Política, cultura y los murales de Lima

Desde los años noventa el arte urbano se ha expandido por muchas ciudades del mundo. En Lima, Perú, el alcalde decidió cubrir decenas de murales con el color de su partido y los artistas aseguran que ello se debe a la rivalidad política de este con su antecesora en el cargo.

Arte urbano en Lima / © Jorge Dell’Oro

Arte urbano en Lima / © Jorge Dell’Oro

Al alcalde de Lima, Luis Castañeda, parece que los sesenta murales que artistas plásticos han pintado en esa ciudad no le caen bien. Desde marzo los está cubriendo con pintura amarilla, el color de su partido Solidaridad Nacional. Don Luis argumenta que tapará todos los murales del centro de Lima porque está contenido en el acuerdo con la Unesco, y así lo prescribe la ordenanza de 1994. Un argumento que parece lógico si estos afectaran el patrimonio arquitectónico de la ciudad, pero los murales fueron realizados en espacios abandonados como estacionamientos o propiedades privadas deterioradas y no sobre inmuebles declarados patrimonio a los cuales haya que preservar por su originalidad.

Los artistas, entre indignados y frustrados, aseguran que se trata de una rivalidad política con su antecesora Susana Villagrán, que fue quien los autorizó durante el Festival Internacional de Arte Callejero Latinoamericano de 2014 en tres distritos de Lima. Una rencilla política que afecta a una expresión cultural que muchas alcaldías del mundo usan para embellecer las ciudades.

El mismo mural luego de cubierto con pintura / © Jorge Dell’Oro

El mismo mural luego de cubierto con pintura / © Jorge Dell’Oro

Como lo menciona la doctora en Historia del Arte Leontina Etchelecu: “El hecho de que un considerable material artístico y simbólico haya dejado su destino originario —los libros de arte, las galerías, los museos— para desparramarse en el ámbito de las ciudades habla a las claras del salto cualitativo del arte en cuanto a influencia social, y de una amplitud de su campo de aplicación que ya no queda relegado a una minoría ‘culta’, sino que invade con su espíritu callejero y fresco las calles de la ciudad. Esto de estar ‘en la calle’, al alcance de todos, hace que esta convivencia diaria se pueda transformar en un gesto integrador de la sociedad”.[1]

El arte urbano se puede apreciar en distintas variantes: grafiti, teatro callejero, música en la calle, etcétera. Desde los años noventa, este arte urbano se ha expandido por muchas ciudades del mundo y tiene como principales referentes a Nueva York, Londres, Barcelona, Berlín, Buenos Aires, México D. F., entre otras. En esa década fue cuando tomó mayor importancia el trabajo de un grupo diverso de artistas que han desarrollado una propuesta artística en las calles mediante el uso de diversas técnicas (plantillas, pósters, pegatinas, murales, etc.). Muchas de estas manifestaciones incluyen un mensaje político, algo que comenzó a desarrollarse con las revueltas estudiantes en el mayo de París de los sesenta.

La incomprensión, hostilidad e intolerancia de la política hacia la cultura es algo que en el siglo XXI habla del anacronismo de algunos gobernantes.

Nunca una frase tan acertada para la medida tomada por el alcalde limeño como la de Ambrose Bierce: “La pintura es el arte de proteger la superficie plana de los daños del clima para exponerla a los daños de la crítica”.

Jorge Dell’Oro | @dellOroJorge

[1]. Leontina Etchelecu, Manual de comunicación política local, Buenos Aires, Fundación Konrad Adenauer, 2005, p. 57.