Desafío a la paz

La guerrilla del ELN amenaza la paz en Colombia.

Disfraz típico del carnaval de Barranquilla | Foto: Wikicommons

Disfraz típico del carnaval de Barranquilla | Foto: Wikicommons

Es más fácil hacer la guerra que la paz. Eso pareció comprobarse el sábado 27 de enero en Barranquilla, cuando en una macabra jornada, que recordó las horas oscuras que Colombia ha estado tratando de dejar atrás, estalló una bomba en una de las estaciones de policía de la ciudad. El resultado: 5 muertos y 41 heridos, en un ataque que ensombrece la idea de avanzar en la concreción del proceso de paz con la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), además de los preparativos del popular carnaval que se celebra cada año en ese lugar del Caribe.

Aunque inicialmente se creyó en una retaliación de grupos de narcotraficantes por ciertos avances que se han hecho en su contra, posteriormente la tesis de que la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN) estuvo detrás del acto terrorista tomó fuerza, y con ello la desazón, la polarización y la necesidad de reflexión. Veamos algunos aspectos.

Colombia concretó su proceso de paz con las FARC pero esto no significa que el posconflicto haya iniciado por completo. Por ello es mejor hablar aún de posacuerdo y recordar que la concreción de la paz en todo el territorio nacional, en términos ideales, será una tarea que insumirá al menos tres décadas.

El país está en plena campaña presidencial para elegir al sucesor de Juan Manuel Santos, el líder que contra muchísimos pronósticos logró concretar el acuerdo con las FARC y quien obtuvo el premio Nobel de la Paz entre otros reconocimientos, pero esto no implica que bajo su mandato se hayan eliminado las desigualdades sociales, la existencia de grupos posparamilitares, de narcotraficantes y enemigos de la convivencia pacífica y los derechos humanos.

Las elecciones son el escenario ideal para que la polarización se extienda, cuando los candidatos intentan seducir a su electorado y marcar diferencias con sus rivales. Está claro que la contienda presidencial se definirá en buena medida entre un sector de derecha que se define como contrario al proceso de paz (liderado por el expresidente Álvaro Uribe) en posible alianza con el exvicepresidente Germán Vargas Lleras, uno de centroizquierda con candidatos como el negociador de paz Humberto de la Calle (Partido Liberal) y su ahora socia la exministra Clara López, sumados a la novedosa coalición de la exsenadora Claudia López, Jorge Robledo (Polo Democrático) y el exgobernador de Antioquia Sergio Fajardo. Y más allá otros nombres, como el izquierdista y exalcalde de Bogotá, Gustavo Petro y, claro está, Rodrigo Timochenko Londoño en nombre de las FARC, por el ahora partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común.

El ELN, la segunda guerrilla más antigua de Colombia y quizás la más terca, al menos aceptó una tregua en los meses pasados mientras se explora una agenda de negociación en Ecuador. La bomba de Barranquilla, como sucede en todos los eventuales procesos de paz, es una lánguida demostración de fuerza de una guerrilla sin la cual la paz en Colombia estaría incompleta, pero con la que es mucho más difícil negociar que con las FARC debido a su estructura descentralizada, sus vínculos con las mafias y su fanatismo. El ELN no va a terminar de sentarse a negociar mientras no se sepa quién va a ser el próximo presidente. Al menos el grueso de exmiembros de las FARC se mantienen firmes en su posición de seguir avanzando en la paz, mientras Timochenko ha advertido: «Aprendimos de los errores y aciertos del castrochavismo».

Por estas razones debemos recordar que la paz es compleja, y que el paso de una mera paz negativa a una paz positiva, como lo han señalado estudiosos de la resolución de conflictos como Johan Galtung, requiere trabajo continuo y tesón. Ante la terquedad del ELN, por ahora es un alivio saber que la clase política y la sociedad colombiana en su conjunto rechazaron el ataque. ¿Será el último?

 

José Alejandro Cepeda | @sinclair_simon_
Periodista y politólogo