Claves sobre la ayuda humanitaria en Venezuela

Este fin de semana el mundo girará su atención hacia la frontera colombo-venezolana.

En Cúcuta, Colombia, refugiados venezolanos esperan frente al comedor Papa Francisco | Foto: Cristal Montanez, vía Flickr

En Cúcuta, Colombia, refugiados venezolanos esperan frente al comedor Papa Francisco | Foto: Cristal Montanez, vía Flickr

Juan Guaidó, presidente encargado de la República Bolivariana de Venezuela, anunció hace más de una semana que la ayuda humanitaria ingresaría al país el próximo 23 de febrero. Los días que siguieron a su declaración han estado marcados por expresiones de solidaridad internacional: países de la Unión Europea donarán 18 millones de dólares y 70 toneladas de ayuda, Estados Unidos envió insumos a Cúcuta y el multimillonario británico Richard Branson realizará el concierto Venezuela Aid Live con el propósito de recaudar fondos para aliviar la situación.

Sin embargo, mientras se unen esfuerzos para encontrar paliativos para la emergencia, Nicolás Maduro la niega. Quien usurpa el Poder Ejecutivo en Venezuela afirma que se trata de un «show de Donald Trump» y una estrategia «del Imperio» para hacerse de las riquezas del país. En este artículo presentamos cifras que describen las dimensiones de la emergencia, exponemos las causas que la provocaron y ofrecemos una breve dimensión política del problema.

I.

Resulta común transitar por cualquier calle de Venezuela y encontrar personas hurgando en la basura. Se ha vuelto cotidiano que algún niño muera por falta de medicamentos y que predominen las solicitudes de insumos a modo de servicio público. La crisis humanitaria en Venezuela es completa y transciende fronteras. Solo así se explica el fenómeno de los millones de personas que han salido de sus hogares huyendo de la miseria, sin más destino que el deseo de dejar el hambre atrás.

Las cifras describen lo que muestran las imágenes. La Encuesta Nacional de Hospitales (2018) indica que ocho de cada diez centros presentan fallas de medicamentos e insumos. Destaca que ningún laboratorio clínico presta servicio permanente. Denuncia que 96 % de los servicios de nutrición están inactivos y 66 % de las unidades de pediatría no cuentan con fórmulas para recién nacidos. Seis de cada diez camas de los hospitales están inactivas y más de la mitad de los pabellones están cerrados. El estudio realizado por la Asamblea Nacional y por Médicos por la Salud revela el colapso total del sistema sanitario y explica el fallecimiento de pacientes que presentan cuadros que no deberían ser mortales.

La crisis en materia de salud es extendida y se ve agravada por el aumento del índice de pobreza. La Encuesta Nacional de Condiciones de Vida —realizada por la Universidad Católica Andrés Bellos y otras casas de estudio— revela el incremento sistemático del indicador. En 2014 arrojó 48,4 % de pobreza. En 2015 aumentó a 73 %. El año siguiente subió a 81,8 % y en 2017 llegó a 91,3 %. Esto quiere decir que hace dos años nueve de cada diez hogares venezolanos eran pobres. La realidad lleva a pensar que esa cifra se ha incrementado en la actualidad.

Cuando revisamos la situación de la alimentación encontramos un panorama devastador. En 2018 Caritas de Venezuela alertó que durante ese año se podía prever el fallecimiento de 280.000 niños a causa de desnutrición. Su directora, Janeth Márquez, indicó que 11.4% de los niños menores de cinco años sufren de malnutrición moderada o severa. Por su parte, el Observatorio Venezolano de Salud, denunció que seis de cada diez niños presenta algún grado de desnutrición.

Las cifras citadas en este artículo son ofrecidas por la sociedad civil. La Revolución bolivariana no publica cifras oficiales. Cree que ocultando las estadísticas puede invisibilizar la realidad. Sin embargo, la crisis humanitaria en Venezuela es imposible de esconder. Trasciende fronteras y ha sido registrada por organizaciones no gubernamentales, universidades y comisiones del Poder Legislativo que se han dado a la tarea de llevar registro del drama humano que ha creado el socialismo del siglo XXI. Venezuela, después de veinte años de régimen chavista, es un país profundamente desigual, estructuralmente pobre y carente de libertad.

