Una vez más la democracia de la República Federal de Alemania ha sido puesta a prueba y nuevamente sale airosa y fortalecida. Los ciudadanos se expresaron y ahora el sistema político debe articular esa decisión. Luego de las elecciones celebradas este domingo 24 de setiembre aparecen diversos retos para el sistema político: formar coaliciones de gobierno, interactuar con nuevos actores que ingresan al Parlamento y mantener la estabilidad que ha hecho de Alemania una de las principales potencias mundiales.

Reichstag (sede del Parlamento), en Berlín

Edificio del Reichstag, sede del Parlamento, en Berlín

Es muy positivo que todos los partidos democráticos participantes hayan expresado su respaldo a la democracia y al sistema político. Sin embargo, siempre hay que insistir en la importancia de defender los valores institucionales, sobre todo en una sociedad global cada vez más difícil y minada de temas, coyunturas y problemas complejos, donde no dejan de aparecer experimentos populistas que afectan la calidad de las democracias y buscan llevar a los pueblos por un despeñadero.

En la actualidad se impone el diálogo entre todos los sectores políticos y la persistente búsqueda de consensos para sacar adelante proyectos que traduzcan la aspiración mayoritaria de construir un mundo mejor, en paz y bienestar. No es tarea sencilla. Hoy, cuando la guerra, la pobreza y la protección del medioambiente siguen siendo tareas pendientes de la humanidad, hace falta mayor integración y mayor cooperación. En un planeta totalmente conectado por la tecnología, aislarse no puede ser una opción. Todo lo contrario: solo en la unión está la solución.

La reelección de la canciller Angela Merkel y la holgada votación que favoreció a la CDU/CSU evidencia el respaldo y la confianza de los ciudadanos hacia una gestión que ha acumulado logros importantes en tiempos difíciles. Merkel se ha convertido en la mujer con más tiempo al frente de un gobierno occidental. Los alemanes han decidido acompañarla para que continúe en la primera magistratura con su característica moderación, firmeza y perseverancia.

El reto de toda democracia es poder transformar la voluntad de los ciudadanos en un proyecto común que involucre los intereses de toda la nación y genere desarrollo y progreso. Alemania lo ha logrado y por eso es una de las democracias más sólidas y robustas del mundo. Todavía queda mucho por hacer, es verdad, pero los éxitos de su sistema institucional son evidentes. El país sigue avanzando gracias a su gente, su democracia y su libertad.

 

Redacción de Diálogo Político