Brasil a 100 días de las elecciones

Cien días antes de las elecciones, los más de 145 millones de votantes inscritos brasileños presentan un catálogo de demandas normal para Brasil; sin embargo, particularmente largo para los futuros representantes del pueblo.

Precandidatos Lula da Silva, Jair Bolsonaro, Marina Silva, Ciro Gomes

Precandidatos Lula da Silva, Jair Bolsonaro, Marina Silva, Ciro Gomes

Parte esencial de estas demandas son el reclamo de mejoras notables en las áreas de seguridad, educación, salud y trabajo y el fin de la corrupción y el abuso de poder. Después de que a finales de mayo, debido a una huelga de once días de los camioneros, hubo dificultades de aprovisionamiento, se sumó a las demandas la continuidad en el suministro de mercaderías. ¿En quiénes confiarán los electores para encontrar una solución duradera a los muchos problemas urgentes? Según el instituto de encuestas Datafolha, en junio un tercio de los brasileños todavía no tenía una respuesta a esta pregunta.

Los representantes del pueblo serán reemplazados en diferentes niveles: además del presidente de la República, los brasileños también elegirán el 7 de octubre una nueva Cámara de Diputados y dos tercios del Senado. El 28 de octubre probablemente se llevará a cabo una segunda vuelta electoral para el cargo presidencial. A nivel federal se elegirán 27 gobernadores y representantes parlamentarios de cada uno de los estados. En la percepción pública, estas superelecciones han estado dominadas por la pregunta de quién será el próximo jefe de gobierno, que es al mismo tiempo jefe de Estado en Brasil. Aunque la maraña de posibles candidatos ha comenzado a despejarse, el escenario sigue siendo bastante confuso. Recién entre el 20 de julio y el 5 de agosto los partidos determinarán en sus congresos quiénes serán los candidatos definitivos y se construirán las coaliciones para la campaña electoral. Los candidatos tienen hasta el 15 de agosto para registrarse en el Tribunal Supremo Electoral.

El menú de candidatos comienza a ordenarse

Al menos cuatro nombres están actualmente encabezando la carrera por la Presidencia, pero los resultados en ambas rondas dependerán de si el expresidente Lula da Silva (Partido de los Trabajadores, PT), condenado y encarcelado por corrupción y lavado de dinero, puede o no presentarse como candidato. Lula lidera en todos los escenarios electorales, con un 30 % de las intenciones de voto. De acuerdo con la situación actual, él saldría victorioso en una segunda vuelta electoral. Sin Lula en carrera, según Datafolha, la primera vuelta sería ganada, con 19 %, por el homofóbico, misógino, racista, glorificador del régimen militar y evangélico Jair Bolsonaro (Partido Social Liberal, PSL), que quiere posicionar a Brasil por encima de todo [1]. Atrás de él se ubicarían la exministra de Ambiente Marina Silva (Rede, 15 %), el izquierdista Ciro Gomes (Partido Democrático Laborista, PDT, 10 %) y el candidato de centroderecha Geraldo Alckmin (Partido de la Social Democracia Brasilera, PSDB, 7 %). Si la encuesta del 10 de junio fuese correcta, Marina Silva le ganaría a todos los candidatos mencionados en la segunda vuelta del 28 de octubre, con excepción de Lula. Los otros tres nombres coinciden en la intención de voto con una margen de ± 2 %.

Hay que destacar que Bolsonaro se muestra relativamente poco y, sin embargo, él y Lula son los candidatos a la Presidencia más comentados y con mayor presencia. Este alto grado de popularidad podría terminar siendo beneficioso para él. En Brasil, que es casi tan grande como un continente, no todos los nombres de los candidatos son conocidos en los rincones más remotos del país.

De igual manera, Mariana Silva es relativamente conocida. La exministra de Ambiente, que renunció al gabinete de Lula y al PT, ya se postuló sin éxito para el más alto cargo estatal en 2010 por el Partido Verde y en 2014 por el PSB (Partido Socialista Brasilero). Durante los años entre las elecciones no se escuchó mucho de ella. Sin una base partidaria grande y, actualmente, sin alianzas con otros partidos, aún queda por ver cómo podrá garantizar su visibilidad en los próximos meses. Con un discurso tendencialmente liberal, Marina Silva intenta posicionarse como la alternativa elegible para los mercados.

Ciro Gomes también se une a las filas de exministros candidatos presidenciales (1998, 2002). A comienzos de año, en sus apariciones, a menudo se aseguraba el estruendoso aplauso del público. Su estrategia parece tener como objetivo la unión de la izquierda.

