Diez ideas para una relación razonable con el presidente Trump

Medio año después de su asunción Donald Trump sigue siendo presidente de los Estados Unidos de América. La histeria sin precedentes de los últimos meses no cambió esto. Trump se mantuvo fiel a su estilo personal y conserva la popularidad entre sus seguidores. El mundo no sucumbió.

Foto: Mauro Bottaro, © Unión Europea 2017

Foto: Mauro Bottaro, © Unión Europea 2017

A pesar de las irritaciones que ha provocado en su país y en el exterior, solo unos pocos efectos concretos se derivan de la presidencia de Trump. Contrariamente a muchas profecías de sus opositores, es probable que permanezca en su cargo. Para asegurar una relación política razonable con los Estados Unidos de América, aquí se formulan diez recomendaciones a los hacedores de la política en Europa.

1. Conservar la calma y la confianza

Trump vende, y este fue uno de los factores de éxito en su campaña. Su estilo le aseguró cobertura mediática gratuita por valor de miles de millones de dólares y esto persiste durante su presidencia: los titulares y artículos sobre Trump se venden muy bien. La constante reproducción de un presidente no calificado y grosero tiene su contracara en el odio contra el establishment y la simplificación populista. Las redacciones de ambos lados no tienen incentivos para una diferenciación. Esta no aplica en los Estados Unidos.

La lógica económica de la cobertura sobre Trump es fácilmente comprensible. La evaluación política no debería guiarse por estos factores. Esto vale ante todo para la cobertura parcializada en Alemania, que predominantemente se basa en opiniones de medios de comunicación liberales de izquierda que toman literalmente las declaraciones de la oposición en los Estados Unidos. Es como si se evaluaran las políticas de la canciller Angela Merkel exclusivamente desde la perspectiva del comentarista de un partido de oposición.

Para la relación política con los Estados Unidos es determinante no focalizar en las provocaciones de Trump y la histeria de los medios, sino concentrarse en asuntos concretos. Se deberían ignorar tanto los tuits de Trump como las constantes exageraciones que predicen el fin del mundo o el hundimiento de Occidente.

Conservar la calma es fundamental, ya que la táctica de negociación de Trump consiste en llevar a la otra parte a posiciones extremas y realizar demandas de máxima para después sacar ventaja de esto. La histeria ayuda a Trump.

2. Aceptar a Donald Trump como presidente de los Estados Unidos

Donald Trump fue elegido presidente en una elección justa y democrática. Es el legítimo presidente de los Estados Unidos. A pesar de las persistentes discusiones e investigaciones sobre posibles influencias rusas es muy improbable que tenga lugar un impeachment. Donald Trump no va a renunciar por voluntad propia.

Trump no es el presidente de Alemania o de Europa. Si conserva su cargo, es reelegido o debe cambiar la dirección de su presidencia depende exclusivamente de los ciudadanos americanos. En los últimos meses la Constitución y el sistema político americano demostraron su robustez. En los Estados Unidos están garantizadas la independencia de los poderes y de la justicia, así como la independencia y libertad de los medios de comunicación. No se constatan limitaciones a la democracia bajo Trump. La sociedad civil es muy activa.

Por lo tanto, tiene poco sentido denostar constantemente a Trump e incluso dar consejos a la democracia americana sobre la destitución del presidente. Es mucho mejor tener una relación razonable con Trump como parte de la realidad política.

3. Vivir con la personalidad de Trump

En todo el mundo mucha gente se siente bien comentando «lo tonto que fue hoy Trump nuevamente». Su personalidad se presta para hacerle burlas y realizar comentarios despectivos. Sin embargo, los continuos comentarios cobre su estilo personal y sus tuits no constituyen una estrategia política.

Donald Trump también fue elegido presidente por su personalidad. Justamente su estilo no ortodoxo es admirado por muchos de sus seguidores. Tiene más de 70 años y es una figura pública permanentemente hace 35 años. Su estilo personal no va a cambiar.

Muchos ciudadanos americanos encontraron formas de convivir con su personalidad. En círculos republicanos se oye frecuentemente: «No me gusta el 70 % de los que dice pero me gusta el 70 % de lo que hace». Se puede aprender de esta postura.

