Bolivia es uno de los países más pobres del Cono Sur americano y desde hace más de diez años se encuentra gobernado por el populista Evo Morales. Entre sus reformas más importantes se encuentra la elección judicial, por la que la ciudadanía elige mediante el voto a los máximos magistrados de justicia del país. Según el Gobierno, esta es una manera eficaz de mejorar al ineficiente sistema judicial boliviano. La elección de magistrados también tiene la pretensión de ser un elemento exportable a otras latitudes.

Pintada callejera por el voto nulo, Santa Cruz de la Sierra, noviembre de 2017 | Foto: Ángel Arellano

Pintada callejera por el voto nulo, Santa Cruz de la Sierra, noviembre de 2017 | Foto: Ángel Arellano

En Ensayos sobre la lucidez, de José Saramago, la población decide ir al llamado de las urnas y sorprende no muy gratamente a la elite política y al Gobierno, y el resultado del conteo muestra que el 83 % son votos en blanco. Las artes y las letras siempre intentan imitar a la vida; así, en el año 2011, en las primeras elecciones judiciales realizadas en Bolivia los votos en blanco y nulos fueron el 60 %. Tras un golpe tan duro a la legitimidad de las autoridades electas, ahora nos encontramos nuevamente rumbo a unas elecciones de autoridades judiciales.

Reformar la justicia en un país como Bolivia es un problema más que complicado. Obviamente, no es un problema totalmente boliviano. En México se creó el término porkycracia para denunciar los males de la justicia de ese país y la facilidad que tienen de malearla todos los que cuentan con cierto capital económico. No es solamente el problema de un país: es también un problema latinoamericano. Tratar de saber cuáles son las bases de nuestros males con uno de los más importantes poderes del Estado tiene sus raíces históricas. En la época colonial se utilizaba con frecuencia un refrán muy popular: «al amigo todo, al enemigo la ley». Debemos recordar que, en el Archivo General de Indias ubicado en Sevilla, gran parte de la documentación son quejas sobre el sistema judicial.

En la primera elección judicial en Bolivia el gobierno del Movimiento al Socialismo sacó del debate la meritocracia. Vivimos en un «proceso de cambio», una revolución, y todo aquello que es parte del antiguo régimen debe desaparecer. Ya en camino a una segunda elección judicial, el régimen revolucionario boliviano acude a la meritocracia para así dejar el mal recuerdo de la baja legitimidad de las actuales autoridades judiciales.

El gobierno del presidente Evo Morales se proclama como uno de los más democráticos del mundo; un claro ejemplo sería el exceso de uso de las urnas, ya sea para referéndums o para elección de autoridades. Teóricos de la democracia, como Sartori o Dahl, afirman que para una democracia es nefasto estar practicando permanentemente el voto, ya que es la estratagema de los demagogos para seguir en el poder. Maquiavelo en El príncipe menciona que el príncipe debe crear la ilusión de que el pueblo es el que elige, según las opciones que hábilmente la autoridad le da.

El nuevo proceso de elección de autoridades judiciales trae al escenario político boliviano la incapacidad de hacer lo correcto, tanto del oficialismo como de la oposición. El gobernante Movimiento al Socialismo sabe muy bien que conduce un proceso de cambio, una revolución que no hará ningún tipo de miramientos para hacerse con el control total del poder. Las elecciones judiciales son la excusa para dominar el órgano judicial. Efectivamente, como es del caso en las revoluciones de izquierda, es necesario ejercer el control de todos los poderes del Estado para crear el nuevo hombre y dar a conocer al mundo el famoso buen vivir.

Los políticos bolivianos y gran parte de su población tenemos una memoria muy generosa con el olvido. Durante más de diez años el gobierno del MAS cada día ha demonizado al neoliberalismo. En 1991, en el gobierno de Paz Zamora, se institucionalizó la Corte Nacional Electoral, Tanto el Congreso Nacional como todos los miembros de los partidos políticos de entonces tuvieron la voluntad de hacer lo correcto y dejar de manosear la CNE que estaba en entredicho por el mal manejo de la banda de los cuatro al finalizar la década de 1980. Nombraron a personajes de gran trayectoria y, con Huáscar Cajías, Alcira Espinoza, Iván Guzmán de Rojas, Jorge Lazarte y Rolando Costas Arduz a la cabeza, devolvieron la credibilidad a la CNE.

En un momento tan crucial para la justicia boliviana es imposible ver sensatez en nuestra clase política, que simplemente dedica esfuerzos a dar a conocer sus berrinches a través de los medios de comunicación y no es capaz de buscar en nuestra historia reciente soluciones para hacer lo correcto con la justicia boliviana. Ojalá el ejemplo dado en 1991 al institucionalizar el CNE pueda reflejarse con el órgano judicial. Si no, todos los intentos serán vanos y retóricos.

 

Jorge Roberto Márquez Meruvia | @JRMarquezM
Politólogo. Director de Gaceta Hoy y columnista de opinión de El Día y Los Tiempos, en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia