Pantalla humanista (1)

En este tiempo de alfombras rojas y premios hollywoodenses, es propicio reflexionar con algunos filmes que, más allá de la propaganda, permiten el diálogo político.

 

El cine ha sido, desde sus inicios, uno de los medios más propicios para la masificación efectiva del mensaje político, como arma de propaganda y legitimación. D. W. Griffith, Sergei Eisenstein y Leni Riefenstahl son ejemplos de ese nuevo poder estético. A su vez, vemos cómo los líderes políticos son derribados en sus megalomanías y falsas ilusiones por genios como Chaplin, Cantinflas o los hermanos Marx.

Pero más allá de la hagiografía y la sátira, el cine es un medio propicio para explorar lecciones sobre el ejercicio moral del poder. Paseémonos por algunas cintas útiles para la reflexión política.

Para los que dudan de su vocación política: Lincoln (Steven Spielberg, EUA, 2012). Esta cinta, que permitió a Daniel Day-Lewis ganar su tercer Oscar como actor en 2013, muestra cómo las buenas causas —aquí, la abolición de la esclavitud en los Estados Unidos— requieren de negociación, transacciones e incluso medios no edificantes. El heroísmo de la guerra toma segundo plano ante las transacciones políticas y las maniobras de salón. Hasta cierto punto, la extraordinaria actuación de Daniel Day-Lewis (quien maneja la operación pletóricamente) resulta insustancial al argumento.

Para los que no creen que el cambio llegará: No (Pablo Larraín, Chile, 2012). La narración de la elaboración y despliegue de la campaña de la Concertación de fuerzas democráticas chilenas en el referendo promovido por la dictadura militar en 1989 refleja con fidelidad —según el balance de sus protagonistas— los inicios de la transición a la democracia, desde la perspectiva de un abúlico creativo publicitario, René Saavedra (Gael García Bernal). Como todos estos procesos, la película deja por fuera detalles que la realidad aún no ha resuelto.

Para los que creen escapar de la represión: La vida de los otros (Das Leben der Anderen, Alemania, 2006). Uno de los aspectos más insidiosos de la represión totalitaria se evidencian en este filme sobre escuchas clandestinas en el régimen socialista de Alemania Oriental, donde la violación de la intimidad, el chantaje emocional y la violencia corrompen a víctimas y victimarios. La actuación de Ulrich Mühe, como el capitán y espía de la Stasi Gerd Wiesler, vale toda la experiencia.

Para los que aspiran salvadores: Desde el jardín (Being There, Hal Ashby, EUA, 1979). La arrogancia ideológica, la candidez apolítica, el desdén hacia los electores y el deseo de complacer se combinan en esta adaptación de la novela de Jerzy Kozinski, donde Peter Sellers interpreta a Chance, un simple jardinero, quien azarosamente es elevado al estatus de líder de opinión y hasta de referente político por los poderes fácticos. Una crítica al antiintelectualismo que muestra, también, la desconfianza hacia los políticos tradicionales.

Para candidatos y jefes de campaña: El candidato (The Candidate, Michael Ritchie, EUA, 1982). Para quienes han organizado una campaña electoral, este clásico sirve como lección inicial: las buenas intenciones, el talento y la honestidad no son suficientes, y la competencia por el voto es trabajo duro. Robert Redford interpreta al candidato, pero quien brilla es Robert Boyle, como el hosco pero honesto jefe de campaña.

Para los que dudan de la no violencia: Gandhi (Richard Attenborough, Reino Unido-India-EUA, 1982) y Selma (Ava DuVernay, EUA, 2014). Estas dos películas épicas reflejan dos de los cambios más importantes del siglo XX logrados por la no violencia. La película angloindia recoge las distintas corrientes en la empresa de la autodeterminación del subcontinente indio frente al poder británico, y cuenta con el canónico papel de Ben Kingsley como Mohandas Gandhi. En la producción norteamericana, que ha recibido limitados honores este año, refleja la tenacidad de Martin Luther King (interpretado por Patrick Oyelowo) para mostrar una alternativa pacífica pero contundente en la lucha de los derechos civiles en Estados Unidos, como parte de un movimiento social mayor.

Para los que se creen débiles: Sophie Scholl: los últimos días (Sophie Scholl – Die letzten Tage, Marc Rothemund, Alemania, 2005). La empatía permite trascender fronteras raciales y vivenciales. Con la lucha, arresto y ejecución de los jóvenes de la Rosa Blanca quedan el estimulante testimonio de la resistencia al nazismo y el coraje que da la verdad a los más débiles, inspirados desde profundos valores humanistas y religiosos.

Para los que quieren el poder: La ley de Herodes (Luis Estrada, México, 1999). La polémica cinta basada en un cuento de Jorge Ibargüengoitía llegó como muestra del espíritu en contra del dominio del PRI en México (por lo cual fue criticada como antipriísmo trasnochado) a finales del siglo XX. La historia de un oscuro funcionario local —Juan Vargas (Damián Alcázar)—, quien solo se destaca mientras más se corrompe, hasta derrotar a sus rivales y llegar a una posición federal, es un manual de la no política.

Ninguna lista es exhaustiva. En una próxima entrega presentaremos otras cintas notables para una discusión entre humanistas.

 

Guillermo Aveledo | @GTAveledo