Acuerdo entre Mercosur y Unión Europea en momento decisivo para su concreción

Las negociaciones entre el Mercosur y la Unión Europea para firmar un acuerdo se encuentran en un punto de inflexión. El cambio drástico causado por la política exterior del presidente Trump y la actitud positiva de los Gobiernos de Argentina y Brasil dinamizaron el proceso de negociaciones después de una década de letargo. Las diferencias en los capítulos negociados no deberían obstaculizar la concreción del acuerdo.

Sede administrativa del Mercosur, en Montevideo

La llegada del presidente Donald Trump a la Casa Blanca ha generado un cambio radical en las relaciones internacionales a nivel global. Su promesa de volver a Estados Unidos grandioso otra vez derivó en un cambio fundamental en la diplomacia internacional. Tanto es así que la canciller alemana Angela Merkel reconoció el hecho de que el aliado de antaño al otro lado del Atlántico ya no es confiable. Esto a su vez imprimió un dinamismo tal a las relaciones entre el Mercosur (Mercosur) y la Unión Europea (UE) como no se veía en una década. Nuestros colegas diplomáticos en las capitales europeas empezaron a mediados del 2017 a conversar más decididamente con nosotros sobre el acuerdo entre ambos bloques y se animaron a dar fechas tentativas para la firma. Incluso se mencionó a la cumbre de la Organización Mundial de Comercio realizada en Buenos Aires en diciembre de 2017 como circunstancia acertada para anunciar el acuerdo entre ambos bloques y dar una señal al mundo de que el multilateralismo está vigente y es la forma más adecuada de asegurar una mejor calidad de vida para los seres humanos. Este dinamismo se vio reforzado por el cambio de actitud de Argentina con la llegada del presidente Macri y de Brasil con el presidente Temer.

Sin embargo, esta euforia se fue enfriando en el 2018, ya que los avances en las negociaciones se estancaron. La directora general de Integración y Mercosur del Uruguay Valeria Csukasi sostuvo, después de las rondas de julio en Bruselas, que «no hubo movimiento del lado de la UE; no hay nada que haya pasado en Bruselas que nos haga sentir que estamos más cerca de un acuerdo, y no por el Mercosur, sino porque no hubo movimientos del lado de la UE». El canciller argentino Jorge Faurie fue un poco más optimista al sostener que el acuerdo podría firmarse en setiembre, fecha en que habrá una reunión de ministros del Mercosur con los comisarios europeos de Comercio, Cecilia Malstrom, y de Agricultura, Phil Hogan. Lo concreto es que el momento para finiquitar este acuerdo está llegando a su punto de inflexión, ya que el Mercosur ha iniciado negociaciones para acuerdos comerciales con Canadá, con la Asociación Europea de Libre Comercio EFTA, y está próxima a negociar con Singapur y Corea del Sur.

Veamos los números del comercio internacional entre ambos bloques para conocer mejor lo que se está negociando (elaboración propia, con datos de la Comisión Europea):

Principales socios comerciales del Mercosur, 2017

Principales socios comerciales del Mercosur, 2017

Principales socios comerciales de la UE, 2017

Principales socios comerciales de la UE, 2017

Mientras que la UE representa el 20,3 % del total del comercio internacional del Mercosur, constituyendo el segundo socio comercial más importante, el Mercosur es solo el décimo socio comercial de la UE, con un 2,2 % del volumen total. El 72,1 % de las exportaciones del Mercosur constituyen productos primarios (productos agrícolas, combustibles y minería) y el 23,4 % son manufacturas (hierro y acero, químicos, otras manufacturas, maquinarias y equipos de transporte). Las exportaciones de la UE hacia el Mercosur denotan un comportamiento contrario: el 83 % representan las manufacturas y el 13,4 % los productos primarios. Entonces, ¿dónde se encuentra el cuello de botella? Veamos a continuación algunos puntos en donde existen diferencias de criterio.

El sector agrícola es prioridad para el Mercosur pero no para la UE. La cuota propuesta por la UE en carne vacuna es de 99.000 toneladas por año, es decir, no hay aumento de la cuota existente, solo se propone liberación de aranceles. El consumo total de carne de la UE es de aproximadamente 8 milones de toneladas al año, una cuota de 160.000 toneladas como la solicitada por el Mercosur representaría apenas un 2 % del consumo.

Otro rubro en donde no hay acuerdo es en el etanol, en donde a pesar de que las acusaciones de dumping hechas por la UE fueron rechazadas por la Organización Mundial de Comercio, las cuotas siguen sin aumentarse.

El sector automotriz es prioridad para la UE. La regla de origen solicitada por la UE fue aceptada por el Mercosur y será del 45 % (dentro del Mercosur rige el 50 %), pero Brasil solicitó un periodo de transición de más de 10 años para ajustar su estructura industrial. La dependencia económica de algunos países de la UE es muy alta; en Alemania uno de cada cuatro euros de ventas de la industria manufacturera proviene del sector automovilístico.

Las indicaciones geográficas o denominaciones de origen son uno de los puntos más reclamados por la UE; sin embargo, aquí se podría llegar a un acuerdo utilizando el modelo acordado con México, que permite disipar cualquier duda a los consumidores a través del etiquetado correcto que indica de dónde vienen los productos.

La UE ha dado muestras de querer aumentar las cuotas de carne a cambio de tener un acceso preferencial a los servicios y contrataciones públicas del Mercosur, lo que podría dar acceso a 60.000 empresas europeas a estos rubros. Sin embargo, algunos miembros del Mercosur ven esto como una amenaza para sus empresas locales.

La misma complejidad de la negociación es un obstáculo al acuerdo. La UE está compuesta por 27 miembros y el logro de una concertación de intereses se ve complicado por la cantidad de actores con distintos desarrollos relativos, en donde algunos son más agrícolas que industriales, otros se concentran más en servicios, otros en tecnologías. Por otra parte, el Mercosur se caracteriza por una gran asimetría entre sus miembros, en donde los dos grandes socios Argentina y Brasil muchas veces imponen sus intereses a los más pequeños. Aun así, un acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea es perfectamente realizable en el esquema win-win-situation, siempre que para ello exista la voluntad política requerida.