Cartel en local electoral. Lima, Perú, 10.04.2016 | Foto: Manfred Steffen

Día de elecciones en Lima, 10.04.2016 | Foto: Manfred Steffen

En Perú, en las elecciones regionales y municipales (nivel subnacional) y en las generales (nacional) el voto es obligatorio. Su no ejercicio acarrea una multa pecuniaria, salvo justificación. En ambos casos, los electores tienen ocho horas para acercarse a su local de votación. Es preciso mencionar que aún no se ha implementado al cien por ciento el voto electrónico.

Especialistas, investigadores y políticos tienen posiciones divididas sobre la obligatoriedad o no del voto. Algunos consideran que debe ser obligatorio en nuestro país porque no existe una adecuada conciencia o cultura cívica, falta madurez democrática, es menester de todos los ciudadanos y sirve para proteger a las minorías. Otros sostienen que debe ser voluntario porque evidenciaría la real participación ciudadana y no bajo coerción, o porque es un derecho que debe quedar en libertad de ser ejercido o no (razón moral).

Todo esto me lleva a una reflexión vinculada con una experiencia personal. Actualmente estudio una maestría en ciencia política en una de las instituciones con mayor prestigio del país. Cada año elige, entre otros, a sus representantes estudiantiles ante la Escuela de Posgrado. Este 2016 no fue la excepción y decidí participar, a pesar de conocer una realidad desfavorable: el elevado porcentaje de ausentismo de los electores haría que no se llegara al mínimo requerido (33 %), con lo cual las elecciones serían declaradas nulas y, como resultado, no existirán representantes estudiantiles ante la Escuela de Posgrado hasta una próxima elección, dentro de un año. Este fenómeno es preocupante, porque hablamos de estudiantes de posgrado, con estudios superiores y conocimiento de la realidad peruana, que no ejercen su derecho a pesar de que el voto es cien por ciento electrónico y tienen 36 horas para efectuarlo desde cualquier medio tecnológico.

En consecuencia, una primera conclusión es que en democracia, la voluntariedad del voto, aun para personas profesionales, en constante formación académica, no asegura una participación activa y efectiva en las elecciones, a pesar de contar con todas las condiciones, herramientas y facilidades para hacerlo. Es una condición necesaria pero insuficiente.

A partir de esta experiencia podríamos aproximarnos a concluir —superficialmente— que el voto debe ser obligatorio en todo el territorio nacional y aplicable a los ámbitos nacional y subnacional. Uno de los fines últimos de toda elección es que la ciudadanía participe acudiendo a las urnas para elegir a sus representantes. Puede existir ignorancia, analfabetismo, mala educación, desconocimiento, falta de difusión, desgano o dejadez, pero cuando el voto es obligatorio y coercitivo, la ciudadanía acude casi masivamente, valida las elecciones por el bajo porcentaje de ausentismo y otorga legitimidad de origen a quien o quienes resulten ganadores.

Hacemos esta comparación universitaria con las elecciones nacionales o subnacionales para mostrar que, al menos por ahora, si pretendemos implementar el voto voluntario en el territorio nacional estaríamos hablando, implícitamente, de aceptar un elevado porcentaje de ausentismo, pues si el voto no es obligatorio ni coercitivo, la participación ciudadana sería casi inactiva como en los casos de Colombia o Chile, salvo excepciones como la de Venezuela, que vive una coyuntura distante a la del resto de los países latinoamericanos.

Finalmente, una conclusión adicional: si estudiantes de posgrado no ejercen su derecho al voto, ¿qué nos garantiza que los casi 22 millones de electores peruanos lo hagan con un voto voluntario? Tendríamos que afrontar un gobierno autoritario o dictatorial que afecte directamente nuestros derechos fundamentales para que la ciudadanía exija elecciones y así acudir masivamente a sufragar para cambiar el statu quo. Es un escenario que, desde esta tribuna, no le deseamos a nadie.

Javier Roncal | @Javierroncal