Nicaragua tras las elecciones nacionales

El comandante Ortega celebra su afirmación al poder en 2012 | Foto: Fundación Ong DE Nicaragua, vía Wikicommons

Por tercera vez consecutiva los nicaragüenses eligieron a Daniel Ortega como su presidente, en elección dudosa. Con su esposa Rosario Murillo como vicepresidenta a su lado, Nicaragua está pasando de una autocracia a una dinastía familiar, tal como existió por última vez bajo el dictador Anastasio Somoza, cuyo régimen fue barrido por la Revolución sandinista el 18 de julio de 1979.

No solamente las instituciones democráticas están bajo el control completo del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y del clan de los Ortega, sino también los órganos de seguridad, la justicia, casi todos los medios de comunicación y gran parte de la economía. Incluso la influyente Iglesia católica está dividida. Corrupción, clientelismo y la entrega o la exclusión de privilegios definen el sistema Ortega-Morillo y la vida cotidiana en Nicaragua.

El resultado de las elecciones del 6 de noviembre era previsible, ya que solamente se presentaron partidos marioneta o pequeñas agrupaciones junto al FSLN luego de que, por orden de la Corte Suprema, se retirara la personería jurídica a la alianza opositora Coalición Nacional por la Democracia. Según el Tribunal Electoral, el FSLN recibió el 72,5 % de los votos. Fue seguido por el Partido Liberal Constitucionalista (PLC, 15 %), el Partido Liberal Independiente (PLI, 4,5 %), la Alianza Liberal Nicaragüense (ALN, 4,3 %), el Partido Conservador (PC, 2,3 %) y la Alianza para la República (Apre, 1,4 %).

La oposición y los intelectuales independientes agrupados en el Grupo de los 27 no reconocen el resultado. Analistas políticos y comentadores califican la elección de gran farsa. Hace unas semanas, la oposición ilegalizada agrupada en el Frente Amplio Democrático llamó al boicot electoral bajo la consigna de «no hay nada que elegir». Según el presidente del Tribunal Electoral, la participación de 68,2 % muestra un aumento de 10 % respecto a las elecciones de 2011. Sin embargo, según observaciones propias en algunos circuitos, la oposición parte de que aproximadamente 70% de los nicaragüenses no votaron. Esta afirmación se basa en los cálculos del politólogo José Antonio Peraza, cuyas investigaciones dan cuenta de una abstinencia de más del 50%. El Tribunal Electoral no pudo explicar la caída de más de un millón de ciudadanos habilitados para votar entre 2011 (5 millones) y los 3,8 millones que reconoció para estas elecciones. También es dudoso que esa cifra haya contemplado a más de un millón de nicaragüenses residentes en el exterior, en particular a aquellos que no participaron en elecciones anteriores.

Elecciones manipuladas

La principal alianza opositora alrededor del Partido Liberal (PLI) es la Coalición Nacional por la Democracia, que en 2011 obtuvo 31 % de los votos y 30 representantes que le permitieron constituirse en la segunda fuerza política del país. Con esto el PLI se convirtió en un desafío concreto para Ortega y el FSLN.

Algunos días después de una sentencia del Tribunal Electoral por la cual, entre otras consecuencias, los 28 miembros opositores en la Asamblea Nacional perdieron sus mandatos, el presidente Ortega anunció el 4 de junio que no iba a permitir la presencia de observadores extranjeros independientes, a quienes adjudicó intenciones sucias. Las protestas de la comunidad internacional, como del Centro Carter y la OEA, fueron ignoradas.

Todo el aparato estatal, tanto los medios oficiales como los que están en poder del clan familiar, fue utilizado en favor de la campaña del FSLN con los candidatos Ortega y Morillo. Solamente 10 % de los habitantes, sobre un total de 6,2 millones, tienen conexión a Internet. Por esta razón, los medios sociales a través de teléfonos móviles adquieren un peso enorme. Estos son utilizados masivamente por los activistas del FSLN, que podrían ser equiparados a funcionarios estatales.

