Brasil incierto

En la noche del martes 17 de mayo pasado, los noticieros televisivos en Brasil sonaban surrealistas: mientras los reporteros intentaban comprender las últimas denuncias de corrupción y obstrucción a la justicia hechas por los dueños de JBS —empresa gigante del sector de carnes— contra el presidente Temer y uno de los principales senadores del país, Aécio Neves, se podía ver durante los intervalos comerciales publicidad del Gobierno federal mostrando nuevas conquistas en el plano económico y la necesidad de las reformas por él propuestas. Durante todo el día el Gobierno había festejado el retorno —aunque pequeño— del crecimiento económico, pero el hecho quedó opacado cuando todo el tema de la implicancia de Temer en un caso de corrupción, llegó al público.

Michel Temer – via Wikimedia Commons

Con esta dicotomía empezó un nuevo capítulo de la triste situación política de Brasil. El escenario debe ser analizado con mucha cautela, pues los acontecimientos están en curso. Lo único cierto es que la operación Lava Jato está desnudando una infinidad de relaciones oscuras entre empresas privadas, empresas públicas y políticos de todos los colores, de todos los matices ideológicos.

Respecto al tema del presidente Temer y la sucesión presidencial hay una serie de posibilidades, cada cual con efectos distintos. El presidente, que tiene una de las más bajas aprobaciones de la historia del país, ya enfrenta un proceso judicial en el Tribunal Superior Electoral, conjuntamente con la expresidenta Dilma Rousseff, por abuso de poder durante la elección de 2014. Con las recientes denuncias de que aprobó que los empresarios de JBS enviasen dinero para mantener callado al exdiputado Eduardo Cunha, Temer también pasa a ser investigado por obstrucción de la justicia, un hecho gravísimo, pues las grabaciones que indican este delito han sido hechas dentro del palacio presidencial, en marzo pasado, en pleno ejercicio de su presidencia. Además de eso, tras las denuncias, solo en este viernes 19 de mayo ya se han protocolizado ocho pedidos de juicio político contra Temer.

Así planteado el escenario, se abren dos caminos: si Temer es condenado por crimen electoral, algunos juristas consideran que es posible pedir elecciones directas, aunque para ello hay que aprobar una reformar constitucional; pero si es destituido por el parlamento, luego de un proceso de impeachment tras ser condenado por la justicia común o por renuncia, la Constitución prevé que su cargo sea asumido interinamente por el presidente de la Cámara de Diputados (actualmente, Rodrigo Maia), para conducir un proceso de elección indirecta: el voto vendría de los diputados y senadores. Pero las reglas en este caso tampoco son muy claras, porque esa posibilidad existe en la Constitución pero no hay ley específica para este tipo de transición. También es importante apuntar que, en el caso de que el presidente de la Cámara de Diputados se viera impedido por estar siendo investigado por la justicia, aquella responsabilidad pasaría al presidente del Senado (actualmente, Eunício Oliveira), y si este también se encontrara impedido, asumiría el proceso la presidenta del Supremo Tribunal Federal, ministra Carmen Lúcia. Ambos presidentes —de Diputados y del Senado— también han sido citados en las delaciones premiadas de los investigados por la operación Lava Jato.

En el momento más crítico de la crisis, durante la tarde del día 18, se esperaba que en su discurso el presidente Temer informase su renuncia, pero fue enfático en afirmar: «No compré el silencio de nadie, y no renunciaré». Pero uno de sus más fieles escuderos, el recién destituido diputado Rodrigo Rocha Loures, fue grabado y fotografiado recibiendo dinero registrado por la policía federal a través de microchips en las maletas y de los números de serie de las notas. Así le sucedió al también recién destituido senador Aécio Neves, lo que prueba que el tema no se restringe a un solo partido.

Esta forma de operación se diferencia de las delaciones hechas por los miembros de Odebrecht, y ahora por los de JBS. Como los directivos de Odebrecht ya estaban presos, solo tienen como pruebas lo que han indicado como documentos pasados, pero los de JBS han acordado antes de ir a prisión y, por lo que se sabe, desde hace meses están colaborando con la justicia a través de lo que se llaman operaciones controladas, grabando y documentando hechos con distintos políticos, de distintos partidos. Según lo que ha informado la prensa, este es solo el comienzo de una nueva fase que promete ser devastadora para la clase política brasilera.

Por estos motivos, los efectos más traumáticos se han dado justamente en la economía, con la caída de más de 10 % en la bolsa de valores de San Pablo, lo que paralizó las operaciones durante la mañana de este viernes.

Miles de personas salieron a las calles al final de este este jueves para pedir la renuncia del presidente Temer y, ya tarde de la noche, nuevas informaciones de la existencia de cuentas secretas en Suiza a través de empresas falsas en Panamá —mantenidas por JBS para enviar dinero de corrupción a los expresidentes Lula y Dilma— abren una nueva fase, que promete novedades cada hora.

Más alarmante aún es que estos tentáculos de corrupción se extienden no solo por Brasil, sino por toda América Latina, lo que requerirá de mucha seriedad y responsabilidad en la conducción de las investigaciones.

Esta es una oportunidad importante, aunque muy dolorosa, para limpiar el país, pero es fundamental que la Constitución y las instituciones sean respetadas, sin atajos populistas que pueden causar aún más estragos a la sociedad.

 

Gil Castillo |  @gil_castillo   

Consultora Política, Chairwoman da Alacop – Asociacion Latinoamericana de Consultores Políticos