La introducción de los aviones pilotados remotamente ha generado nuevas dinámicas en beneficio de sectores fundamentales como el agrícola, el forestal y el energético. Hoy la Asociación Uruguaya de Drones trabaja por un proyecto de ley para que el uso de estos equipos sea más seguro y responsable. ¿Llegaron para quedarse?

Drone de uso libre en el agro

La implementación tecnológica del uso de drones en Uruguay comenzó entre el año 2003 y 2004 en el área agrícola y de forestación. Por otro lado, de acuerdo con el presidente de la Asociación Uruguaya de Drones (AUD) Miguel Remuñán, a partir de los años 2012 y 2013 se volvió común ver drones más pequeños utilizados normalmente para trabajos audiovisuales.

Los drones tienen infinidad de usos en distintas áreas, no solo en la audiovisual. También se utilizan para trabajar en el sector industrial o agropecuario, sin olvidar a quienes vuelan drones por simple afición.

En el plano industrial, estos equipos se usan hoy en día para trabajar en lo que se conoce como scouting o análisis industrial: analizan las líneas de alta tensión que salen de las represas y transportan la electricidad. Con una cámara termográfica [1] en un avión pilotado remotamente (RPA, por sus siglas en inglés), a 100 metros de distancia y con el lente correcto, se puede controlar tanto la temperatura, por si existen fugas de calor en determinado aislador de la línea, como también detectar fugas de electromagnetismo. Además, se puede controlar el comportamiento de las torres para evitar que los trabajadores corran peligro.

Otro de los usos de esta tecnología a nivel industrial es el monitoreo de paneles solares. Remuñán explicó que a 100 metros de altura el equipo captura fotos de los paneles con la cámara termográfica y así se puede detectar qué celda está fallando en cada panel, debido a que esta levanta más temperatura que el resto de las celdas. Al saber qué celdas fallan, el personal cambia el panel entero, por lo que el funcionamiento alcanza una mejor calidad en la generación de energía.

Pero… ¿sólo para trabajar? ¿Qué pasa con el uso particular?

Según la AUD la gran mayoría de los drones en Uruguay se utilizan con fines recreativos y, «por cada uno que trabaja, hay cinco personas que los vuelan por hobby», dice Remuñán. En el área agrícola «hay, en promedio, un 35 % más de rendimiento por cosecha cuando se utilizan drones para agricultura de precisión y se hace un seguimiento y un histórico de lo que ha sido la plantación».

Con cámaras multiespectrales, infrarrojas y termográficas se puede medir el índice verde de las plantas. Este indicador muestra la refracción de luz infrarroja que provoca la clorofila de las plantas. Remuñán explicó que «el espectro que más refleja la clorofila en las plantas es el infrarrojo cercano, que el humano no llega a ver. […] si hay problemas de hongos, de lagartas o cualquier otro bicho que ataca a las plantas, se puede anticipar mucho antes a través del espectro infrarrojo del drone».

¿Y la reglamentación? ¿Hay normas?

Para volar este tipo de aeronave existe un reglamentación que debe cumplirse. La AUD señala que, a la hora de utilizar esta tecnología, ya sea por entretenimiento o por trabajo, lo más importante es el respeto a los demás: «el drone es una herramienta, se puede usar como uno quiera pero se debe tener en cuenta el cómo usar la información obtenida con ella».

Al ser un instrumento para capturar fotografías se debe considerar que usar ese material para beneficio personal sin consentimiento de la otra parte es considerado delito y está penado por la Ley de Protección de Datos Personales (ley 18331).

Remuñán detalló que la AUD transmite a sus socios tres aspectos básicos a tener en cuenta antes de volar un drone. En primer lugar, la seguridad ajena, sobre todo si se vuela sobre zonas urbanas o una aglomeración de personas, porque puede ser peligroso y se debe tener cuidado de no lastimar a nadie. En segundo lugar, la seguridad del operador y sus acompañantes. Y en tercer lugar, la seguridad del equipo.

La Dirección Nacional de Aviación Civil e Infraestructura Aeronáutica (Dinacia) emitió una resolución en 2014 para regular el uso de esta tecnología y elaboró un reglamento para los usuarios de los RPA. Desde entonces, la AUD ha estado trabajando para que en el año 2018 esta reglamentación tome carácter de ley nacional.

El reglamento establece que los usuarios se encuentran en dos grandes categorías: por un lado, los usuarios de drones para recreación o deporte y, por otro, las empresas que trabajan y persiguen alguna clase de lucro.

Los aficionados que tienen un drone, siempre y cuando sea un equipo pequeño, no necesitan ningún permiso, carnet de piloto o póliza de seguro por la operación de los equipos de su propiedad, pero tienen prohibido volar por encima de los 120 metros, volar durante la noche, sobre multitudes, o sobre áreas pobladas y concentraciones urbanas. En el caso de las empresas, deben registrar los equipos y también la empresa ante la ADU y la Dinacia. Además es obligatorio tener un seguro contra terceros y un carné de piloto. Si se cumplen estos requisitos, se puede volar donde sea. De todas formas, se tendrá que pedir permiso a Dinacia en caso de tener que volar por encima de los 120 metros.

En Uruguay, la utilización de drones vino para quedarse. El uso de forma responsable y segura de estos equipos para particulares y empresas añade a la economía un componente tecnológico atractivo que está generando resultados positivos.

 

[1] Variedad de cámara infrarroja.

 

Lucía Verdier | @Lu_v89
Uruguaya. Estudiante del Instituto Profesional de Enseñanza Periodística (IPEP)