Este 1 de marzo tiene lugar uno de los hitos de campaña en la contienda por las nominaciones de los dos principales partidos políticos en Estados Unidos. Conocida como «supermartes», esta instancia electoral implica una serie de elecciones primarias simultáneas en 13 estados de la Unión, más el territorio de Samoa Americana.

 

Estados donde se celebran elecciones en el Supermartes.
Estados donde se celebran elecciones en el supermartes.

 

Si bien tanto demócratas como republicanos participan de  esta instancia, no en todos los estados se realizan elecciones para los dos partidos. Así, Alabama, Arkansas, Georgia, Massachusetts, Minnesota, Oklahoma, Tennessee, Texas, Vermont y Virginia elegirán delegados tanto demócratas como republicanos, mientras que en Colorado y Samoa Americana solo habrá comicios del Partido Demócrata, y en Alaska y Wyoming solo votarán quienes escogerán al candidato del Partido Republicano o Grand Old Party (GOP).

La importancia de esta elección —que define el mayor número de estados y de delegados a ambas convenciones partidarias— ha sido decisiva en la historia reciente. Generalmente, el candidato con mejor performance en el supermartes termina siendo electo como representante de su partido. Aun así, la realidad se presenta con diferencias de cara a tan decisiva instancia.

Por el lado demócrata, Hillary Clinton aparece como favorita en el mayor número de estados. Los supuestos traspiés frente al ascendente Bernie Sanders —sensación de la campaña— parecen no haber inquietado a quien podría ser la primera mujer en presidir los destinos de los Estados Unidos. La tranquilidad de Hillary reside en algunas características del sistema electoral de ese país al que muchas veces, desde América Latina, subestimamos.

Al igual que sucede cuando se elige presidente, los partidos nominan a sus candidatos a través de un mecanismo de elección indirecta que funciona a partir de delegados electos en comicios dentro de cada uno de los estados. Estas elecciones tienen variantes locales en cuanto al carácter abierto o reservado a afiliados al partido, así como también a los niveles de proporcionalidad con la que se distribuyen los delegados.

A su vez, cada partido cuenta con sus particularidades para la conformación de sus respectivas convenciones. El Partido Demócrata, por ejemplo, reserva un cupo de 712 de un total de 4763 delegados para miembros destacados del partido, o figuras claramente identificadas con este, conocidos como superdelegados. Esta porción decisiva de quienes definen el candidato se compone de expresidentes, gobernadores, congresistas y representantes de organizaciones afiliadas al Comité Nacional Demócrata. La dirección partidaria se asegura con los superdelegados una carta que puede inclinar una elección sesgada por sobrerrepresentación en la participación electoral de algunos sectores.

Aunque estos superdelegados no tienen mandato de votación, en su mayoría respaldan la candidatura de Hillary Clinton, y en casos donde Sanders apareció triunfal, como New Hampshire, podrían modificar el resultado final. En este estado, Sanders conquistó 15 delegados, mientras que Clinton obtuvo 9. Sin embargo, de los 8 superdelegados con los que cuenta este estado, 6 ya han hecho público su apoyo por la exsecretaria de Estado, llevando la contienda a un virtual empate.

También hay que prestar atención a los tipos de adjudicación de escaños en las convenciones que otorga cada estado. A diferencia de la elección nacional, donde el partido que obtiene la mayor cantidad de votos en un estado gana todos los delegados de esa circunscripción, la distribución en las primarias presenta variados niveles de proporcionalidad. Si bien existen estados donde el ganador lo lleva todo, otros tienen una distribución proporcional entre los candidatos que compiten.

Esta parece ser la esperanza tanto de Marco Rubio como de Ted Cruz de no ser derrotados definitivamente por Donald Trump en la contienda republicana del supermartes. El partido del elefante ha visto caer recientemente las candidaturas del gobernador de New Jersey, Chris Christie —quien ya hizo público su apoyo a Trump—, y nada menos que la de Jeb Bush, exgobernador de Florida e hijo y hermano de presidentes norteamericanos. La marcha del Trump Train, de la mano de propuestas arriesgadas y con un fuerte tinte autoritario y racista, parece encaminarse a la nominación del GOP. Salvo que se dé una distribución en tercios en el supermartes, este inclinará la contienda hacia dos candidatos —probablemente Trump y el mejor posicionado de Rubio o Cruz—, y quedará como próximo mojón de campaña la instancia del 15 de marzo, donde bajo un régimen de ganador lo lleva todo, habrá elecciones en dos distritos clave: Florida y Ohio.

Federico Irazabal | @firazaba