4. Resistir la tentación del populismo anti-Trump y del antiamericanismo

Donald Trump no se la hace fácil a los socios de los Estados Unidos. Muchas de sus posiciones cuestionables lo convierten en un blanco fácil. Por posiciones anti-Trump muchos políticos europeos cosechan aplausos en sus países. Esto devino en la emergencia de un populismo anti-Trump especialmente notable en las campañas electorales en Europa. Trump se convierte en el catalizador de un antiamericanismo latente. Para la cooperación estratégica entre los Estados Unidos y Europa esto es peligroso. No es de interés de Alemania ni de la UE promover una brecha en las relaciones transatlánticas.

Parte del populismo anti-Trump en Alemania consiste en mencionarlo en la misma frase con Putin y Erdogan. A pesar de lo difícil que es para los europeos como presidente de los Estados Unidos, Trump no es un gobernante autocrático. La equiparación del presidente de los Estados Unidos con dictadores es percibida como insultante por oponentes de Trump. Los Estados Unidos son también con el presidente Trump una democracia viva con separación de poderes y una oposición activa, libertad de prensa y una sociedad civil abierta. La Rusia de Putin y la Turquía de Erdogan no lo son. Esta equiparación relativiza los regímenes antioccidentales y antidemocráticos en Rusia y Turquía y daña la comunidad de valores de Occidente.

5. Utilizar el sistema político de los Estados Unidos

El sistema político de los Estados Unidos no está constituido solamente por el presidente. Desde que asumió el mando quedó claro, para él mismo y para todos los observadores, que no puede gobernar según su exclusiva voluntad. En todas las cuestiones importantes el presidente necesita el apoyo de la Cámara de Representantes y del Senado. De esto devienen importantes puntos de referencia para el diálogo con la UE y sus miembros. En los últimos meses quedó claro que Trump debe adaptar sus posiciones relacionadas con la política respecto a Rusia, la salud, los impuestos y muchas otras cuestiones para lograr acuerdos con los diputados y senadores republicanos y el Congreso en su conjunto.

El estrecho diálogo con diputados y senadores y sus colaboradores brinda además la posibilidad de entender en qué asuntos Trump goza de apoyo en la sociedad americana y entre los republicanos, y en qué asuntos está realmente solo. Algunas de sus posiciones están firmemente arraigadas en por lo menos algunos sectores de la sociedad americana. Sería un error atribuirlas exclusivamente a su persona.

El federalismo está muy desarrollado en los Estados Unidos. Muchos americanos no se sienten demasiado afectados por Trump, ya que las decisiones significativas para su vida son tomadas en las comunas y en los estados federados. Los tomadores de decisión europeos han sido poco cuidadosos en a la hora de atender el diálogo con actores americanos fuera de Washington D. C., Nueva York y el Silicon Valley. Para las relaciones transatlánticas durante el gobierno de Trump podría ser útil a los políticos y actores de la economía de los Estados miembros de la UE intensificar el diálogo con las regiones, los gobernadores y los alcaldes de los Estados Unidos.

6. Ir al encuentro de los Estados Unidos en asuntos legítimos

Muchos de los asuntos a los que Trump refiere no son ni nuevos ni faltos de justificación. La demanda de más aportes europeos para su propia defensa es un claro ejemplo de ello. Sobre este tema diferentes gobiernos norteamericanos lo han advertido desde hace décadas. El estilo drástico de Trump en este asunto seguramente es inaceptable. Pero esto no cambia que la exigencia es justificada y que goza de apoyo, más allá de las fronteras partidarias, en vastos sectores de la sociedad americana.

Durante la administración Obama los Estados miembros de la OTAN se autoimpusieron aumentos en sus aportes para la defensa. Pero desde la anexión de Crimea es innegable que la intervención rusa en el este de Ucrania, la guerra en Siria, el desarrollo de los refugiados, la guerra cibernética y la amenaza terrorista cambiaron significativamente la situación de la seguridad en Europa. Sería un error político vincular la demanda de los aportes europeos para la defensa únicamente con la persona de Trump. Seguramente se fortalecerían las argumentaciones de los socios europeos en la cooperación transatlántica si en este asunto fueran al encuentro de los Estados Unidos. En este sentido, la cumbre de la OTAN en Bruselas fue una oportunidad perdida por ambas partes.

