Bolivia 21F: la victoria pírrica de la ciudadanía

Luego de dos años del referéndum constitucional del 21 de febrero de 2016, en que los ciudadanos le dijeron no al régimen de Evo Morales de ir a otra elección nacional y tras la luz verde que le dio el Tribunal Constitucional Plurinacional el 28 de noviembre del año pasado para ser reelegido de manera indefinida bajo la excusa de la prevalencia de convenios internacionales sobre la Constitución Política del Estado, habilitando la repostulación de Evo Morales y Álvaro García Linera para los siguientes comicios electorales generales, los ciudadanos salieron el 21F a las calles manifestando su malestar mediante un paro nacional, marchas y bloqueos. Más allá de los análisis exitistas y del redundante discurso de la victoria ciudadana en las calles contra el régimen es momento de bajar de la nube de la victoria pírrica y ver de manera fría el escenario político.

Manifestación en defensa del resultado del referéndum en La Paz

Manifestación en defensa del resultado del referéndum en La Paz

Según el índice de desarrollo democrático de América Latina (IDD-Lat), países como Venezuela y Bolivia son democracias y no dictaduras, pues existe división de poderes: Ejecutivo, Legislativo, Judicial y Electoral. No son regímenes de partido único, existe una oposición (inerte e inútil) contra el gobierno constituido. Los ciudadanos salen libremente a protestar, incluso lo hacen frente al presidente en un evento como el Dakar, como lo hizo el piloto boliviano Leonardo Martínez pidiendo el respeto de la Constitución y el referéndum.

En Bolivia estamos bajo una tiranía muy inteligente, que utiliza la democracia a conveniencia y la ciudadanía utiliza formas de protesta muy convencionales como las de finales de los setenta del siglo XX. Parece que no nos damos cuenta de que el método de lucha no funciona. Si fuera efectivo, Nicolás Maduro hace mucho ya no sería presidente de Venezuela, debido al centenar de protestas en las calles contra su gobierno. Empero, teniendo el ejemplo del país caribeño, los bolivianos insistimos en las protestas tomando las calles con paros, marchas y bloqueos. Parece que una maldición estuviera sobre nosotros.

¿Qué mal sufrimos entonces? La respuesta es simple: la apolítica. En doce años el régimen se ha empeñado en hacernos pensar que el quehacer político es execrable. Activistas y plataformas ciudadanas parece que le han tomado la palabra al Gobierno y sus protestas, tal como lo mencionó el rector de la Universidad Mayor de San Andrés en una multitudinaria manifestación en defensa del referéndum, es que la movilización no es política y que esto es una muestra del empoderamiento ciudadano. Olvidaba generosamente que el ciudadano goza de derechos políticos y debe ejercerlos. Lamentablemente, la masa en las calles no goza de representación política y esto es muy conveniente para Evo Morales y el Movimiento al Socialismo.

Carlos Mesa Gisbert menciona en Presidencia sitiada: memoria de mi gobierno que Gonzalo Sánchez de Lozada utilizó la paradoja del objeto inamovible y la fuerza irresistible para explicar los sucesos que pasaron en febrero y octubre de 2003. El 17 de octubre se dio el choque de la fuerza irresistible contra el objeto inamovible, donde la fuerza quebró al objeto. A partir de ese momento se configuró el actual escenario político boliviano. La fuerza irresistible tenía representación política: Evo Morales y el Movimiento al Socialismo; el objeto inamovible era Gonzalo Sánchez de Lozada y la cúpula del Movimiento Nacionalista Revolucionario. Tal escenario es muy lejano hoy. Los partidos políticos de la oposición no logran cautivar a la multitud descontenta, tampoco logran generar una propuesta diferente a la gubernamental. La alianza opositora Unidad Demócrata se encuentra conformada por Unidad Nacional (perteneciente a la Internacional Socialista) y el Movimiento Demócrata Social (partido socialdemócrata).

Al no existir una propuesta diferente, el escenario político boliviano se resume en la lucha de la izquierda revolucionaria en el poder contra la izquierda deslactosada. El Estado es un botín político, la administración pública está en expansión a costa de la población y la ciudadanía descontenta, sin representación política, parece esperar una propuesta liberal que no existe en el sistema político.

 

Jorge Roberto Márquez Meruvia | @JRMarquezM
Politólogo. Director de Gaceta Hoy y columnista de opinión de El Día de Santa Cruz de la Sierra, Los Tiempos de Cochabamba y El Diario de La Paz