En Colombia, la juventud se enfrenta a una agenda intensa. La temática de la paz es el telón de fondo sobre el que se articulan las pasiones.

Jóvenes en Bogotá | Foto: Pedro Szekely, vía Flickr

Jóvenes en Bogotá | Foto: Pedro Szekely, vía Flickr

El proceso electoral 2018, que está iniciando, constituye una trama interesante con algunas novedades sorprendentes, como el lanzamiento de las FARC como un partido político que competirá en esa instancia. Al comenzar setiembre, la visita del papa Francisco dominó la agenda; el tema de la paz estuvo sobrevolando y el espíritu de búsqueda de la unidad nacional se vio reforzado.

Los jóvenes asumen el tema de la paz como propio. Lejos están de referirse a él como un problema de otra generación. Algunos jóvenes se muestran favorables al camino de la paz, en línea con la propuesta del presidente Juan Manuel Santos, y otros están en contra. Quienes se muestran a favor, consideran que es hora de dar vuelta la página, y que es difícil hacerlo sin negociar algunas concesiones. Quienes se muestran en contra, aseveran que las concesiones son excesivas y sienten que estas atentan contra sus valores. Los más escépticos incluso sienten que con la guerrilla no habrá paz posible y, por tanto, ninguna concesión —por mínima que sea— será fructífera en el largo plazo.

La pasión y el grado de información con que se refieren al tema muestran que los jóvenes colombianos están interesados y comprometidos con lo que ocurre en su país, y que son capaces de asumir posturas sustantivas.

Cuando se les habla de política, sin embargo, se produce un mayoritario rechazo. Entendida como política partidaria o política tradicional, esta es mirada con desconfianza y lejanía. Una buena parte de los jóvenes entrevistados piensan que los partidos políticos en su país funcionan mal. Incluso les cuesta identificar con claridad cuáles son los partidos más relevantes de la actualidad: recuerdan líderes mucho más fácilmente que partidos.

La creencia de que las estructuras de los partidos están llenas de vicios está bastante extendida. El más profundo de los problemas es la corrupción. Varios jóvenes creen que los altos cargos de los partidos procuran básicamente beneficios propios, ya sea en dinero o en espacios de poder. Muchos jóvenes, cuando se aproximan a los partidos, se sienten mayormente utilizados. Piensan que se los convoca en momentos cercanos a un proceso electoral —como el que se está iniciando— pero sin interés real por escuchar su opinión y darles participación real. Por otra parte, es sorprendente la descripción que hacen de los mecanismos de compra de votos por los líderes políticos. A escala local, la compensación económica —en efectivo, muchas veces; algunas, en bienes de distinta índole— es un mecanismo relatado sistemáticamente por diversos jóvenes como un hecho extendido en la política colombiana. En general, les cuesta distinguir partidos que se desempeñen por fuera de estas prácticas, que atribuyen a todos por igual. Por último, al igual que ocurre en la mayor parte de América Latina, muchos jóvenes ven que los partidos son estructuras verticales con el poder concentrado en unas pocas manos, y asumen que es difícil romper con esta concentración de poder.

Con este panorama, los jóvenes interesados en participar de los asuntos públicos muchas veces se ven atraídos por hacerlo a través de espacios no partidarios. Organizaciones sociales o religiosas, iniciativas privadas de compromiso social de pequeña escala, organizaciones estudiantiles, o incluso redes sociales, son espacios que en ocasiones resultan más amigables que los partidos políticos.

El compromiso del voto sí parece estar presente y hay niveles importantes de creencia en que es un mecanismo importante para determinar el futuro.

En suma, en este proceso electoral que comienza, los partidos colombianos tendrán que realizar un esfuerzo importante para convencer a una juventud que se muestra interesada en los destinos del país pero que desconfía de su dirigencia.

 

Ignacio Zuasnabar | @IZuasnabar
Consultor político y analista de opinión pública. Director de Equipos Consultores. Presidente de WAPOR Latinoamérica. Profesor de la Universidad Católica del Uruguay