Un poco de historia

Canciller alemana Angela Merkel y presidente uruguayo Tabaré Vázquez | Imagen: The Press and Information Office of the Federal Government

Canciller alemana Angela Merkel y presidente uruguayo Tabaré Vázquez | Foto: The Press and Information Office of the Federal Government

Cuando el 23 de junio de 1856 el Sr. Hermann Herbert Friedrich von Gülich, representante del Reino de Prusia y el canciller uruguayo Joaquín Requena firmaban el primer acuerdo bilateral entre estas naciones, el mundo era bastante distante del que conocemos hoy en día.

América del Sur fue un punto clave para una emigración que comenzaba a crecer a causa del clima de tensión y violencia que se vivía en la Europa de las preguerras mundiales, ya que muchas de nuestras naciones habían nacido no hacía tanto tiempo y se encontraban en franco proceso de consolidación como Estados independientes, libres y soberanos, con un fuerte impulso económico, demográfico, social y político.

Los emigrantes alemanes también vieron en el Uruguay una tierra de paz y prosperidad y, al igual que italianos, españoles y portugueses (aunque en menor medida), se radicaron en nuestro suelo, con sus costumbres y tradiciones, y fueron una parte importante de la formación de nuestra identidad como nación. Se trata de una enorme masa de inmigrantes que tomaron al Uruguay como propio, dejaron su impronta y fueron adoptados como hijos por el naciente país.

A 160 años del establecimiento de relaciones diplomáticas bilaterales, el presidente de la República, Tabaré Vázquez, se reunió, en una visita de Estado sin precedentes para nosotros, con su par, la canciller Angela Merkel. Para un país de poco más de tres millones de habitantes y una extensión que no alcanza a la mitad de la superficie alemana, es una cosa bien importante.

La agenda europea del presidente Vázquez está cargada de temas de trascendencia internacional, aunque hay un especial capítulo para las relaciones comerciales entre ambas naciones y para lo cual la comitiva incluyó a casi un centenar de empresarios que aportarán un componente esencial en la búsqueda de acuerdos en rubros específicos como la agricultura e infraestructura, que significan un gran avance para nuestra nación.

¿Mercosur sí?

Una vez más se pone sobre la mesa la necesidad de un acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur. Basta recordar que hace cinco años, cuando el expresidente José Mujica visitó el país teutón, el tema fue uno de los puntos clave. ¿Cuál es la novedad, entonces, de insistir en el punto? La realidad no es la misma de hace cinco años: ni en el Mercosur, ni en la Unión Europea ni en el escenario internacional.

La situación de Venezuela en el bloque regional sudamericano, así como el cambio de orientación política de grandes países como Argentina y Brasil pueden generar un nuevo impulso al bloque con una nueva orientación hacia aspectos comerciales. Por otro lado, la Unión Europea ha sufrido uno de sus más graves sacudones con el brexit y la salida del Reino Unido de la eurozona y del bloque regional.

Y como si esto fuera poco, este año ingresa un nuevo componente en la política internacional, de la mano del flamante presidente norteamericano Donald Trump que, para bien o para mal (habrá que esperar), producirá un cambio en las relaciones entre los países y en los balances del poder internacional.

Alemania ve con preocupación la futura relación entre la Unión Europea y los Estados Unidos, y por ello América del Sur (sobre todo el Mercosur) se convierte en un punto de atracción para compensar el desbalance que pueda generarse.

¿Qué tenemos para ofrecer como nación?

En este mano a mano un tanto desproporcionado, cabe preguntarse por qué la canciller Merkel busca en Uruguay a un aliado. La respuesta es sencilla; la fortaleza del Uruguay se sustenta en todos aquellos aspectos que son claves para el pueblo alemán: crecimiento económico sostenido, instituciones fuertes, estabilidad política y social, respeto por el orden jurídico tanto a nivel nacional como internacional, capacidad de articulación y de diálogo, respeto irrestricto de los derechos humanos y un desarrollo integral y sostenible producto de una cosmovisión que nos ha permitido a los uruguayos seguir la misma senda (con muchos matices y variantes) sin importar qué partido político llegue al poder. A diferencia de muchas naciones de nuestro continente, nuestro sistema político y económico no se está refundando cada cinco años ni queda a merced de la voluntad de quien haya sido electo para gobernar, porque hemos entendido que hay cuestiones en las que nos va la vida como país y en eso podemos ponernos todos de acuerdo.

También es bueno recordar que en los próximos meses Uruguay asumirá la presidencia del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y tendrá en sus manos la colocación de temas en la agenda de discusión, por lo que las naciones como Alemania o Reino Unido buscarán en el pequeño país del sur del continente americano un aliado para marcar posiciones claras en su lucha contra el terrorismo, los delitos internacionales, el lavado de activos y el cambio climático; cuestiones todas que nuestro país ha venido manejando con mucha seriedad y responsabilidad, sobre todo en los últimos años.

No es casual que una potencia como Alemania y una líder mundial como Angela Merkel ponga sus ojos sobre Uruguay, que —a fuerza de haber puesto siempre todo de sí en la búsqueda de acuerdos internacionales y de la paz entre las naciones— se ha ganado un lugar privilegiado en el mundo de la geopolítica y un asiento entre las naciones que deciden el destino del mundo.

Al final de cuentas, el mundo reclama a gritos un poco de cordura y sensatez ante visiones que se presentan poco menos que apocalípticas. Es ahí cuando las grandes naciones vuelcan sus ojos al pequeño y pacífico Uruguay.

Diego Silveira Rega | @Diegosilveirar
Director de la Comisión Nacional de Jóvenes del Partido Nacional de Uruguay