La conformación de las mesas, realizada en forma arbitraria, hizo que muchos ciudadanos desistieran de ir a votar. Ese fue el caso, por ejemplo, de la conocida poetisa exsandinista Gioconda Belli, quien comunicó antes de la elección, a través de Twitter, que por esta razón, por primera vez desde 1984, no iba a participar en la elección.

En un artículo de opinión en La Nación de Costa Rica el literato y exministro de Relaciones Exteriores Sergio Ramírez habló de «elecciones en extinción» en Nicaragua, debido a que no hubo campaña electoral y los resultados eran conocidos de antemano. Ramírez, escritor reconocido internacionalmente que hoy vive en el exilio en Costa Rica califico a estas elecciones de comedia. En los años ochenta, junto a los hermanos religiosos Ernesto y Fernando Cardenal, Ramírez dio una imagen civil a los nueve comandantes de la Revolución. Hoy se define como uno de los miles de ciudadanos nicaragüenses para quienes no hay nada que elegir.

Dependencias

Con la caída del régimen de Somoza el objetivo explícito del FSLN era convertir a Nicaragua en un país democrático e independiente. Sin embargo, estos objetivos fueron abandonados inmediatamente después de la revolución exitosa. Era notoria la dependencia de Cuba y especialmente de la Unión Soviética y sus estados satélites dentro del Pacto de Varsovia.

Los comandantes, bajo la dirección de Daniel Ortega, eran totalmente dependientes de sus nuevos amigos tanto en el armamento como en los artículos de uso diario, los servicios médicos, la propaganda o la seguridad del Estado. Al mismo tiempo, las propuestas de apoyo y cooperación serias provenientes de países democráticos, basadas en la simpatía y solidaridad hacia el movimiento de liberación y sus reivindicaciones democráticas de la revolución eran aceptadas solamente parcialmente o directamente no aceptadas por motivos político tácticos. Con el derrumbe de la Unión Soviética y la elección de Violeta Chamorro, esta fase terminó.

Después de su elección como presidente en 2007, Ortega retomó la relación de dependencia con Cuba, entonces debilitada por la desaparición de la Unión Soviética. Venezuela, en cambio, ofrecía con Chávez un socio rico en recursos. La concepción de una revolución bolivariana con sus ideas marxistas y socialistas y el objetivo de la construcción de un socialismo del siglo XXI como diseño alternativo a la democracia occidental coincidía en gran parte con las ideas de Ortega. Chávez apoyó entonces al gobierno sandinista con dinero, créditos y petróleo barato.

Con Rusia se continúa la cooperación militar de los años ochenta. En el marco de su viaje a Latinoamérica en ocasión de la cumbre del BRICS en Brasilia el 14 y 15 de julio de 2014, Putin, proveniente de Cuba, realizó una escala en Managua donde fue recibido por Ortega y su esposa, que se desempeñaba como jefa de gabinete de facto. En esa ocasión se firmaron acuerdos para la construcción de un campamento de entrenamiento en la lucha antidroga y de ayuda militar. Hace unas semanas Rusia entregó 50 tanques y algunos helicópteros a Nicaragua. Putin es reunió también con el hijo de Ortega y Morillo, Laureano Ortega, en su calidad de director de la Agencia de Promoción de Inversiones Pro Nicaragua. A Putin le interesa particularmente en la participación de Rusia en el megaproyecto de inversión de un segundo canal entre al Atlántico y el Pacífico en Nicaragua. El empresario chino Wang Jung y su firma HKND tienen la intención de hacerse cargo de este proyecto interoceánico y quedarse con los derechos de concesión por cincuenta años con opción a otros cincuenta. Lo que es seguro es que China aseguró con esto su influencia política y económica en la Nicaragua de Ortega y Morillo. Es evidente la conexión entre el poder político y el económico del clan Ortega y Morillo.

Dr. Werner Böhler
Representante en la oficina de la FKA en Costa Rica y Panamá

Traducción de Manfred Steffen, de la Fundación Konrad Adenauer, oficina Montevideo