La consolidación de Merkel como líder mundial.

Cumbre G20, 7-8 de julio de 20147, Hamburgo, Alemania | Foto: Consejo de la Unión Europea

Mucho se ha hablado durante y después de la reciente cumbre del G20 realizada en Hamburgo, del verdadero infierno en el que se convirtió esta ciudad por obra y gracia de los feroces grupos de manifestantes antiglobalización, que parecen no encontrar mejor camino que la violencia directa para mostrar su disconformidad con el sistema capitalista y los líderes de las principales potencias del mundo.

Pero esta no fue solo la cumbre de la violencia, ni tampoco la reunión donde quedó sellada la virtual soledad de los Estados Unidos en el escenario mundial. Sin minimizar el arraigo que las ideas de los manifestantes pueda tener en un porcentaje de la juventud europea, y el poco interés mostrado por los mandatarios del G20 a problemas que los afectan directamente, como el de los refugiados, la canciller alemana Angela Merkel pudo consolidar en la organización de esta cumbre su liderazgo más allá de los límites de la Unión Europea, en momentos en que las disidencias y la imprevisibilidad parecen ser los comunes denominadores a escala mundial.

El documento final de la cumbre contiene —al menos en sus anexos— referencias al calentamiento global que el presidente norteamericano Donald Trump considera un detalle menor. También al libre comercio como el mejor sistema para el desarrollo y bienestar de las naciones, aunque con la salvedad del cuidado de las «producciones locales» que pregonan los países que quieren cerrar sus economías. A la cabeza de Europa, y con aliados como China, Canadá o Argentina, Merkel impuso una visión del mundo más abierta y colaborativa. Lejos estuvo Trump, con el apoyo ocasional de Gran Bretaña y (a medias) de Rusia, de lograr consenso en torno a sus ideas, tan criticadas en su propio país.

Como anfitriona, Merkel pudo haberse evitado las críticas de los medios alemanes a meses de las elecciones mudando al G20 a una zona más alejada del país. Eligió Hamburgo, donde los grupos de izquierda radicalizados tienen su base desde hace varias décadas, en barrios antiglobalización como Sankt Pauli, ubicado a pocos kilómetros de donde las cabezas del mundo estuvieron reunidos el fin de semana. ¿Error? Difícil de creer, aunque en todo caso el modelo que se propone es diametralmente opuesto al de China, país que organizó la cumbre del G20 el año pasado en una Hangzhou vacía, con presidentes sin contacto alguno con la población local.

Entre los aliados que busca Alemania está claramente la Argentina. La sintonía entre Merkel y el presidente Mauricio Macri, que quedó evidenciada en la reciente visita de la canciller alemana a Buenos Aires, quedó reafirmada en Hamburgo, donde Argentina tomó la posta para la realización de la próxima reunión del G20, a fines de 2018.

Para Macri fue también esta una cumbre provechosa. Además de sus charlas con presidentes de países emergentes como India, Singapur y Sudáfrica, obtuvo del presidente francés Emmanuel Macron un guiño para avanzar en el trabajoso pero inminente acuerdo UE-Mercosur, que servirá para compensar a ambos bloques en su búsqueda de contrapeso contra las políticas proteccionistas de Trump. A pesar de su vieja amistad con el presidente norteamericano, también Macri parece convencido de que su batería de reformas económicas y sociales encuentra oídos más receptivos en la UE que en Washington.

 

Jaime Rosemberg | @JaimeRosemberg
Periodista político. Diario La Nación de Buenos Aires. Cubrió la cumbre del G20 para este medio.