: unidad y organización acompañando a buenos candidatos no es solo la ruta a la victoria, es lo que demanda y exige la sociedad mexicana. El camino a seguir está, pues, trazado. No es menor el reto, y ya se demostró a dónde conduce cada ruta.

Carlos Castillo | @altanerias