7. Desarrollar contraargumentos claros en áreas de desacuerdo

Algunas posiciones de Trump están en franca contradicción con principios políticos de la UE. El área de la política comercial es un ejemplo. Las tácticas de negociación de Trump mediante posiciones extremas y maximalistas irritan además a muchos socios en la UE, acostumbrados durante décadas a negociaciones calladas sin tomas de posición públicas y una constante búsqueda de acuerdos.

Como autodenominado dealmaker, Donald Trump no tiene problemas con las opiniones fuertemente divergentes. Ese es el estilo que entiende. Para la UE, el camino hacia los acuerdos con Trump y su gobierno en temas conflictivos pasa por la construcción y la comunicación de contraargumentaciones claras.

8. Presentarse unidos como Unión Europea

El presidente Trump y su círculo inmediato declararon repetidamente que para los Estados Unidos es mejor no negociar más con la UE sino con cada Estado miembro en forma individual. Detrás de esto está la idea que, de esta forma, los Estados Unidos son la parte fuerte en todas las negociaciones, lo que le permitiría imponer sus posiciones. El éxito de esta estrategia no depende de la administración Trump, sino de los Estados miembros de la UE. Si se mantienen unidos en caso de conflicto, la lógica de Trump no podrá imponerse.

Para alcanzar la unidad entre los miembros de la UE se necesita que estos informen constantemente de sus contactos con la administración Trump y que coordinen posiciones antes de los encuentros importantes. Sería útil que los representantes de los miembros de la UE viajen conjuntamente a Washington D. C. para la discusión de ciertos temas.

9. Mantenerse fieles a los valores propios

Una de las acciones de la política exterior de Trump más irritantes es la no diferenciación entre viejos y nuevos socios de los Estados Unidos. El ensayo programático redactado por el asesor de seguridad McMaster y el asesor económico Cohn publicado por el Wall Street Journal a fines de mayo lo ilustró en forma prominente. Parece que la administración de los Estados Unidos se esfuerza en renunciar a las cooperaciones basadas en valores a cambio de otras basadas puramente en políticas transaccionales.

No se debería, sin embargo, responder a esto con el mismo error. Para la UE siguen rigiendo los valores occidentales. Contrariamente a Trump, esto es compartido por muchos de los representantes y senadores republicanos. En la UE y sus países miembros no se debería concluir, a partir de la posición de Trump, que ahora China o Rusia son nuestros nuevos socios en lugar de los Estados Unidos, cuya retórica finalmente está dirigida a evitar la cohesión y fortaleza de Occidente.

La asociación especial de la comunidad de las democracias en el mundo occidental mantiene su importancia, independientemente de quien gobierne. Esto vale especialmente si se tiene en cuenta la creciente agresividad de regímenes autoritarios en varios lugares del mundo.

10. Buscar llegar a la opinión pública en los Estados Unidos

Los recientes desarrollos en las áreas de las políticas de seguridad y de defensa, las políticas respecto a los migrantes y de desarrollo tanto en la UE como en sus Estados miembros son bastante desconocidas en los Estados Unidos. Para muchos jóvenes americanos y ciudadanos no pertenecientes a las élites, las relaciones estrechas con Europa y el significado de las relaciones transatlánticas no son obvias. Por supuesto que esto constituye un constante desafío para socios (de cualquier cooperación) pero justo en una situación tensa como la actual es evidente la necesidad de dar un nuevo impulso al diálogo y al intercambio personal entre la UE y los Estados Unidos. Esto incluye también que la UE se presente en forma más confidente en los Estados federados con su agenda política, que refuerce su presencia en los medios fuera de Washington y que se involucre en forma más clara en los debates actuales en los Estados Unidos. La alianza transatlántica requiere ahora de más compromiso.

La unidad europea y una alianza transatlántica estable basada en valores e intereses comunes son la garantía de la libertad, la paz y la prosperidad desde el fin de la segunda guerra mundial. Esto no cambió con la elección de Trump. A Europa le interesa alcanzar también con Donald Trump políticas comunes con los Estados Unidos. Realmente tampoco fue sencilla en el pasado la relación entre los Estados Unidos y la Unión Europea.

 

Nico Lange
Director de la oficina de la Fundación Konrad Adenauer en Washington, DC, EUA

Traducción de Manfred Steffen, coordinador de programas de la Fundación Konrad Adenauer, oficina Montevideo

Versiones originales en inglés y alemán en la página web de la Fundación Konrad Adenauer, oficina Washington, DC