Los observadores explican que la modesta actuación actual de Geraldo Alckmin, gobernador del estado de San Pablo desde 2006 hasta abril de este año, con índices positivos de aprobación, se debe a que no es conocido, a la lucha interna en su partido y al desgaste de su imagen debido a los escándalos de corrupción.

Dos cuestiones son decisivas para la victoria o el fracaso, no solo de Gomes y Alckmin. Primero: dado el caso, ¿quién heredará los votos de Lula? Segundo: ¿quién se llevará el 34 % de los votos de las personas aún indecisas o que pondrán voto inválido o en blanco? El expresidente del Tribunal Supremo, Joaquim Barbosa (PSB), descartó una candidatura para la Presidencia.

El impopular presidente Michel Temer (Movimiento Democrático de Brasil, MDB) también desistió en mayo de una posible candidatura y anunció su apoyo al exministro de Finanzas y copartidario Henrique Meirelles, que según las encuestas cuenta con el 1 % de la intención de voto.

Si los niveles de aprobación del actual presidente no hubieran alcanzado ya un mínimo histórico, habrían caído aún más como resultado de la huelga de camioneros y por la subsiguiente reacción del gobierno. Fue recién en mayo de 2018 que el quinto país más grande del mundo y su gobierno se dieron cuenta de manera dolorosa de lo mucho que dependían de los camioneros.

Los camioneros paralizan al Brasil…

Debido a que en Brasil prácticamente no existe una red ferroviaria, el transporte de bienes a todo el país se realiza por la red de carreteras. Más de dos tercios de las mercancías se transportan en camión. En respuesta a la notable subida de precios de los combustibles para los consumidores brasileños desde comienzos de año, el aumento de los precios del crudo en el mercado mundial y la política de precios más liberal de la empresa semiestatal Petrobras desde julio de 2017, los camioneros iniciaron el lunes de Pentecostés una huelga de once días y provocaron alrededor de mil cierres en carreteras. Todo esto, después de haberlo anunciado con varios meses de anticipación y de haber sido ignorados por el Gobierno. Los empleadores de los camioneros, que se vieron también afectados por el aumento de precios del combustible, apoyaron la huelga. Las consecuencias fueron notorias: Brasil se paralizó.

A las gasolineras de todo el país les faltaba combustible. El transporte público se interrumpió casi por completo y las escuelas y universidades tuvieron que permanecer cerradas durante tres días. Se cancelaron 270 vuelos, porque 14 aeropuertos no disponían de combustible. Al cabo de unos días, los productos frescos no consiguieron llegar más a las estanterías, lo que significó un gran daño para el sector agrario, una de las muchas ramas afectadas de la economía. Dos ejemplos: 70 millones de pollos tuvieron que ser sacrificados, 360.000 litros de leche tuvieron que ser desechados. En uno de los países agrícolas más grandes del mundo y líder en la producción de carne, los productos agrícolas no llegaban a los consumidores debido a las deficiencias estructurales. Si se tiene en cuenta que Brasil es miembro del G20 y del Foro BRICS, y fue considerado hasta hace pocos años como un superjugador emergente en la escena internacional, en tiempos del auge de las materias primas y de los grandes acontecimientos deportivos, y que tenía la pretensión de haber superado el umbral de un país en desarrollo, los acontecimientos bajaron al país a la realidad.

…y revelan el estancamiento y la incapacidad del gobierno para actuar

Las reacciones del Gobierno se hicieron esperar y fueron evaluadas como inadecuadas por el 95 % de la población. Después de tres días de espera, el gobierno de Temer primero eligió a las contrapartes negociadoras equivocadas. Debido a que los camioneros no están organizados, por ejemplo, en sindicatos, no fue posible identificar a una persona central de contacto. En vez de eso se reportaron nuevos líderes de los conductores, con quienes también se tuvo que negociar. Cuando después de cinco días llegó la escasez de suministros, los militares debieron despejar los bloqueos de las carreteras y escoltar los suministros de combustible. Con un creciente descontento de la población, provocado más bien por la incapacidad de solucionar problemas del Gobierno que por los camioneros, Temer anunció en el séptimo día una reducción del precio del diesel de 0,46 Rs (aproximadamente 0,1 EUR) durante un periodo de 60 días. Sin embargo, pasaron cuatro días más hasta que los camioneros regresaron al volante.

 

[1] De su página Facebook, posteo del 10.6.2018: «Brasil acima de tudo».

 

Traducción: Nicole Rubio