Argentina ante una nueva encrucijada

Ante una corrida bancaria intempestiva el gobierno de Mauricio Macri vuelve al FMI. ¿Cuáles son los pros y contras de esta difícil medida?

El gobierno argentino volvió a tratar con el FMI, con la intención de generar un blindaje económico para el país. Hubo un corrimiento internacional que hizo que quienes habían invertido en el país en LEBACS (letras del Banco Central de la Argentina, títulos a corto plazo) retiraran su dinero, generando así una corrida especulativa que provocó una suba del dólar. Estos fondos de inversión se fueron con su dinero y en el medio quedó un gobierno que pudo afrontar esas vicisitudes pero que no podría abordar otra de estas batallas y salir ileso. Un porcentaje no menor de las reservas se licuaron.

Con toda esta problemática, y tratando de hacer tripas corazón, el presidente Macri se comunicó con Christine Lagarde, la número uno del FMI. Hacer esa llamada tiene puntos a favor y en contra; a favor es que la tasa de interés de un préstamo del FMI es un 4 %, contra el 8 % de los mercados; en contra es que para prestar dinero se piden medidas concretas que conllevan un costo político.

Por otro lado está el estigma de volver al Fondo. Cuando en 2006 Néstor Kirchner finalizó la deuda argentina con el FMI no lo hizo porque le sobrara el dinero, sino para evitarse los controles que el organismo hacía sobre la política monetaria estatal.

En resumen, el FMI presta dinero a una tasa más baja pero pregunta en qué se va a gastar cada dólar y se preocupa por cómo se hará para devolvérselo. En cambio, cuando el que presta es el mercado internacional, lo único que le importa es cobrar los intereses sin estar encima de las cuentas. Obviamente, el kirchnerismo optó por la segunda. Por allí pasó, por ejemplo, el pago de la deuda al Club de París con escasísimas quitas. Pagaron lo que les dijeron que tenían que pagar. Luego, con la llegada de Cambiemos al gobierno, se negoció con los llamados fondos buitre para salir del famoso default. Se consiguieron quitas enormes y se pudo volver de cierta forma al mercado internacional.

Lo que queda claro es que el gobierno actual de la Argentina comunicó mal en qué estado recibió el país. Se dice que fue para justamente no asustar a los inversores. A la larga, esto le pasó cierta factura, y hoy va a pagar un costo político, sin dudas, pero lo hace por el bien del país. Si quería jugar al populismo, Macri pudo haber echado mano a las reservas y dejarlas en el estado en que las dejó su antecesora, la Dra. Fernández, o mantener una tasa de inflación alta y repartir billetes. Como este es un gobierno que apela a la seriedad y a dejar todo eso atrás, lucha cada día por bajar el déficit y la inflación.

Para terminar con todo ese pasado reciente de división y problemas políticos, sociales, económicos y de estructura, a veces hay que volver a tomar impulso, así no nos guste quienes nos ayuda a impulsarnos. Argentina es un país pobre con los recursos que los países ricos sueñan. Un país donde el 30 % de quienes lo habitan están por debajo de la línea de la pobreza no se puede dar el lujo de volver al populismo, siguiendo el camino de otros países de la región signados por sus crisis políticas, como Brasil, Perú, la posibilidad de embates populistas que crecen con fuerza en México y la eterna crisis venezolana.

 

Danilo Rey | @DaniloRey1
Coordinador del programa «Argentinos en el exterior» para Uruguay, de Cambiemos (Argentina)