II.

Las dimensiones estructurales de la crisis humanitaria en Venezuela despiertan la inquietud de muchos. Es recurrente la pregunta: ¿cómo un país con tantos recursos naturales puede llegar a tales extremos de pobreza? Ángel Alvarado es diputado a la Asamblea Nacional por Petare, el sector popular más grande de Caracas. Es economista y explica que «la emergencia humanitaria compleja que sufrimos los venezolanos no es producto del azar ni del descenso de los precios del petróleo. Es consecuencia de un modelo político y económico que desconoce la propiedad privada, la iniciativa particular y los derechos económicos establecidos en nuestra Constitución. El socialismo del siglo XXI heredó los principios de dominación del socialismo real y por eso ha generado consecuencias similares a las grandes tragedias que ocurrieron en Europa del Este en el siglo XX».

«Las políticas expropiatorias de Hugo Chávez Frías a partir de 2007 destruyeron nuestra capacidad productiva. Eso generó que lo que se consumía en el país era mucho más de lo que se producía puertas adentro. Mientras los precios del petróleo estuvieron altos, el Estado venezolano se endeudó y suplió estas carencias con exportaciones. De hecho, Venezuela multiplicó su deuda durante los seis años de bonanza petrolera. Chávez llevó la deuda externa de 30.000 millones de dólares a 180.000 millones de dólares. Así, el Estado venezolano agotó su capacidad de endeudamiento. Cuando cayeron los precios del petróleo, la Revolución bolivariana optó por cancelar los compromisos adquiridos y suprimir la importación de alimentos y medicinas. Entre 2014 y 2016 las importaciones de alimentos cayeron 70 % y entre 2012 y 2016 la importación de medicamentos y equipos médicos cayó el mismo porcentaje», indicó.

Para el diputado de Primero Justicia el colapso simultáneo de las importaciones y de la producción local es la causa inmediata de la crisis. Ambos derrumbes —importaciones y producción— son consecuencia de un modelo político y económico que ejerce el poder alejado de la justicia y encuentra en cada persona un objeto para su dominación.

III.

Culmino este artículo con tres consideraciones políticas. La primera refiere al peso de las variables estructurales en los procesos de cambio político. La segunda alude a la importancia de la solidaridad democrática. Y la tercera propone soluciones reales al problema.

Primero: el caso venezolano confirma que las condiciones estructurales precarias no son variable determinante para concretar el cambio político. La pobreza, la desigualdad y la injusticia social crean condiciones que pueden propiciar un cambio de régimen, pero no lo garantiza. Tal como lo explican Mainwaring y Pérez Liñán (2013), los sistemas políticos pueden resistir condiciones estructurales adversas y lo que propicia el cambio es la cristalización de las preferencias normativas de los actores políticos.

Segundo: el caso venezolano destaca la importancia de la solidaridad internacional en materia política e humanitaria. Durante años la oposición venezolana alertó nacional e internacionalmente sobre el colapso económico que padecemos hoy. Entre 2016 y 2019 la Asamblea Nacional aprobó 16 acuerdos parlamentarios sobre el avance de la emergencia humanitaria compleja. La solidaridad política e humanitaria expresada por más de 50 países después del 23 de enero es el megáfono que ha ayudado a expandir la voz de quienes más sufren.

Tercero: la solución de fondo a la emergencia humanitaria compleja es el cese de la usurpación y la apertura hacia la democracia. La ayuda humanitaria será un paliativo para la grave situación que vivimos. Sin embargo, la verdadera solución al problema social se encuentra en el ámbito de lo político. Venezuela solo podrá volver a ser próspera si recupera el orden constitucional y restaura la democracia.