Pantalla humanista (2)

Continuamos nuestra lista de películas para contribuir a la reflexión política.

La profusión de medios de acceso a la cinematografía global, que permite obviar la espera a los ocasionales festivales especializados gracias a la transmisión en línea de películas enteras, ha brindado acceso a joyas del pasado o a piezas lejanas que, por imperativos económicos o legales, no fueron proyectadas en nuestros países. Aprovechemos este extraordinario momento para ocupar nuestro tiempo.

He aquí una segunda lista de cintas útiles para la reflexión política.

Contra la mentira: Tempestad sobre Washington (Advise and Consent, Otto Preminger, 1962). La intransigencia de los extremistas acaba con la nominación de un moderado político progresista, Robert Leffingwell (Henry Fonda) a la posición de secretario de Estado. Aunque el escándalo que da el suspenso a la película es presentado de modo innecesariamente escabroso (y posiblemente no resuene hoy del mismo modo), revela correctamente las veleidades del gobierno representativo en el telón de fondo de las histerias de la guerra fría.

Contra la arbitrariedad: Un hombre para la eternidad (A man for all seasons, Fred Zinnemann, Reino Unido, 1966). No es la mejor película sobre la Reforma, o la mejor pieza sobre la monarquía Tudor. Pero Paul Scofield como Tomás Moro, incorruptible campeón del derecho frente a los caprichos del poder, trasciende límites ideológicos. Su serenidad ante la más grave de las tribulaciones eleva este filme en todas las épocas.

Contra la crueldad: Michael Collins (Neil Jordan, Irlanda-EUA-Reino Unido, 1996). La vida del líder político y militar de la independencia irlandesa, interpretada por Liam Neeson, sirve para advertir los límites y fallas de la acción violenta, y el peso moral que sobre causas políticas ejerce la acción armada y el patriotismo.

Contra la presión de la opinión pública: Hannah Arendt (Margarethe von Trotta, Alemania-Luxemburgo-Francia, 2013). Hay otros filmes sobre el rapto y el juicio a Adolf Eichmann, así como mejores piezas sobre el Holocausto; pero Barbara Sukowa, quien interpreta a la filósofa alemana, refleja las presiones que sobre su descarnada visión tuvieron la sed de venganza para justificar la reescritura de la historia por parte de las víctimas. El filme logra un tratamiento accesible de un tema denso.

Contra la ingenuidad fanatizada: La ola (Die Welle, Dennis Gansel, Alemania, 2008). Alemania ha hecho extraordinarios filmes políticos en la última década, pero pocos como este abordan el latente riesgo de la emergencia del extremismo en los contextos más inocentes. La historia del profesor cuyo juego intelectual con sus alumnos potencia una escalada fascista conmueve a la audiencia pese a lo limitado de su dominio.

 

Contra la ambición: Los gritos del silencio (The Killing Fields, Roland Joffé, EUA, 1984). Destruir una sociedad entera es sencillo y abrumador, en la gran pieza de denuncia del simultáneo horror e indiferencia de Occidente ante la remota caída de Camboya y la política de año cero del Jemer Rojo. La narración se centra en la historia verdadera de la relación entre el periodista camboyano Dith Pran (Haing S. Ngor) y el reportero norteamericano Sydney Schanberg (Sam Waterston). Este último muestra los sucesos en el sudeste asiático por un sentimiento genérico de humanidad pero también con una ambición profesional que pone en peligro la dignidad y la vida de su compañero.

Contra la arrogancia: Niebla de guerra (Fog of War, Errol Morris, EUA, 2001). El diario del arrepentimiento de Robert McNamara (secretario de Defensa estadounidense entre 1961 y 1968), que llega cuarenta años tarde, derrumba los mitos del profesionalismo y la pericia técnica frente a las fallas morales reflejadas en la intervención de Estados Unidos en Vietnam. Como testimonio documental es de lo mejor de las últimas décadas, en las que la mecanización de las guerras y el fin de la conscripción han alejado lo bélico de la discusión democrática.

Contra la apatía: El voto es secreto (Raye Makhfi, Babak Payami, Irán-Italia-Canadá-Suiza, 2001). Esta curiosa película iraní narra las peripecias de una funcionaria electoral y el soldado que la escolta por la isla de Kish, en el Golfo Pérsico. El contraste del sentido del deber democratizador de la joven burócrata con el desinterés medieval de los votantes y el machismo islámico del militar, ilustran con humor los límites de la abortada apertura dentro de su revolución.

Quedan inexplorados muchos temas (los sindicatos y las luchas obreras, el problema de la tierra, la ecología, las relaciones familiares, la pobreza…) y mucha cinematografía. ¿Qué película nominarían ustedes?

 

Guillermo Aveledo | @GTAveledo