Los avances en materia de exploración en búsqueda de petróleo han llevado el tema al primer plano en Uruguay. Más allá de que se pueda concretar la extracción y explotación comercial de este recurso, vale la pena analizar esta posibilidad y sus posibles efectos.

Molinos de viento cambian el paisaje. © Ignacio Estrada

Molinos de viento cambian el paisaje. © Ignacio Estrada

En estas semanas hemos vivido en Uruguay una pequeña fiebre que ha ocasionado mucha cobertura en las noticias y expectativa en la gente. No me refiero al dengue ni a los Rolling Stones, sino a los avances en materia de exploración en búsqueda de petróleo. Parece mucho más factible no encontrar petróleo que sí encontrarlo, según la probabilidad del 20 % mencionada por autoridades. Y si hubiese petróleo y se pudiese extraer, la explotación comercial comenzaría a ocurrir recién en el año 2023. De todas formas, vale la pena analizar esta posibilidad y sus efectos.

En primer lugar habría que conocer a fondo qué aportaría el petróleo a nuestro país no solo en materia económica, sino también ambiental y social. ¿Cuántas ganancias dejaría para el país, o sea, cuál es el impacto económico esperado? ¿Cuál es el costo ambiental de la extracción que se llevaría a cabo? ¿Y cuál es el impacto previsto en la población? Medir los tres posibles impactos es fundamental, porque una valoración de estos puede dar una mejor idea de si estamos ante una posibilidad con amplios beneficios o con solamente uno. Además hay que tener en cuenta la variabilidad de los beneficios económicos ¿Qué pasa si el barril baja de precio drásticamente? A menudo los costos de un proyecto son seguros, pero los beneficios no tanto. Y hay ciertos costos ambientales (el calentamiento global que ocasiona el petróleo, por ejemplo) que deben pesar en nuestra mente especialmente, porque estamos dejando a nuestros hijos un planeta con graves problemas, donde las acciones de cuidado deberán ser mucho más audaces que hasta ahora.

Otra mirada que habría que aplicar para la exploración de petróleo es de tendencias de largo plazo. Actualmente las energías renovables han logrado una participación importante en la generación de energía, en nuestro país y en muchos países más. A futuro se prevé que ganen aún más espacio. ¿No reducirá ello la necesidad de petróleo en el mundo? Por ejemplo, en Uruguay 70 % del petróleo se usa para transporte. Ya vemos en las calles taxis eléctricos, pronto veremos seguramente muchos autos eléctricos (aprovechando la energía eólica, sobre todo en las noches, cuando la demanda baja y se podrían cargar los autos). ¿Convendría quizás apostar más a las energías renovables para el transporte y también para la exportación?

Finalmente, sobre el petróleo: ¿tenemos la mirada puesta en el objetivo correcto? Porque si de generar riqueza se trata, con proyectos de inversión de varios años que luego dan beneficios, tendríamos que estar invirtiendo más en la educación. Se ha comprobado que la educación tiene un impacto directo y muy importante en el crecimiento de una economía; tiene una probabilidad de beneficios mucho mayor al 20 % que promete la búsqueda de petróleo; y en nuestra sociedad de conocimiento será cada vez más determinante de cuáles países avanzan y cuáles no. Algunos países con población similar a la nuestra (Dinamarca, Finlandia, Irlanda, Israel, Nueva Zelanda, Singapur, Suiza) tienen un producto interno bruto per cápita y un grado de avance y bienestar muchísimo mayores al uruguayo; podemos comprobar todo lo que se puede hacer sin necesidad de petróleo, pero con educación, ingenio y visión.

Ignacio Estrada | @ignacioestrada77