Un modelo que se agota

Señalar las libertades como único parámetro de crítica, sin considerar la responsabilidad que ese ejercicio de derechos debe llevar implícito, es una de las grandes incongruencias del actual modelo de Occidente. La visita del presidente iraní a Italia saca de nueva cuenta a la luz uno de los conflictos reiterados de nuestro tiempo.

Galería de las Estatuas, Museo Capitolio, Roma | Foto: Lalupa, vía Wikimedia Commons

Galería de las Estatuas, Museo Capitolio, Roma | Foto: Lalupa, vía Wikimedia Commons

 Hay quien ha querido ver en la desnudez de una estatua el avance de la libertad de Occidente: cuando esa estatua se oculta a la mirada de un visitante para no ofender sus creencias, entonces la libertad está en jaque, se mancilla el gran avance de la cultura liberal y se revela el sometimiento frente a la intolerancia religiosa, señala el premio nobel de literatura, Mario Vargas Llosa, en reciente artículo publicado en el diario El País de Madrid («Las estatuas vestidas», 7.2.2016).

El argumento se genera a raíz de la reciente visita del presidente iraní Hasan Rohani a Italia. Para un recorrido por los Museos Capitolios, que mantiene a resguardo y exhibidas esas joyas del arte clásico, se decidió encerrarlas en cajones de madera como muestra de respeto frente a las costumbres del visitante.

La crítica de la prensa, por supuesto, no se hizo esperar. Pensadores y periodistas salieron a la defensa, al igual que Vargas Llosa, de lo que fue calificado como un retroceso, en el mejor de los casos, cuando no de sumisión frente a prohibiciones de culturas donde el fundamentalismo y la verdad única son fuente de injusticias, atropellos a los derechos humanos y a la libertad mínima de la población.

Sin embargo, hay en la visita de Rohani a Italia un factor importante, que son los 17.000 millones de euros en inversiones que se realizarán en el país europeo; y lo que el nobel de literatura señala es que ese dinero resulta urgente para una de las economías más dañadas de la Unión Europea. Para estas cuantiosas inyecciones de capital no hay condiciones que valgan: ni una estatua ni condicionar la cooperación al respeto a los derechos mínimos, ni mucho menos el elemental señalamiento a las atrocidades que a diario comete un régimen que cuando menos puede calificarse de asesino.

Entonces cabe hacer la acotación, cosa que no hace Vargas Llosa en su texto, de que ese libre mercado y ese libre intercambio de dinero y mercancías —que son producto extremo del liberalismo más inhumano— solo resultan indignantes si traen consigo el tapar una escultura desnuda, y no si, como en realidad ocurre, representan beneficiarse del dinero extranjero sin considerar las condiciones políticas y sociales que se viven en el país de origen de ese capital.

Liberalismo de conveniencia, ideología de oportunidad. Los brazos abiertos a la inversión pero los ojos ciegos a las libertades y los derechos humanos. Lo mismo con Irán que con China o con Cuba; lo mismo en Estados Unidos, Francia o Italia: generación de riqueza y libre empresa sin importar los atropellos y situación de la población donde la mano de obra es barata, la situación laboral del trabajador coartada en su mínima libertad de asociación, y cualquier ejercicio de la libertad más allá de lo que el Estado totalitario permite: un crimen que puede costar la vida.

Lo que ocurrió en Roma frente a la visita iraní no es ni un retroceso de Occidente ni tampoco una sumisión. Es, por el contrario, la consecuencia de un sistema —el liberal— que ya no tiene altura moral para hacer la crítica de actos como el de las estatuas desnudas porque en esa misma crítica está la raíz del problema que se señala: libertad de expresión y su defensa a cualquier costo, permisividad frente a crímenes cometidos allende las fronteras.

La necesidad de corregir estas incongruencias de un modelo agotado se manifiestan de manera cada vez más visible en los conflictos cotidianos de nuestro tiempo: la convivencia intercultural, el diálogo interreligioso, el medioambiente, la migración, la libre expresión y la crítica de lo diferente, de lo distinto, de lo ajeno. Quizá porque las categorías de análisis ya no alcanzan o se contradicen, quizá porque se vuelve cada vez más urgente reconocer, sin denuesto de sus logros, la caducidad y lo incompleto de un modelo.

 

Carlos Castillo | @altanerias