Alemania en búsqueda de gobierno

Rápida aproximación a la situación actual de Alemania, en medio de tratativas políticas, consultas internas y necesidad de alianzas en la principal potencia de Europa.

Sede del Parlamento Federal (Bundestag) alemán en Berlín | Foto: Wolfgang Pehlemann, vía Wikicommons

Sede del Parlamento Federal (Bundestag) alemán en Berlín | Foto: Wolfgang Pehlemann, vía Wikicommons

Dado que Alemania tiene un sistema parlamentario, en el cual un partido político necesita haber obtenido como mínimo el 5 % de los votos para entrar al Bundestag, y es resorte exclusivo de dicho Parlamento elegir al canciller federal, se plantea una cuestión de trascendental importancia con relación al ejercicio del poder: para ser elegido canciller se necesita contar con la mayoría en el Parlamento, circunstancia muy poco probable debido a la forma de distribución de los escaños, y ello repercute en la necesidad de alianzas políticas.

En el contexto que se vive en estos días de febrero, el invierno parece estar recalentado por roces políticos y escenarios muy difusos en las calles del país germano.

Las últimas elecciones, en septiembre de 2017, dejaron un Parlamento multicolor, que hacen imperioso un acuerdo entre el oficialismo (Unión Demócrata Cristiana, CDU) y otro partido con suficiente presencia en el Parlamento que le permita una mayoría estable, si quiere evitar un gobierno en minoría, algo inédito en Alemania, donde hasta ahora se ha privilegiado el consenso.

Han pasado casi cinco meses sin que se encuentre cómo sentar las bases de la nueva administración. El presidente federal, figura que rara vez interviene en asuntos políticos internos, y que actualmente es Frank-Walter Steinmeier, miembro del SPD, es quien habría llamado a dialogar a las dos grandes fuerzas partidarias con el fin de que reflexionaran sobre la conveniencia de formar alianza y dar el voto de confianza para gobernar.

El panorama muestra a la Unión Demócrata Cristiana (CDU) cuestionándose internamente la continuidad de la estructura actual que la representa, luego de las críticas recibidas a las últimas decisiones adoptadas por el Gobierno (principalmente por las políticas sobre refugiados). La oposición está encabezada por un Partido Socialdemócrata (SPD) —hasta hace pocos días liderado por Martin Schulz— en recaída, quiebre y renovación, luego de que su líder expresara públicamente su rotunda negativa a formar la Gran Coalición (GroKo) y mucho menos a integrar el gabinete con el partido de Angela Merkel. El acuerdo logrado entre ambas fuerzas políticas (CDU-SPD) y el trascendido de que Schulz aspiraba la cartera de Relaciones Exteriores provocaron una enorme controversia interna en el partido y obligaron a Schulz a renunciar a la presidencia y a excluirse del proceso.

Por estos días se habría llegado a un acuerdo inicial para formar gobierno, con el reparto de cargos ministeriales, pero esto todavía está pendiente de la aprobación por voto de los afiliados del SPD, así como del congreso de la CDU.

El Partido Socialdemócrata, que ha sufrido la peor elección desde 1949, convocó a todos sus afiliados para decidir el 4 de marzo sobre el destino de la Gran Coalición. Alrededor de 500.000 afiliados están habilitados para aprobar o negar que el partido forme coalición con el oficialismo.

Por otro lado, la CDU organiza un congreso partidario para el próximo 26 de febrero, ocasión en la que sus miembros deberán aprobar el estatuto de la coalición.

Tampoco se puede dejar de lado el fantasma de nuevas elecciones frente a un eventual fracaso de este proceso. Ello significaría el avance de Alternativa para Alemania (AfD) en el Parlamento: algunas encuestas le dan una intención de voto del 20 % para esa eventualidad.

Con la dimisión de Schulz, la presidencia del SPD hasta las elecciones internas del 22 de abril será ocupada por el alcalde de Hamburgo, Olaf Scholz, de quien ya se sabe que sería el ministro de Finanzas del próximo gobierno de coalición, si esta finalmente consigue los votos necesarios.

A todo esto, la progresiva escalada de la derecha dura y las voces que hablan de un reemplazo de la actual canciller, hacen que el mundo esté expectante al resultado de la consulta interna de los dos partidos de la Gran Coalición.

 

Jerónimo Franco Trigo
Argentino. Abogado. Practicante en el Equipo para América Latina de la Fundación Konrad Adenauer en Berlín