¿Yes We Can? Hora de balances para Barack Obama

Desde su llegada al poder en 2009, Barack Obama se esforzó por diferenciarse de su antecesor en lo que respecta a la política exterior: El unilateralismo y belicismo de la era Bush debían dar lugar a un modelo más centrado en la diplomacia, la reconciliación y la moderación. A siete meses de terminar su mandato, es hora de evaluar cómo se ve el mundo que le heredará a su sucesor.

Barak Obama y el Premio Nobel de la Paz | Fuente: Ana Jacoby

Barack Obama y el Premio Nobel de la Paz | Fuente: Ana Jacoby

Cuando Barack Obama asumió la presidencia de los Estados Unidos, recibió un país que enfrentaba serios retos: acababa de tener lugar una crisis financiera de dimensiones globales; Rusia había invadido Georgia pocos meses antes, desafiando a las potencias occidentales; la relación con Corea del Norte pasaba por momentos de tensión, luego de que G. W. Bush exigiera la suspensión de su programa nuclear. Por último, las guerras en Afganistán e Irak estaban empantanadas y habían generado un deterioro en las relaciones con los aliados tradicionales de los Estados Unidos.

A su vez, la era Bush también dejado un saldo positivo para los intereses estadounidenses en muchos aspectos: el mandatario republicano había sabido acompañar el proceso de apertura en China, promocionando una relación estable y medianamente constructiva, mientras apostaba a fortalecer la alianza estratégica con India. En Medio Oriente, se habían profundizado los lazos con Israel, Arabia Saudita y Jordania, y Al Qaeda parecía un enemigo posible de controlar. En sus cuatro años de gobierno, Bush también dejó avanzados diversos tratados de libre comercio con Corea del Sur, Colombia y Panamá y sentó las bases para el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica.

Ocho años más tarde, llega la hora de realizar un balance de la era Obama y analizar el escenario que heredará su sucesor. Quien asuma en enero de 2017 se encontrará con:

  • Un Estado Islámico que controla grandes porciones de territorio en Medio Oriente y con capacidad financiera y logística para realizar ataques en países de Occidente.
  • Lejos de poder retirar las tropas de Irak y Afganistán, Estados Unidos ha tenido que reforzar su presencia militar en Medio Oriente y la paz en la región parece cada vez más lejana, con el vertiginoso avance de ISIS en la región.
  • Ha habido una propagación de las «franquicias» yihaddistas en África, Medio Oriente y el Sur de Asia.
  • Corea del Norte ha dado señales de una proliferación nuclear creciente.
  • China se ha convertido en una nación que avanza sin reservas sobre sus áreas de influencia y confronta más abiertamente con los intereses norteamericanos.
  • No hubo avances sustanciales que permitan cerrar la base de Guantánamo.
  • Rusia, que el año pasado invadió Crimea y posteriormente anexó su territorio, ahora está incursionando militarmente en Siria a favor de Bashar al-Assad.
  • Los escándalos de espionaje han generado un deterioro en las relaciones de los Estados Unidos con sus aliados occidentales.

Uno de los logros que presume la actual administración es la firma del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica, un proyecto iniciado por G. W. Bush y que no está exento de críticas. A su vez, la decisión de avanzar en el descongelamiento de las relaciones con Cuba, cerrar un acuerdo en materia de proliferación nuclear con Irán o acercarse políticamente al flamante gobierno de Myanmar, pueden interpretarse como intentos de volcar a su favor una agenda de cambios, que inició muy ambiciosa y que no se ha plasmado en demasiados resultados concretos. Por el momento, los logros son bastante modestos para un presidente que inició su gestión recibiendo un Premio Nobel de la Paz, sobre la base de sus declaraciones e intenciones.

Ana Jacoby | @WAXJacoby